¿No decían que ya no había acciones obreras? Pues ahí está uno de los mejores ejemplos de nuestra reciente historia. Dos meses de huelga, un campamento espectacular de cuyo inicio se cumplen hoy 50 días- en plena Castellana, el encierro de mujeres en la catedral, decenas de manifestaciones con miles de trabajadores participando y una solidaridad en aumento que tiene como motor la realización de múltiples pequeñas acciones diarias en las que participan cientos de trabajadores de SINTEL (reparto de propaganda, intervención en actos, concentraciones, etc.). Una parte importante de esas acciones, lo han sido en solidaridad con otros trabajadores (manifestación de funcionarios, huelga general de la construcción, contra la Ley de Extranjería) o en defensa de los derechos cívicos, contra el Delegado del Gobierno. No quiero ponerme cursi, pero si valiera la metáfora de la vanguardia, SINTEL estaría cerca de lo que querían decir los clásicos.
La crisis de SINTEL es un buen ejemplo de la imbricación de la globalización y la desarticulación del tejido productivo, de la nueva economía y los métodos fiscalmente opacos. SINTEL había sido durante muchos años un bastión sindical; puede ser que esa característica fuera una de las razones de su privatización, en 1996. Hasta entonces, había venido siendo una filial de Telefónica, que, con 5.000 trabajadores, se dedicaba al montaje de sistemas de telefonía, con una buena reputación y una cuota de mercado muy alta.
En los últimos días del Gobierno PSOE, en la primavera de 1996, Telefónica, aún empresa pública, vendió SINTEL a la familia Mas Canosa, que por aquel entonces había participado en la campaña de Aznar. La conexión con el sector mafioso del exilio de Miami es presentada como una vía de mayor penetración en Latinoamérica. La empresa se vende en 4.500 millones y su patrimonio inmobiliario en 1.500 (según los trabajadores, su valor real puede ser hasta 10 veces el de venta).
A partir de ahí, se producen tres procesos que conducen a la crisis actual: La familia Mas Canosa no paga el precio pactado y Telefónica no lo reclama, manteniendo por el contrario una deuda de trabajo no pagado con SINTEL por valor de 6.000 millones de ptas. Por otro lado, el gobierno del PP privatiza Telefónica, en medio de un proceso de liberalización de la telefonía, que cae sobre SINTEL en el momento más delicado. A la vez, la familia Mas Canosa (muerto el padrone), deshace SINTEL a través de múltiples operaciones en diversos paraísos fiscales. El resultado es que la empresa se va a pique, pero sobre todo (y lo que marca lo difícil de la solución) se queda sin empresario.
El balance político es, hasta ahora, parco, aunque nada despreciable. El PP tiene una (pequeña) vía de agua: les hace daño en Madrid, por lo que por primera vez ha habido un pronunciamiento del gobierno Gallardón instando a Aznar a resolver la crisis. En la Comunidad Valenciana se ha movido algo el gobierno para facilitar créditos a los trabajadores (llevan 7 meses sin cobrar), igual que en Madrid. La Iglesia católica, por boca de Rouco, se ofrece de mediadora y respeta el encierro de las mujeres. El PSOE ha ido reciclando posiciones, básicamente en Madrid, pero está pringado en el inicio de la crisis y sobre ello no ha abierto la boca Zapatero. IC y BNG han tomado posición activa en sus respectivas comunidades, pero el PP y CIU han laminado sus propuestas.
En el plano estatal, IU es la única fuerza política que mantiene una posición política coherente, desde el Congreso y el Senado a los Ayuntamientos; en Madrid, las iniciativas están siendo constantes, no sólo en las instituciones y en las manifestaciones, sino también desde las bases, en multitud de iniciativas de apoyo.
El balance sindical es algo más complejo de hacer. CC.OO. que es la fuerza mayoritaria, mantiene un apoyo permanente, junto con UGT y CIG, a la lucha. En varias acciones, se han desplazado sindicalistas de otras Comunidades y, en Madrid, ha ido creándose un espacio solidario real, pero que alcanza fundamentalmente a los sectores más orgánicos de CC.OO. (direcciones y delegados sindicales), con escasa repercusión en los centros de trabajo.
Durante estos dos meses, los acampados de
SINTEL están formando parte del paisaje madrileño, son una
especie que se creía extinguida en medio de un ecosistema hostil,
que están contribuyendo a cambiar: están percutiendo sobre
las conciencias, recuperando lo mejor de nosotros mismos, de su historia
y de la historia del movimiento obrero. Todas las posibilidades están
ahora abiertas. El escenario más negativo es el que puede estar
acariciando el gobierno Aznar: dar un escarmiento por anticipado a los
trabajadores que empiezan a movilizarse después de un lustro de
inacción. El más positivo, que se amplíe y se profundice
el campo de la solidaridad, que tome formas más activas y que percutan
sobre otros sectores empresariales, políticos y sociales, abriendo
un espacio a la solución de la crisis, en la que el gobierno puede
intervenir fácilmente a través de su acción de
oro en Telefónica. Impedir uno y posibilitar otro pende ahora
de un hilo, de las decisiones que puedan tomar en los próximos días
las fuerzas sindicales y políticas. Con toda la modestia del mundo,
ahí debemos estar, porque es posible que nos estemos jugando bastante
más que un conflicto puntual de unos trabajadores, aunque sean de
esos que se hacen tan necesarios en momentos como éstos.
Julio Setién