El próximo 9 de junio tendrá lugar en el Ateneo de Madrid, de 12 a 18 horas una jornada de debate sobre estas cuestiones, en memoria de Lucía González quien, durante más de treinta años, militó activamente en los dos movimientos y dejó su impronta en ellos.
La segunda ola del feminismo se inicia, como es bien sabido, en la década de los 60, vinculada al movimiento estudiantil de la época. En un primer momento, se trata sobre todo de reacciones individuales ante una situación de desigualdad flagrante, incluso en el seno de los grupos más "progresistas" de entonces. En ese crisol se fundió un grupo particular de feministas, que intentaron por todos los medios llevar lo privado a la arena política. Esta consigna afectaba tanto a la actividad política como a la vida privada, y por ello para las feministas que nos formamos entonces, el feminismo fue a la vez un desafío político y una ética personal. Eligieran el feminismo radical (de mujeres y solo para mujeres) o la doble militancia (en un partido parlamentario o extraparlamentario, como se decía entonces, y a la vez en grupos feministas) su éxito fue importante, porque provocó que las Naciones Unidas convocaran, en 1975, la primera Conferencia Mundial sobre la situación de las mujeres.
En el Estado español, donde aún pervivía el régimen de Franco, la contraconferencia del movimiento feminista en ciernes, que tuvo lugar en Madrid en diciembre de 1975, recién muerto el dictador, constituyó un hito importante. Estaban allí representantes del feminismo radical, que propugnaban la creación de un partido feminista y mujeres del partido comunista y de otros partidos de izquierda, que habían iniciado su andadura política pocos años antes, trabajando en las asociaciones de mujeres permitidas por la dictadura, de vecinos, estudiantes y amas de casa. Para la ocasión, o partir de ella, se constituyeron diversos "movimientos de mujeres", en su mayor parte vinculados a partidos políticos concretos. Y también el Frente de Liberación de la Mujer, formado por mujeres independientes o adscritas a partidos de izquierda y en el que actuamos mujeres de la IV Internacional.
En la lucha por los derechos democráticos de las mujeres, desde la despenalización del adulterio a la del aborto, el FLM y las posiciones de la Liga Comunista Revolucionaria, en los que participaba activamente Lucía González, tuvieron un papel central. Más allá de pertenencias a partidos y sindicatos, el movimiento feminista de la segunda mitad de los setenta funcionó unido por la urgencia de las tareas inmediatas, pero también por una filosofía anticapitalista muy clara. En mayo de 1977, justo antes de las primeras elecciones democráticas, tuvo lugar en París un Congreso Internacional de Mujeres, convocado por la IV Internacional, al que acudimos buena parte de las feministas socialistas entonces activas en Europa y Estados Unidos, pero también compañeras de África y América Latina.
La actividad en el Estado español se abrió a todas las influencias: se crearon centros de planificación familiar como en Italia, escuelas infantiles orientadas a la coeducación como en Francia o Alemania, se discutió sobre el trabajo doméstico como en Inglaterra, sobre lesbianismo y homosexualidad como en Holanda... Se hace difícil entender los cambios en la vida cotidiana de los españoles sin tener en cuenta la influencia del feminismo en aquellos años.
A partir de 1982, el movimiento feminista sigue los avatares del resto de los movimientos de la izquierda alternativa. La campaña anti OTAN fue una gran oportunidad perdida para consolidar un movimiento feminista antibélico al estilo inglés, aunque grupos feministas estuvieron presentes en el movimiento de objeción de conciencia y siguen apoyando causas antibelicistas: de hecho, la única acción directa sonada por la objeción fiscal durante la intervención de la OTAN en Yugoslavia la protagonizaron mujeres. No se ha desarrollado un ecofeminismo potente porque los debates ecologistas están muy a ras de tierra, aunque hay ecofeministas. Las feministas cuarentonas participan poco en las ONG de desarrollo, aunque el 70% del voluntariado de las ONG lo constituyen mujeres. Lucía González trabajó como feminista en movimientos de mujeres por la paz y, como feminista, apoyó en todo momento la Marcha Mundial de Mujeres 2000 contra la Violencia y la Pobreza. Uno de sus últimos artículos en Corriente Alterna fue precisamente sobre la Marcha.
Las Jornadas Feministas que tuvieron lugar en Córdoba en diciembre
de 2.000 han mostrado que el movimiento sigue en pie y, sembrado como está
de debates y nuevas incorporaciones, continua cuestionando las bases de
un orden social violento, destructivo e injusto, especialmente para las
mujeres.