"José Mª Aznar es un hombre de palabra, aunque a mí me gustaría que, al menos una vez, en el 2004, la rompiese". Esta presentación del presidente del Gobierno que el excomunista Fernando Sánchez Dragó realizó en su programa semanal, refleja claramente lo que es la TV pública desde que el PP accedió al gobierno.
No hace falta hacer un repaso de las teoría acerca de la necesidad de continua legitimación que tiene el poder ni explicar que las políticas de propaganda son casi tan antiguas como el mismo poder. Sin embargo, la peculiaridad que presenta este gobierno es que ha conseguido dar pasos hacia atrás en el campo de la pluralidad informativa. Es decir, si hace unos años se podía intuir la tendencia política de cualquiera a través de su elección de periódico o de emisora de TV, hoy eso constituye una difícil misión. Bien es cierto que la progresiva concentración de los medios de comunicación nacionales en manos de los mismos grupos empresariales ha influido poderosamente en esta situación, (de hecho la mayoría de las líneas editoriales tienen más que ver con evidentes intereses económicos que con tendencias de carácter ideológico), pero no lo es menos que uno de los mayores éxitos de PP es la facilidad que ha demostrado para manejar la agenda política a su antojo.
Desde 1996, la realidad ofrecida por los medios ha sido la que ha administrado el PP, salvo en contadas e insignificantes ocasiones. Así, las campañas electorales se han visto condicionadas por las expectativas del PP y hemos pasado de la crispación y el debate político continuo de las del 93 y 96 a aquella balsa de aceite en la que transcurrieron las del 2000. España iba tan bien que a nadie le podía parecer que las elecciones fuesen a cambiar nada. Se puede argumentar que cada vez tienen menos importancia las citas electorales porque nos hemos acostumbrado a ellas. Puede ser. Sin embargo, hemos tenido que sufrir 6 meses de campaña electoral en el País Vasco con el único objetivo de generar la sensación de relevo en el gobierno de Euskadi. Sólo así se entiende que por primera vez en unas elecciones autonómicas, TVE anunciase sin descanso en todo el Estado la posibilidad del voto por correo. ¡Todo sea por llevar al Ministro del Interior a la Lehendakaria!
Es lógico que los resultados de las elecciones en el País Vasco hayan supuesto una auténtica sorpresa para toda la ciudadanía incluida la que no nos encontramos en la cruzada constitucionalista. La presión mediática ha sido de tal magnitud que nos hicieron creer que estaba pasando algo que realmente no estaba pasando: daba igual la emisora que vieses o escuchases, daba igual el periódico que leyeses, la unanimidad perfilaba la realidad. Carlos Dávila en su programa ha entrevistado semanalmente y sin descanso a cualquiera que tuviera algo que decir contra el gobierno del PNV (desde Mayor Oreja a la última de las víctimas del terror de ETA) y en Madrid, se destituyó fulminantemente al Director de RTVM cuando se emitió un programa sobre el País Vasco que no respondía a la realidad.
Afortunadamente, el pueblo ha demostrado más fortaleza de la que se le suponía. Pero el comportamiento irreal del electorado vasco tiene explicación por parte de los personajes que viven de las recompensas que dejaron años de servicio a la causa Aznar a la Moncloa. Los Dragó, Carlos Dávila, Isabel San Sebastián, etc., junto a los convencidos Pedro J. o Ansón, apuntan en la misma línea: es tan enorme la red de cargos institucionales y subvenciones que el Gobierno del PNV ha tejido que es imposible vencerle en las urnas. O sea que cuando gana el PP es debido a la eficacia en la gestión del país de las oportunidades y cuando pierde es debido a la corrupción del sistema político.
Es lo que tiene la realidad, que es incuestionable. Da igual quien lo diga, el exfilósofo Savater en El País (sobre la victoria del PNV) "...su omnipotencia indiscutida e institucionalmente privilegiada, cimentado en un clientelazgo con pánico a la cesantía, no se le podía desplazar ni corregir tan fácilmente" o el monárquico Ansón en La Razón (sobre la victoria del PNV) "...incrementará el tejido de intereses creados con más funcionarios, más empresas, más subvenciones, más patrocinios, más ayudas y más camelancias para asegurarse la victoria en cualquier convocatoria electoral". ¡Como no te lo vas a creer si te lo dice todo el mundo!
Y es que, Aznar, el hombre de palabra (Dragó dixit) ganó las elecciones con la promesa de que nombraría a una persona independiente como directora general de RTVE. Y así fue...durante unos meses. Después, Pío Cabanillas, cambió de puesto aunque no de funciones, pasando de Director General del Ente a Portavoz del Gobierno sin ningún tipo de incompatibilidad. Para seguir con sus promesas de transparencia y pluralidad política, repartió el espacio mediático entre la tropa de periodistas que le ayudaron a ser presidente, convirtiendo lo que en tiempos del PSOE fue falta de pluralidad y ataques a la libertad de expresión, en periodismo de investigación.
Por todo esto, Sánchez Dragó entrevé en el poema If de Kipling el perfil de Aznar "Muchas de las estrofas parecen una definición de tu carácter y de tu estilo político", (comentarios que se repitieron en el informativo de las 15:00 horas del día siguiente en TVE1). Esto es tan grotesco que parece que no hace falta combatirlo, sin embargo, no toda la manipulación informativa responde a las mismas coordenadas. Combatamos antes de que sea demasiado tarde, porque la realidad puede ser pronto la que describe el repulsivo catecismo neoliberal de Jiménez Losantos: "La vieja cantinela marxista de que la riqueza sólo se debe a la pobreza, de que los ricos lo son únicamente porque explotan a los pobres, se ha convertido en otro latiguillo idiota: los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres".