EDITORIAL

OTRO MUNDO ES POSIBLE... Y URGENTE

 

El nuevo escenario global que se está configurando, tras el atentado del 11-S y la guerra iniciada en Afganistán el pasado 7 de octubre, ofrece un panorama en el que las ya viejas antiutopías de George Orwell y Aldous Huxley se hacen cada vez más reales, queriendo alejar así de la especie humana la esperanza en que otro mundo es posible. Porque, si ya antes de esas fechas nos encontrábamos con una creciente ofensiva del capitalismo neoliberal contra las libertades, derechos y necesidades básicas de la mayoría de la humanidad y del planeta, ahora, con el pretexto de la lucha contra el nuevo "enemigo" –el "terrorismo internacional"-, esos ataques arrecian con fuerza y constituyen un grave desafío a la creciente deslegitimación que de ese nuevo (des)orden estaba haciendo el movimiento por la justicia social y ecológica global que en el Norte había irrumpido a partir de Seattle.

Ese movimiento, que luego mostró en Génova que ya no era una "nube de mosquitos", ha tenido que asumir en este nuevo contexto la lucha contra la guerra y por la paz como una de sus señas de identidad fuertes, al igual que deberá afrontar los nuevos recortes a las libertades que se anuncian tanto en EEUU como en la UE y que no tienen otro propósito que criminalizar todo tipo de disidencia frente al fundamentalismo del mercado. Como también se verá obligado a manifestar su rechazo al llamamiento al cierre de filas de "Occidente" en nombre de la lucha contra otro fundamentalismo, el del terrorismo islamista. Porque no nos engañemos: detrás de esa retórica funciona un "inconsciente colectivo", convencido de que la defensa de sus privilegios se ve amenazada por las gentes excluidas y sobreexplotadas procedentes en su mayor parte de otras regiones y culturas. En realidad, su defensa de la "supervivencia de los mejores" no es más que la expresión ideológica de su resistencia a una lucha por el reparto de la riqueza y del poder que pudiera cuestionar este "modelo" civilizatorio depredador y cada vez más injusto.

Y, sin embargo, la mayoría de la izquierda política está siguiendo esa deriva involucionista, incluido ese sector de los Verdes alemanes que parece haberse convertido definitivamente a los "bombardeos humanitarios". Pero no todo va mal: desde Génova un "movimiento de movimientos" está emergiendo, llevando también en su seno la posibilidad de renovar social, política, cultural y generacionalmente a lo que queda de la izquierda anticapitalista y alternativa. Aquí, en este "país de países", el nuevo movimiento estudiantil y el, aunque todavía débil, sector del movimiento obrero dispuesto a confluir en la lucha contra la "globalización" deberían ser también protagonistas de la aspiración a "otra Europa". Porque el reto de la Presidencia española de la UE nos obliga a construir un amplio y plural movimiento, decidido a impedir que los anunciados fastos de la "moneda única" oculten la verdadera cara de una UE decidida a "americanizarse" cada vez más en todos los planos. En ese camino de recreación de nuevas redes vinculadas a los problemas y conflictos locales lo que está en juego es nuestra capacidad para poner un freno a la voluntad decidida de los grandes poderes de imponer el derecho absoluto de propiedad privada y de mercantilización del mundo frente a la defensa y extensión de los derechos fundamentales de las personas y los pueblos.

A esa tarea nos comprometemos las gentes de Espacio Alternativo y en ese contexto de refundación de un proyecto anticapitalista se sitúan los debates ya iniciados ante nuestro próximo III Encuentro Confederal.

 

 

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