Muy diferentes vientos confluyen en el tornado que se ha levantado contra la L.O.U. Haciendo el esfuerzo considerable de tratar de ver todas las respuestas como un "movimiento", diríamos que éste va construyéndose como una suma de hazañas y decepciones, resultado en gran medida, tanto las unas como las otras, de la heterogeneidad de los sujetos implicados.
Hablamos de hazañas, sí, como las que aún se suceden en Santiago de Compostela, hasta hace dos meses un erial en lo que a movimiento estudiantil se refería; pero también de grandes decepciones, sufridas ya más internamente en el choque frontal de diferentes culturas de movilización.
Partimos en el mes de octubre, que es cuando realmente se produce el toque de corneta sindical que saca a la luz pública el conflicto. Un conflicto entonces minoritario, apenas encabezado por la Conferencia de Rectores y las débiles voces de unos cuantos estudiantes aplicados que aprovechamos el verano para estudiar el proyecto además de las asignaturas pendientes.
Las excepciones a la regla se daban allí donde los equipos rectorales se habían liado la manta a la cabeza y habían sacado a la gente a la calle antes del verano. En el resto, los profesores más concienciados esperaban angustiados que de una vez por todas los sindicatos rompieran el silencio, pues las fechas de tramitación se echaban encima.
La Universidad parecía dormida y los objetivos se marcaban por tanto en función de las previsibles limitaciones: un paseo testimonial a principios de noviembre, y luego ya veremos... Incluso en este marco, la capacidad (o voluntad) de acuerdo entre sindicatos y estudiantes fue nula. Aparecen dos fechas por separado (7 y 14) y todo empieza a pintarse como un paseo triunfal para Pilar del Castillo.
La convocatoria del 7 se salva honrosamente gracias al apoyo final de la mayoría de los estudiantes y se vende como éxito histórico y demostración de fuerza unitaria. Ante la primera "hazaña", los sindicatos deciden no desligarse finalmente del todo de la del 14, que al menos dobla las cifras de la semana anterior gracias a que el movimiento estudiantil se vuelca en esta fecha.
En ese momento las direcciones sindicales (a las que se suma presto el PSOE) acaban por apropiarse del "movimiento", tanto reivindicando las cifras alcanzadas como lanzando el "órdago" de una Gran Marcha sobre Madrid el 1 de Diciembre.
Como contrapunto a este modelo de convocatoria y movilización habían empezado a surgir paralelamente, y de forma casi espontánea, movimientos asamblearios tanto de profesores como de estudiantes en diferentes focos poco tenidos en cuenta y aislados (Santiago, Cartagena, Sevilla...).
En estos lugares es donde se consigue un mayor grado de concienciación, trabajo y movilización, promoviendo un agotador ritmo de huelgas indefinidas combinadas con innumerables y multitudinarias acciones de protesta.
Allí donde se pudo se trató de buscar la generación también de una dinámica propia al margen (pero no necesariamente enfrentada) de las fechas marcadas unilateral y centralmente. Empiezan a surgir potentes movimientos en Vigo, A Coruña, Girona, etc., se refuerza en las diferentes universidades de Barcelona, y surgen otros algo más modestos en Valladolid, Granada, Alacant, Málaga...
Mientras, el movimiento sigue teniendo un claro objetivo: echar abajo la LOU.