Siguen en la calle los trabajadores de la ex filial de Telefónica, Sintel, que con tanta dignidad defendieron sus puestos de trabajo durante meses en el Campamento de la Castellana hace ya dos años. Esa lucha terminó con la firma de unos acuerdos en agosto del 2001 entre los sindicatos, Telefónica y el Gobierno en los que se comprometía la recolocación en empresas del sector y las prejubilaciones de los más de 1600 trabajadores que sufrían las consecuencias más descarnadas de los reajustes laborales en el sector de las telecomunicaciones. En estas condiciones los trabajadores de Sintel pudieron levantar su "campamento de la esperanza" de forma victoriosa y digna.
Transcurridos casi dos años desde la firma de estos acuerdos, la gran mayoría de los trabajadores de Sintel continúan en el Paro, cuyo subsidio está a punto de terminarse para el grueso de la plantilla. Por ello iniciaron una marcha a Madrid, durante la cual obtuvieron una vez más muestras de solidaridad de muchos trabajadores, organizaciones y movimientos, que tuvo su finalización el pasado 1 de mayo. Consideramos que la rechazable agresión contra el Secretario de CCOO, al final de la manifestación en Madrid, no favorece en nada a la lucha de estos trabajadores por un empleo digno, y proporciona argumentos a la empresa, al gobierno y a las direcciones sindicales para justificar su triste actuación.
Pero en ningún caso este suceso puede ensombrecer la ejemplar lucha que este colectivo ha desarrollado y tampoco puede utilizarse como cortina de humo para mantener su situación actual que los condena al desempleo. El error cometido por ese trabajador no puede convertirse en la coartada para un ajuste de cuentas interno en CCOO, y rechazamos las medidas disciplinarias colectivas que algunos dirigentes de este sindicato ya anuncian. La globalización neoliberal tiene uno de sus máximos exponentes en el aumento de la precariedad laboral en muchos sectores otrora bastiones de las conquistas del movimiento obrero. Telefónica es un claro ejemplo de ello. Por ello, no podemos renunciar a la demanda de estabilidad y dignidad en el empleo que estos trabajadores llevan reclamando desde que Sintel fue vendida a la mafia cubana liderada por Mas Canosa. Es una urgencia para todas las personas de izquierdas seguir solidarizándose con una lucha cuyo ejemplo sirvió hace unos años para reavivar la llama de la movilización. Su lucha es y ha sido un ejemplo de dignidad. Ahora no podemos abandonarles.
7 de Mayo de 2003