El 9 y 10 de junio se ha reunido en Atenas la VI Conferencia Anticapitalista Europea. En esta ocasión han estado presentes una vez más el Partido Socialista de Escocia (SSP), la LCR de Francia, el Bloco de Ezquerda de Portugal, el PC de Alemania (KPD) -que representaba además a la alianza de organizaciones de la izquierda alternativa alemanas que apoyan la Conferencia-, PRC de Italia, SolidariteS de Suiza, Alianza Roja y Verde de Dinamarca, SWP y la Alianza Socialista de Inglaterra, la ODP de Turquia y Espacio Alternativo. Por primera vez, se han sumado como observadores los Partidos Socialistas de Inglaterra e Irlanda, EUiA de Catalunya, Synaspismos y varias organizaciones de la izquierda alternativa griega.
Las discusiones giraron entorno a cuatro puntos: situación de los movimientos sociales en Europa; el proyecto de transformación de la UE en la "Europa-potencia" y las perspectivas para la campaña electoral europea en el 2004; balance de la conferencia y tareas organizativas; y redacción de la declaración de la Conferencia. Asimismo, la Conferencia estuvo seguida de un encuentro con las organizaciones griegas de la izquierda alternativa, con una importante influencia social pero muy fragmentadas, para favorecer un proceso de alianzas y reagrupamiento.
Después de un proceso de tres años, la Conferencia no sólo se ha consolidado como un instrumento útil de coordinación a escala europea, sino que ha podido constatar una gran homogeneidad de criterios. Ello no sólo no impide, sino que facilita discusiones en las que se perfilan las diferencias nacionales, las distintas experiencias y conclusiones, los puntos de vistas contrapuestos, pero también el esfuerzo colectivo por desarrollar juntos una visión europea de los conflictos sociales y las tareas de los movimientos. Si había alguna duda, la discusión párrafo a párrafo de la declaración demostró que se había superado hace tiempo la busqueda del consenso a través de generalidades para progresar en debates de fondo, como la política de las clases dominantes europeas en esta fase de la globalización, el papel de la socialdemocracia en y fuera del gobierno o la descriminación contra las comunidades musulmanas en la UE.
El informe inicial del primer punto corrió a cargo del Partido Socialista de Escocia, que acaba de obtener un excelente resultado en las elecciones regionales. Para el SSP, la situación internacional sigue siendo muy volátil tras la guerra de Iraq. EE UU tiene graves dificultades para estabilizar un amplio arco de crisis, desde Corea al Mediterráneo, aun con una presencia militar directa en Afganistán o Iraq. A pesar de la victoria militar, la legitimidad del ataque contra Iraq es cuestionada públicamente, especialmente en Gran Bretaña, al no haberse encontrado las famosas armas de destrucción masiva de Saddam Hussein. En los próximos doce meses, las clases dominantes europeas van a intentar superar las divergencias surgidas en torno a la guerra y su relación con EE UU lanzando una nueva ola de reformas neoliberales -el llamado "Espíritu de Lisboa"- y dotarse de una nueva legitimidad a través de la Constitución Europea para apoyar su proyecto de una Europa-potencia, socio menor del imperialismo de EE UU.
En esta situación, el representante del SSP propuso profundizar en cuatro temas:
Es imposible resumir en pocas lineas un debate de varias horas. Las distintas organizaciones hicieron no solo un informe de la situación en sus países del desarrollo del movimiento contra la guerra sino también de las principales tareas para los próximos meses. Se constató el desarrollo desigual del movimiento, que adquirió una masividad desconocida hasta entonces en España, Italia o Gran Bretaña. Aunque en el movimiento anti guerra el sector antiglobalización ha sido fundamental, el nivel de conciencia del conjunto no es anti-capitalista. Ello exige una pedagogía especial que evite divisiones sectarias impuestas desde fuera, que no respeten los propios ritmos de experiencia y la autonomía del movimiento. Una nueva generación se ha sumado. Pero hay que reconocer también que la guerra no se pudo parar. Para ello hubiera hecho falta una incorporación masiva del mundo del trabajo, que hubiera abierto la perspectiva de una huelga general.
Sin embargo, la campaña contra la guerra si ha tenido efectos en sectores sindicales. El caso más claro es en Gran Bretaña, donde el sector "blairista" del Partido Laborista esta perdiendo la dirección de toda una serie de sindicatos ante una nueva izquierda. En Escocia e Inglaterra, ya hay casos de desafiliación sindical al Partido Laborista. El PC de GB, que sigue teniendo una cierta influencia en estos sectores de izquierda sindical, ha cambiado su estrategia de llamar a votar al Partido Laborista y se esta abriendo hacia la izquierda alternativa para buscar formulas electorales conjuntas.
Hubo amplio acuerdo de que, manteniendo la movilización contra el imperialismo de la Administración Bush, era esencial hacer frente a la nueva ofensiva neoliberal en la UE, el llamado "programa de Lisboa", que pretende recortar en nombre de la competitividad con EE UU, los derechos sociales, flexibilizar el mercado de trabajo y privatizar las pensiones. Este ataque contra los derechos de los trabajadores europeos se realiza bajo la cobertura de la resistencia de los gobiernos de Chirac y Schroder a los planes de guerra de Bush y buscando una nueva legitimidad a través del proceso de la Convención y la adopción de una Constitución Europea, mientras se pone en pie el nuevo ejercito europeo. Por eso es fundamental en los próximos meses combinar la resistencia contra el "programa de Lisboa" con la discusión de una alternativa al proyecto de construcción de la Europa potencia, en una intervención que combine movilización social y participación en los procesos electorales, como las elecciones al Parlamento Europeo en el 2004.
El segundo día de los debates estuvo dedicado a perfilar las características y tareas de un partido europeo de la izquierda alternativa y anticapitalista. Aunque todavía no se ha aprobado la legislación comunitaria que regulará los partidos europeos, los borradores discutidos parecen abrir la posibilidad a su constitución a partir de los participantes de la Conferencia Anticapitalista.
El eje central de la izquierda anticapitalista y alternativa es el resultado mismo de la experiencia de estos años de globalización neo-liberal, incluida su fase armada: que es necesario construir una alternativa a esas políticas neoliberales sin caer en la trampa de la gestión del sistema, como ha ocurrido con los partidos socialdemócratas o la "izquierda plural" en Francia. En ese sentido, el llamamiento de Fausto Bertinotti y de Rifondazione Comunista a una reconstrucción de raíz de la izquierda se enmarca plenamente en esta orientación.
Existe además el peligro de que ciertos sectores puedan defender el modelo neoliberal impulsado desde la Comisión Europea como un mal menor frente al modelo imperial de EE UU. Como demuestran los ataques contra las pensiones, las nuevas oleda de flexibilización laboral y la reducción de los derechos sindicales del "Espíritu de Lisboa", Schroder puede estar contra la guerra y justificar al día siguiente la guerra contra los derechos sociales de sus ciudadanos. Puede que el "modelo social europeo" sea un mito y un mito muy querido por las direcciones de los grandes sindicatos agrupados en la Confederación Sindical Europea (CES). Pero para la patronal europea, para la Comisión y para las clases dominantes de nuestro continente, lo importante es recomponer su competitividad, aunque sea compensando un dólar débil con unos derechos sociales y laborales aun más débiles. El ataque a comenzado ya en toda la UE y en los nuevos estados miembros de la Ampliación. Y la resistencia sindical, con huelgas generales en Francia, Italia, Portugal, Alemania, Austria o España también.
La campaña electoral para el Parlamento Europeo del 2004 debe permitir una contaminación mutua del movimiento contra la globalización capitalista y la guerra, de un lado, y del movimiento sindical de otro. Ya existen lazos de conexión importantes. Se trata ahora de darles un marco cultural y político de crítica y alternativa a la UE neoliberal, en nombre de una Europa de la solidaridad y los pueblos.
La Conferencia discutió diferentes iniciativas como la participación e impulso del Foro Social Europeo de Sain Denis, en Francia en noviembre de este año; la convocatoria de seminarios sectoriales pan-europeos sobre temas clave de la Constitución, como los derechos sociales, la cuestión nacional o la cuestión de la mujer; la elaboración de un proyecto de Constitución Europea alternativo; la posible celebración de un referéndum popular sobre los derechos sociales en la UE; o la convocatoria en Italia en los próximos meses de una Contra-Convención de la izquierda social y política.
Todas estas alternativas, y otras más que iran surgiendo, deben permitir crear un perfil claro de la izquierda alternativa y anti-capitalista, a partir de los movimientos sociales. Y también proyectarlo desde la tribuna institucional de las elecciones europeas, apoyando así un nuevo avance de los movimientos en un eje central como es la construcción europea.
En este sentido, la existencia de la propia Conferencia ya ha tenido efectos prácticos beneficiosos importantes. En Austria, en Alemania y en Grecia ha permitido la creación de foros de apoyo amplios con partidos anticapitalistas de distintas tradiciones políticas. La construcción de un partido europeo alternativo y anticapitalista debe permitir también configurar alianzas con aquellos partidos comunistas, que están en transición tras la crisis de identidad sufrida con el colapso de la URSS, buscan reorientarse acercándose a los movimientos sociales y fuera de la subordinación de las políticas neo-liberales de la socialdemocracia europea. Y también con la izquierda de los partidos verdes, que quiere mantener su identidad alternativa frente a la subordinación de los partidos verdes alemán o francés a las políticas anti-ecologistas y militaristas de sus gobiernos. De esta manera, la Conferencia abre la posibilidad a la alianza de varios partidos de izquierda europeos, agrupando para las elecciones a todos aquellos que busquen una alternativa a las políticas neoliberales de la UE y la construcción de la Europa-potencia.
Algunos partidos como Rifondazione, Synaspismos o IU podrían jugar un papel de bisagra entre la izquierda alternativa y las organizaciones de tradición comunista que buscan refundarse en los movimientos sociales, aprovechando las potencialidades de su propia pluralidad interna.
La Conferencia mandató a su secretaria y a las cuatro organizaciones fundadoras (Bloco, SSP, LCR y la Alianza Roja y Verde danesa) para dar los pasos técnicos necesarios que hagan posible la futura constitución del Partido europeo de la izquierda anticapitalista y alternativa, así como la ampliación de la Conferencia a nuevas organizaciones europeas dispuestas a colaborar en este proyecto.
La próxima Conferencia tendrá lugar en Francia, organizada por la LCR, con el impulso de los trabajos del Foro Social Europeo.
"Hemos entrado en la segunda fase de la globalización, la de la gestión de la crisis de la globalización capitalista, caracterizada por la guerra infinita.
La situación, aun después de la guerra de Iraq, sigue siendo inestable.
No se percibe en el horizonte la recuperación económica. La competencia inter-capitalista aumentará, así como las tensiones entre EE UU y la UE y al interior mismo de la UE.
El movimiento anti-globalización ha sido el motor del amplio movimiento por la paz. Después de Génova ha sabido mantener su unidad y radicalidad y ampliarse sin reducir su potencial anti-capitalista. El movimiento se ha alimentado del conflicto social (la ola de huelgas del 2002), ha sabido resistir el intento de cooptación del reformismo (a través sobre todo del papel político jugado por el sindicato CGIL, y ha ejercido una hegemonía -aunque sea general- en la opinión pública (basta recordar los más de tres millones de banderas pacifistas colgadas de las ventanas).
En las elecciones municipales, la derecha ha retrocedido, sin que se haya beneficiado la izquierda moderada (DS), a pesar de que se ha visto "agraciada" por el unilateralismo de Bush, que le ha permitido subirse al carro del No a la Guerra. La situación sigue evolucionando: los intentos de renovar la fachada del Olivo (a través de la candidatura de Cofferati) han fracasado; el referéndum promovido por Rifondazione y los sindicatos de izquierdas a favor de extender las leyes contra los despidos, con una tendencia claramente anti-neoliberal, obtendría la mayoría según los sondeos, a pesar de que todos los partidos (con la excepción de los Verdes), casi todos los sindicatos, el gobierno y la patronal han llamado a votar en contra.
Es posible que no sean suficientes los 10 millones de votos previstos para superar la barrera del 50% de participación que exige la ley para que el referéndum sea valido. (En las elecciones ha votado el 65%). Pero serán la base para el proyecto de construcción de la Izquierda Alternativa. El movimiento por la paz, impulsado a su vez por el movimiento anti-globalización, se implica en la batalla social por los derechos de los trabajadores.
El PRC es contrario a una mera batalla democrática contra Berlusconi, como propone el Olivo. Si la batalla democrática no se combina con la batalla social contra el neo-liberalismo no se construirá una siniestra alternativa. El movimiento contra la guerra debe alimentarse del conflicto social. La huelga general europea que no hemos sido capaces de convocar contra la guerra, por la oposición de la CES, debe convertirse hoy en el objetivo contra la política de flexibilización del mercado laboral y contra los ataques al sistema de pensiones y la seguridad social".
Gigi Malabarba, Presidente del Grupo en el Senado del PRC