Por primera vez desde 1974 la LCR presentaba una candidatura a la elección presidencial. 4,3 % de electores, 1.200.000 votos, se han juntado en torno a Olivier Besancenot. A pesar de la tormenta de la primera vuelta de estas elecciones, el balance de la campaña de la LCR muestra cambios prometedores que sientan las bases para la emergencia de una alternativa política frente a la practicada por los partidos de la izquierda gubernamental.
Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales constituyen un seísmo político. Suponen un trauma para millones de gentes a las que Le Pen recuerda las horas más negras de la historia del país, las de Vichy y del fascismo. El populismo de Le Pen no puede ocultar su verdadera política al servicio de los ricos y de los poderosos. Aprueba las privatizaciones, las legislaciones antisociales, los regalos a la patronal, los despidos abusivos. El nuevo paso adelante dado por el Frente Nacional constituye una derrota para todo el movimiento obrero y democrático. Después de Italia, Portugal y Dinamarca, toca ahora a Francia. En todos esos países las consecuencias de la política liberal de los gobiernos de izquierda han conducido al ascenso de la derecha liberal y de la extrema derecha.
El porcentaje alcanzado por Le Pen es resultado ante todo de la campaña desplegada por Chirac y la derecha sobre la inseguridad, aceptada por Lionel Jospin y seguida por Chevènement. Pero lo más importante es que el rechazo de la política desarrollada por los gobiernos que se han ido sucediendo desde hace veinte años conduce hoy a una crisis de representación política sin precedentes. La abstención, que aumenta en cerca de un 6% entre la elección presidencial de 1995 y la de 2002, es su traducción más evidente. Esta primera vuelta de la elección presidencial confirma también que la personalización a ultranza de la elección de un presidente de la república, en el marco de las instituciones de la V República, abre la vía a los peores demagogos.
Presentándose como el hombre del sobresalto democrático, Chirac es, ante todo, un hombre cuya integridad moral es cuestionada por sus negocios. A esto se añade que, habiendo alcanzado menos del 20 % de los sufragios en la primera vuelta, será un presidente mal elegido quien dirigirá el país. Chirac es en realidad el representante de una derecha liberal que se inspira directamente en el programa del MEDEF (organización de la patronal francesa). Sus contrarreformas liberales pretenden agravar las condiciones de vida y de trabajo de millones de asalariados. La opción por una campaña centrada en la inseguridad anuncia además nuevos ataques contra los derechos democráticos. La elección del candidato de la derecha prepara un verdadero gobierno de choque contra el mundo del trabajo.
Pero el terremoto político que conoce el país es también el resultado de la política del gobierno de la izquierda plural. Desde 1997 el gobierno de la izquierda plural se ha adaptado al neoliberalismo y ha cedido a los dictados de los mercados financieros. Ahora ha sido sancionado por unas clases populares que no se reconocen ya en esta izquierda gubernamental. La principal consecuencia de esta política es la derrota rotunda del Partido Socialista. Esa es una de las explicaciones de la caída del PCF, que ve así una aceleración brutal de su declive histórico. El proyecto nacionalista de Chevènement ha sido también rechazado. En cuanto a los Verdes, si bien han resistido a la presión en torno al problema de la seguridad, han confirmado su apoyo a la política desarrollada por la izquierda gubernamental.
Al mismo tiempo, estas elecciones reflejan un cambio en las relaciones de fuerzas en la izquierda, con más de un 11 % para la extrema izquierda. Estas elecciones traducen abiertamente la existencia en este país, por un lado, de una izquierda gubernamental que ha aceptado las reglas de la mundialización capitalista, una izquierda que ha sido sancionada por ello, y por otro, una izquierda popular de millones de jóvenes y de asalariados que rechazan la política liberal. En medio del terremoto político que conoce el país, es preciso refundar ahora la esperanza en la izquierda, en ruptura con el balance del gobierno de la izquierda plural. La cuestión de una nueva fuerza política anticapitalista, de un nuevo partido de los trabajadores y de la juventud se plantea ahora con urgencia. Ante todo, apoyándose en las fuerzas de renovación que se han expresado en torno a las candidaturas de Olivier Besancenot y Arlette Laguiller. “Lucha Obrera” y la LCR tienen a este respecto responsabilidades especiales. La LCR propone a LO empezar a discutir ya sobre la nueva situación política y las tareas de los revolucionarios.
La esperanza está también en la juventud que lucha masivamente contra la mundialización capitalista y el fascismo, junto con militantes sindicalistas y de distintas asociaciones y animadores de movimientos sociales. La esperanza está también en los militantes que se interrogan ahora sobre lo ocurrido, ya sean comunistas, ecologistas o socialistas, y que buscan las vías de una alternativa política.
En el futuro más inmediato las primeras manifestaciones de la juventud reflejan las resistencias de la sociedad al ascenso de la extrema derecha. La primera cita, ahora, está en hacer una demostración de fuerza contra Le Pen y la política patronal, el 1º de Mayo, en todas las ciudades del país. Hay que cortar el paso a Le Pen, el peor enemigo de los trabajadores, tanto en la calle como en las elecciones. La LCR se movilizará para que Le Pen tenga la menor cantidad de votos posible el domingo 5 de mayo. Comprendemos a los electores que voten a Chirac para oponerse a Le Pen pero no pensamos que Chirac sea la barrera frente a un nuevo ascenso de la extrema derecha. Al contrario, es uno de los responsables de ello y estamos seguros de que a partir de su elección tomará medidas contra los asalariados, la juventud y los inmigrantes.
Es el momento de la movilización contra la extrema derecha y la patronal, de la movilización unitaria de todo el mundo del trabajo y de la juventud en torno a unas reivindicaciones sociales que acaben con el paro y las desigualdades, de las movilizaciones en defensa de los “sin papeles”.
22 de abril de 2002