Millones de personas se oponen en todo el mundo a la guerra de Bush, Blair y Aznar

Una victoria difícil de digerir:
primeras reflexiones sobre la movilización mundial contra la guerra

Miquel Garcia




Habiendo pasado unas pocas horas desde el final de las macromanifestaciones por la paz y contra la guerra que se han desarrollado a nivel mundial y con el ánimo aún felizmente alterado por el impacto que supone el haber presenciado en directo una de ellas (la de la ciudad de Valencia, en el estado español), se me impone la necesidad de intentar una primera aproximación al significado social y político de lo ocurrido, así como a sus consecuencias tanto inmediatas como en el futuro que se avecina. Como me ha comentado medio en sorna un amigo "estamos acostumbrados a las derrotas y las encajamos fácilmente, pero las victorias nos resultan por eso mismo difíciles de digerir".

Empezando por lo primero y más importante en estos momentos, se puede plantear la pregunta de si el atronador grito antibelicista que se ha escuchado este 15 de febrero del año 2.003 será capaz de impedir la guerra decidida por el gobierno de los EEUU y secundada por fieles sicarios como Blair y Aznar. Si a la política le fuera aplicable el sentido común, en la forma en que una persona de a pie lo entiende, es obvio que por muy firmes que fueran los planes del presidente Bush y sus aliados, estos tendrían que ser rápidamente revisados y alterados. Hacer lo contrario puede suponer, dice nuevamente el sentido común, el pago de un precio político muy alto que puede llevar en plazo relativamente breve a la pérdida de presidencias, gobiernos y mayorías parlamentarias. Incluso a procesos de fuertes crisis en partidos (como el caso del PP español, ya muy sacudido por la catástrofe del Prestige) que hasta hace poco parecían muy sólidos. Esto es lo que dice el sentido común...

Sin embargo existen razones para dudar de que los responsables de la masacre en ciernes vayan a querer rectificar su objetivo de lanzar una guerra contra Irak. ¿Por qué? En primer lugar porque se puede tener la esperanza de que por muy masivas que hayan sido las manifestaciones producidas en todo el mundo, éstas no dejen de ser un hecho puntual y aislado, una pataleta muy fuerte pero pataleta al fin y al cabo, incapaz de oponerse en la práctica a una voluntat firme, sostenida y dotada de ingentes medios de todo tipo como es la de los agresores. Estos están muy acostumbrados a la política de hechos consumados, habiéndoles confirmado la práctica repetidas veces que cuando las cosas "se hacen", al final la inmensa mayoría acaba apechugando con las consecuencias. En este sentido los guerreros imperiales podrían reflexionar de la siguiente forma: "Si hacemos una guerra rápida e hipercontrolada informativamente alcanzaremos pronto nuestros objetivos, nos meteremos el petróleo en los bolsillos y la opinión pública mundial acabará callando. Al cabo de poco tiempo, todo olvidado. Incluso para las próximas elecciones". Efectivamente tal reflexión no puede calificarse de alocada- se basa en muchas experiencias -aunque puede tener en los momentos de ahora un inconveniente: que la capacidad de "poner la memoria colectiva a cero", de hacerle olvidar rápidamente lo sucedido a la mayoría social, se siga manteniendo tal y como se ha mantenido en los últimos decenios. Parece que las cosas han cambiado, aunque cueste digerirlo.

Existe un segundo elemento en esta situación prebélica que tampoco puede ser ignorado. Más allà de los siniestros personajes protagonistas y de los partidos que lideran están los intereses que ellos representan, los de la clase social dominadora y poseedora actualmente del mundo. La burguesía tanto mundial como local ha demostrado de sobra a lo largo de la historia ser capaz de valerse de muy diferentes instrumentos políticos a la hora de conseguir sus objetivos. Partidos y líderes pueden ser "quemados" si ello hace falta, porque muchas veces existen recambios y "tomadores de testigo" para ellos. Dicho de manera más llana, puede dar lo mismo que Bush, Blair, Aznar y Berlusconi se vayan al garete con sus correspondientes partidos, siempre y cuando se pueda continuar garantizando el mantenimiento del sistema. "Quemar" unos cuantos gobiernos en una guerra muy productiva por el control de una fuente energética básica puede ser considerado "rentable". Un "buen precio", vamos.

Dicho todo lo anterior está claro que si las masivas movilizaciones habidas contra la guerra comienzan a cristalizar en un movimiento antiguerra relativamente sólido y si la movilización de las personas y de las conciencias se mantiene de manera sostenida, las dificultades con que se encontrarán los belicistas serán mucho mayores. Esta guerra se puede parar, efectivamente, pero asegurarnos de ello requiere aun más esfuerzo del realizado. No se puede bajar la guardia.

Pasando ahora a contemplar de manera más general el significado de las movilizaciones acaecidas, éstas parecen confirmar la hipótesis últimamente planteada repetidas veces del llamado "cambio de ciclo histórico", el final de la época oscura dominada por el neoliberalismo. Desde el año 1.999 en Seattle hasta hoy han pasado apenas cuatro años, durante los cuales se ha venido produciendo un ascenso de las movilizaciones a nivel mundial contra las políticas globalizadoras y neoliberales. Ante este ascenso del movimiento antiglobalización los gobiernos neoliberales, encabezados por los EEUU, respondieron con una contraofensiva brutal que ha tenido su punto álgido después del 11-S con la doctrina Bush de "guerra mundial contra el terrorismo". Y es justamente a la expresión más dura de la contraofensiva- la guerra neocolonial -a la que ha venido a oponerse la movilización mundial contra la guerra del 15-F. El contraataque neoliberal ha encontrado una vez más una fuerte respuesta. Pueden insistir y volver a la carga, pero todo tiene un límite. Incluso para ellos. Lo cual no quiere decir, como antes se planteaba, que no se pretenda dejar resuelto el tema de la "conquista" de Irak. Sin embargo ahora mismo "la guerra contra el terrorismo que duraría decenios" de Bush parece abocada a un final similar al del III Reich de Hitler que "tenía que durar mil años".

Tras la crisis de la Argentina y la reciente victoria de Lula en Brasil, por citar solamente dos de los hechos más significativos acontecidos en relación a lo que planteamos, las políticas económicas neoliberales parecen tocadas de muerte (aunque de momento sólo en el terreno de las ideas, no en el de los hechos). Ya bastantes voces entre los ideólogos, representantes y agentes de la burguesía- hasta no hace mucho unidos como una piña para defender las bondades del neoliberalismo -empiezan a abogar por los "cambios" y la "suavización" en las recetas neoliberales. Muchos partidos socialdemócratas, sin haber realizado una auténtica reflexión crítica sobre su seguimiento de las políticas neoliberales, han tomado ya posiciones para segurarse ventajas en el "nuevo ciclo". Se ha producido un cierto "desembarco" de estos partidos y de personas y organizaciones afines en el movimiento y en los foros antiglobalización. Indudablemente estos partidos y los sindicatos próximos a ellos han sido uno de los motivos (no el único) de la masividad de las movilizaciones del 15-F. ¿Qué quiere decir todo esto?

Podemos asistir en los próximos tiempos a un intento de "socialdemocratización" de las políticas a nivel mundial que, salvando las distancias, tendría un cierto paralelismo con el que se produjo en Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial. Dicho intento contaría con el apoyo de sectores importantes de la clase burguesa dominante, en la medida en que éstos han percibido la necesidad de "integrar" a un conjunto de países y de zonas geográficas cuya permanencia en el "tercermundismo" se valora y palpa como potencialmente explosiva. Los recursos materiales para llevar adelante este objetivo existen sobradamente sin que sea necesario para ello ningún cambio en el control de las palancas efectivas del poder económico y político. Matizo para no dar lugar a malentendidos y a sabiendas de lo polémico del planteamiento. No se trataría de ninguna concesión gratuita, sin la presencia de las movilizaciones a nivel mundial y de los cambios que se han producido desde 1.999 hasta hoy, lo anterior sería impensable. Podríamos estar padeciendo un neoliberalismo feroz durante cien años más si no se hubiera alzado un movimiento potente en su contra. Tal socialdemocratización tampoco puede equipararse a una paradisíaca "mundialización del bienestar" ni a nada parecido, únicamente pretendería integrar en el sistema aquellos puntos o nodos más calientes y/o problemáticos que ahora existen para disminuar la presión de la caldera social.(verbigracia Brasil y Sudamérica en general, determinados países del sudeste asiático, quizás los antiguos países del Este...) A tales efectos puede resultar del todo indiferente que áreas enteras del planeta continuen sumidas en la pobreza y en la miseria, siempre y cuando por si mismas no planteen problemas de orden (por esta razón creo que, por ejemplo, el Africa Subsahariana continuará por bastante tiempo abandonada a su miserable suerte). En suma, un arreglo de la casa que en los últimos tiempos había empezado a estar un tanto desordenada como fruto de la rapiña desmedida del neoliberalismo. Finalmente no se estaría ante un proceso destinado al éxito inevitable. La prepotencia adquirida durante los últimos decenios por la burguesía y su propia codicia individual (que muchas veces trasciende cualquier planteamiento de lo que puede ser conveniente para sus intereses generales como clase) puede llevar a obstaculizar e incluso a impedir cualquier transformación (aunque repito medios creo que sobran), con las consecuencias explosivas que se deriven de ello.

Los partidos socialdemócratas jugarán seguramente un papel importante, al menos en un primer momento, dentro del nuevo ciclo que se abre. Contarán, como en el pasado, con poderosos apoyos y, en principio, con un amplio apoyo social. Intentarán satisfacer al mismo tiempo a las mayorías sociales y a la clase dominante, con la tremenda contradicción que ello representa.Bienvenidos sean todos los cambios que ayuden a paliar la miseria y el sufrimiento humanos. Sin embargo el "mundo nuevo que es posible" es en concepto y en práctica algo muy distinto a un capitalismo suavizado y desprovisto de los elementos más duros del neoliberalismo. Es un proyecto de nueva sociedad por el cual deberán seguir luchando los sectores más lúcidos, anticapitalistas y alternativos de los movimientos sociales.

 

 

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