¡¡Argentina no se rinde!!

Jaime Pastor



A las trabajadoras de Brukman

El desalojo de las trabajadoras de la fábrica textil Brukman de Buenos Aires y la represión policial sufrida por el movimiento de solidaridad que se desencadenó en torno a ellas en esa ciudad son un buen exponente de la tensa y conflictiva situación que se vive en Argentina, pese a que las elecciones, bajo la vigilancia siempre estrecha del FMI, van a intentar reconducirla por un camino en el que sigue sin creer un porcentaje muy alto de la población.

Desde que emprendieron la autogestión de esa empresa en quiebra en vísperas del "pueblazo" de diciembre de 2001, exigiendo al mismo tiempo su "estatización bajo control obrero", las trabajadoras de Brukman se habían ido convirtiendo, junto con otras experiencias como las de Zanón y Tigre, en un símbolo de la resistencia frente a la catástrofe social provocada por las políticas del FMI y la clase política corrupta del país. A lo largo de este año y medio el proceso de extensión y coordinación de lo que es ya un amplio movimiento de fábricas "recuperadas" que tiende a aliarse cada vez más con otros sectores, como los "piqueteros" y las Asambleas barriales que han ido creándose en Buenos Aires y en otras ciudades, ha logrado ser expresión de una lucha por la supervivencia pero también de un contrapoder dispuesto a seguir luchando por hace realidad el popular eslogan "¡Que se vayan todos!".

Pude conocer directamente esta experiencia el pasado 15 de febrero, con ocasión de un Encuentro que se celebró precisamente en esa fábrica y que precedió a la manifestación contra la guerra por la tarde ese mismo día, coincidiendo con la convocatoria hecha a escala global. Durante varias horas se sucedieron muchos testimonios de experiencias muy diversas (desde las ya mencionadas de Brukman, Zanón y Tigre hasta otras como Grisinopoli y varias clínicas, además de algunas "atípicas" como la ocupación por un colectivo juvenil de una iglesia "abandonada" y su conversión en taller de arte y biblioteca), seguidos de denuncias de despidos (como los sufridos por pasantes y contratados de la multinacional española Telefónica) y, sobre todo, de propuestas para dar continuidad al movimiento mediante la creación de redes de comercialización alternativas entre todos los "emprendimientos", la puesta en pie de Escuelas de Oficio (como la que existía ya en Brukman) y Centros Culturales, o la coordinación entre trabajadores ocupados y desocupados en un nuevo Congreso Nacional.

Pero, más allá de la aportación que cada persona que intervenía hacía, lo que más me llamó la atención fue la sensación mayoritaria de fuerza colectiva que había y, al mismo tiempo, la conciencia de que se trataba de una lucha difícil que había que asumir sin impaciencia y con la mayor unidad posible, superando los sectarismos del pasado. Obviamente, no faltó sin embargo, el ingrediente optimista que seguía pensando que la situación era "prerrevolucionaria" y que la hora de la ofensiva estaba cerca... Pese a las diferencias de contenido y de forma, palabras como "dignidad" y puestos de trabajo "genuinos" (dando a esta expresión un sentido creativo y liberador) eran constantemente asumidas por la gente allí reunida. Es ese lenguaje común el que permite tener esperanza en que su lucha no se va a detener tras este tropiezo. Porque no me cabe duda que las trabajadoras de Brukman seguirán luchando no sólo por la tercera "recuperación" de su fábrica sino también por la reconstrucción de otra Argentina, libre de los chantajes del FMI y de una clase política que amenaza con "renovarse" en estas elecciones con una cara todavía más dura que la que tuvo en el pasado reciente.


Publicado el 25-04-03 en Otra Realidad

 

 

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