PORTUGAL

III CONVENCION DEL BLOCO DE ESQUERDA

Luis Branco



Durante los días 10 y 11 de mayo últimos el Bloco de Esquerda reunió -por tercera vez desde su fundación- la Convención Nacional, su órgano máximo. Cerca de 500 delegados discutieron el desarrollo y el futuro del Bloco, la política europea para el próximo período y la necesidad de la convergencia de las oposiciones al gobierno de derechas.

La definición del perfil político del Bloco como una fuerza de izquierda socialista moderna que apuesta por una ruptura con la civilización capitalista fue una de las etapas fundamentales en el debate con el que el movimiento conmemora su cuarto año de vida. Al asumir la perspectiva de un socialismo sin dogmas y como proceso de liberación y aprendizaje de la democracia política, social, económica y cultural, el Bloco integra esa dimensión emancipatoria y rechaza ser confundido con las socialdemocracias transformadas en gestoras del neoliberalismo o con la nostalgia de los regímenes del Este o de la aberración norcoreana.

En una coyuntura fuertemente determinada por la guerra del Imperio y por la agravación de la crisis económica, la III Convención del Bloco de Esquerda difícilmente podría dejar de colocar esos dos temas en el centro de la agenda política interna. En lo que se refiere al primero, el reciente anuncio de la disposición del gobierno portugués a enviar un contingente policial para apoyar la ocupación de Iraq sirvió de ejemplo para condenar una vez más la actitud de servilismo de Durao Barroso (primer ministro portugués y líder del Partido Social-Demócrata, el mayor partido de derechas, que actualmente gobierna con el Partido Popular, situado a su derecha) ante Washington, alegando la justificación de la necesidad de no perder el convoy de la reconstrucción en la que se incluyen ya algunas empresas de construcción civil portuguesas.

Pero el neoliberalismo y la globalización armada, apoyados en la doctrina de la guerra infinita cuyos autores están instalados en altos cargos de la administración Bush, han visto nacer una oposición fuerte, combativa y por primera vez capaz de dar una respuesta mundial. Este movimiento por otra globalización que mostró su fuerza el 15 de febrero y contribuyó a desenmascarar las presuntas razones humanitarias y democráticas para arrasar Iraq y reconstruir el mapa de Oriente Medio, tiene para el Bloco un papel central en la definición de un nuevo internacionalismo solidario y es el factor más poderoso de la mutación de la izquierda. En Portugal este movimiento está todavía dando sus primeros pasos con la realización en junio del Primer Foro Social Portugués.

Por la convergencia de la oposición en el combate contra la derecha

En el plano interno, la política del gobierno PSD-PP que funciona desde hace un año- se ha caracterizado por la obsesión en relación con el déficit del Presupuesto Estatal y el cumplimiento del Pacto de Estabilidad. Además de las habituales maniobras contables para ocultar una parte del déficit, esta ortodoxia en las finanzas ya provocó el aumento del IVA, la congelación de los salarios de los funcionarios públicos y los recortes en los gastos sociales y en la inversión pública. Ahora, al responder a la crisis con más crisis, el gobierno anuló las perspectivas de crecimiento económico, los ingresos fiscales disminuyeron a pesar del aumento de los impuestos y el desempleo se disparó hasta niveles sin comparación con las últimas décadas. Pero no se quedó sólo en eso: aprovechó la mayoría parlamentaria de que dispone para lanzar reformas en las leyes laborales que quitan derechos a los que trabajan y acercan las relaciones laborales a la llamada ley de la selva, hace avanzar la privatización de la salud a pesar de los resultados desastrosos de las experiencias hechas en ese campo en algunos hospitales y emprende la destrucción del sistema de seguridad social en beneficio del apetito de las compañías aseguradoras.

La Convención del Bloco lanzó un desafío a los restantes partidos de la oposición (PS y PCP) para una convergencia en las luchas sociales que permitan oponer una modernización democrática al proyecto de modernización conservadora que el gobierno lleva aplicando. Esa plataforma de convergencia se basaría en tres ejes: una estrategia hacia el pleno empleo, que dé continuidad a la Huelga General de diciembre pasado contra la propuesta de Código de Trabajo y por la creación de empleo de calidad; la ampliación de los servicios públicos, a través de la propiedad pública o social de bienes esenciales como la energía y el agua, los transportes y el sector financiero- que definan los criterios de calidad y precios; y, por último, una estrategia hacia una Europa que haga frente al neoliberalismo.

El europeísmo de izquierda

El proyecto de declaración europea ocupó un lugar central en la Convención del Bloco. A pesar de haber transcurrido ya un tiempo de los trabajos de la Convención Europea con poderes constituyentes, en Portugal los dos principales partidos siempre trataron de ocultar este debate a la sociedad. Nadie consigue distinguir entre sus propuestas porque nunca son claras, con el pretexto de no perjudicar la negociación abierta. Y así, este proceso necesario de una Europa basada en una Carta Constituyente se está haciendo en los gabinetes de los eurócratas y completamente al margen de las poblaciones y del control democrático.

Afirmándose europeísta de izquierdas, el Bloco rechaza cualquier acercamiento nacionalista al debate actual. Defiende una Europa que sea autónoma en relación con la hegemonía norteamericana, pero se opone a una nueva carrera de armamentos o a un ejército europeo que se presente dentro de la actual disputa interimperialista. La declaración aprobada propone una Europa democrática sin directorios de los más fuertes y que respete el principio de igualdad entre estados. O sea, una doble soberanía y una doble ciudadanía -la nacional, con el refuerzo de los poderes de los parlamentos de cada estado que incluya el veto excepcional en cuestiones de interés vital; y la europea, ampliando también el poder del parlamento europeo, ya sea el poder presupuestario, el de votar la guerra y la paz, o de formar y revocar un gobierno europeo que sea responsable ante ese parlamento electo.

La noción de europeísmo de izquierda que asume el Bloco en el debate sobre la Constitución y las elecciones europeas de 2004 reclama asimismo seis combates estratégicos por la reorientación de las políticas actuales: el de los derechos civiles de las naciones sin Estado, garantizándoles el derecho a la autodeterminación; el del desarrollo regional articulado con la ampliación de la UE, manteniendo el objetivo de la convergencia real; el de los servicios públicos pan-europeos que racionalicen los recursos y garanticen su acceso al conjunto de la ciudadanía; el de la libre circulación que acabe con la precarización del estatuto de inmigrante, garantizándole la igualdad de derechos; el de la ciudadanía plena y sin discriminación de las mujeres, por ejemplo, a nivel de los derechos sexuales y reproductivos y del acceso a la representación pública; y, por último, el combate por la expresión de la ciudadanía organizada en los procesos de decisión a través del estímulo a la dimensión participativa de la democracia.

Al anunciar desde ahora el voto No en un eventual referéndum sobre el actual proyecto de Constitución Europea, el Bloco asume que una refundación de la Unión Europea tendrá que pasar por la participación democrática de la ciudadanía. El proceso actual no pasa por ahí y es preciso no olvidar que los partidos de la Internacional Socialista dominaron la estructura de la UE durante casi una década, habiendo renunciado a hacer frente al modelo autoritario vigente y a emprender esa ruptura necesaria, encontrándose ahora presos de ese pasado. En cuanto al PCP, mantiene la misma postura defensiva e inmovilista en relación con Europa que limita bastante su intervención fuera de los debates acerca de los subsidios. Al defender una Carta Constitucional que, al contrario de lo que se anuncia para 2004, contenga lo más avanzado que exista en las Constituciones nacionales en relación a los derechos sociales, la Convención del Bloco hizo la mayor contribución habida hasta ahora por parte de la izquierda portuguesa. Ojalá sea el disparo de salida para que la discusión se pueda hacer ahora abiertamente y sin prejuicios.

La democracia interna

Si bien las Tesis Políticas y la declaración europea fueron el centro de la Convención del Bloco, otro debate sobre la modificación de los estatutos dominó la primera parte del encuentro. Algunas propuestas defendían que la composición de la Mesa Nacional (órgano de dirección política del Bloco entre Convenciones) dejase de ser decidida por la Convención, pasando a existir varios tipos de legitimidad (local, de distrito, regional o de grupos de trabajo) que elegirían representantes en la Mesa; esto fue rechazado por amplia mayoría de los cerca de los 500 delegados presentes. Algunos de los promotores de esas propuestas presentaron una lista de candidaturas a la mesa, obteniendo el 12 % de votos y eligiendo 10 representantes.

Se trata de la primera vez que se presenta a votación más de una lista, aunque en este caso no representa una plataforma política alternativa, ya que sólo se presentó un texto de orientación en cada uno de los debates políticos y son éstos los que constituyen la línea política del movimiento en los próximos dos años. El hecho de que en el Bloco, al contrario de los restantes partidos portugueses, no haya injerencias ni cuotas del secretario general (no hay siquiera secretario general...) en la composición de la dirección política, permite a cualquier afiliado presentarse a votación, con la única condición de ser propuesto por un mínimo de 30 delegados. El voto es secreto y en urna cerrada y el resultado es determinado por el sistema proporcional simple. Estas reglas de funcionamiento y el resultado de la votación, aunque hayan espantado a algunos observadores externos, vinieron a demostrar la apertura y la transparencia en los mecanismos de democracia interna del Bloco. Ahora queda por demostrar que se traducirá también en el reforzamiento del movimiento y de su dinámica de debate y actividad, apoyado en la riqueza de esta pluralidad interna.


Luis Branco es miembro del PSR, partido cofundador del Bloco, y director del periódico Combate

 

 

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