La CUT se debate entre el poder y las luchas históricas

Sindicato fundado por Lula entre la espada y la pared

Yana Ana Marull / La República



Fundada hace veinte años por el hoy presidente Luiz Inácio Lula da Silva, la principal central sindical de Brasil, la CUT, define su futuro por primera vez del lado del poder, y no de la combativa oposición, en su Octavo Congreso que se inicia el martes.

Ruptura con el FMI, radical cambio de la política económica, no pago de la deuda externa e inmediato reajuste de salarios fueron reinvindicaciones de la Central Unica dos Trabalhadores (CUT) en su Séptimo Congreso, hace tres años.

Esas también fueron reivindicaciones de Lula cuando lideró las históricas huelgas de los metalúrgicos al final de la dictadura y cuando participó en la fundación del Partido de los Trabajadores (PT, 1980) y la CUT (1983).

Hoy, eso es pasado.

El texto que la CUT presentará en su Octavo Congreso (su máxima instancia de decisión convocada cada tres años), no menciona más el impago de la deuda, no rompe con el FMI, no tiene reclamos inmediatos y no critica la moderada política económica de Lula.

En cambio, afirma: "la CUT, formando parte del campo político de fuerzas que lideran el gobierno, está comprometida con la victoria de ese proyecto".

De hecho, el gobierno de izquierda que asumió en enero es considerado una república de sindicalistas, con ocho ministerios en manos de ex dirigentes sindicales, y el propio Lula tiene previsto participar del Congreso de la CUT (Concut), del que resultará elegido presidente su colega Luiz Marinho, ex metalúrgico como él.

Lula parece haberse ganado la paz sindical de la CUT.

"El apoyo al gobierno se hará notar en el Congreso", declaró a la AFP el secretario General de la CUT, Carlos Alberto Grana, aunque garantiza que la central conseguirá mantener en paralelo una visión autónoma y crítica.

"La CUT está en un nuevo escenario, por primera vez del lado del poder, que será una prueba difícil; una vez definida la relación con el nuevo gobierno, su destino quedará vinculado a este", estima el profesor del Centro de Estudios Sindicales de la Universidad de Campinas José Dari Krein.

Pero no todo son aguas calmas. Al igual que en el seno del partido de Lula, donde se ha desatado una agitada protesta de las corrientes radicales contra la ortodoxa política económica y su propuesta de reforma del sistema de pensiones, el Congreso de la CUT promete tensos debates.

Históricas facciones del sindicato han repudiado la política económica moderada y sus millones de funcionarios no tragan la reforma de las pensiones que les reduce beneficios. Con ello, la CUT se ha visto obligada a presentar algunas propuestas de cambio al proyecto de pensiones, y varios de sus sindicatos convocaron una marcha de protesta en Brasilia el día 11.

"Manifestamos nuestra divergencia con la política económica adoptada por el gobierno", señala un texto alternativo presentado al Congreso, que arremete contra el FMI y aboga por quebrar contratos y el impago de la deuda. Ese texto, como otros parecidos, no será votado porque sólo se considerará el informe de la dirección nacional.

No habrá quiebra en la CUT entre radicales y moderados, opina su secretario general. A diferencia del PT, que ha abierto un proceso de expulsión contra parlamentarios defensores de las políticas de izquierda que Lula defendió en el pasado, "la CUT no es un partido en el gobierno, es una central sindical que tendrá que respetar la diversidad de opiniones", garantizó Grana.

En cambio, el profesor Dari Krein no descarta el riesgo de ruptura. "Tengo cierto temor de que puede haber una división del movimiento sindical, dependiendo de cómo avance la coyuntura y la relación con el gobierno".

La CUT se estima representa al 72% de los trabajadores sindicalizados brasileños (da cobertura a 22 millones, siete millones de ellos afiliados a la central).

 

 

Volver a la pàgina anterior

[ corriente@lterna ]

Principio del documento