El movimiento social francés de mayo-junio 2003 celebra a su manera el primer aniversario de las elecciones presidenciales de hace un año que habían puesto de manifiesto la profunda crisis de la sociedad y de la política francesa.
La derecha, bajo presión de la patronal (el MEDEF), ha pensado que era hora de romper los pactos sociales herederos de la Liberación, empezando con la reforma clave del sistema de pensiones. El proyecto, después de meses de pseudo concertación, fue dado a conocer por el ministro de asuntos sociales (Fillon) el 17 de abril. La reforma fue presentada para proteger el sistema de pensiones por repartición, debilitado por el choque demográfico. Pero, a pesar del apoyo de una parte del ex gobierno socialista y de la ambigüedad de las grandes confederaciones sindicales, los asalariados han entendido bien su significado: alargar los años de cotización (del sector publico y después de todos) para pagar pensiones más bajas a la gente que no querrá trabajar hasta los 68 o 70 años y que seguirá jubilándose a los sesenta (jubilación oficial actual en Francia). De tal manera que se pueda potenciar el ahorro salarial, como complemento, un eufemismo usado en Francia para enmascarar los fondos de pensiones. Tácticamente, el gobierno excluyó de la reforma a los sectores combativos (ferrocarril, metro, electricidad) que tienen sistemas propios de pensiones, para evitar un nuevo diciembre del 95, cuando los trabajadores de los ferrocarriles fueron el motor de la lucha.
Desde el principio, el primer ministro Raffarin ha dicho que no haría marcha atrás y que esta reforma era el eje central de su mandato.
Cortó así todo margen de negociación, situándose cada vez más en una postura a la Thatcher ("le Thatcher du Poitou", su provincia de origen, como lo llaman los manifestantes): después del 13 de mayo, cuando era evidente que se presentaba un movimiento social de primera amplitud, asumió el enfrentamiento frontal con la meta de acabar con la tradición francesa (junio del 36, mayo del 68, diciembre del 95) y limpiar de una vez el horizonte para la próxima década y para poder imponer el tren de contrarreformas liberales que está previsto (la seguridad social por ejemplo desde octubre).
A pesar de las trampas múltiples, del apoyo explícito o tácito de muchas personalidades de izquierda, de la timidez de las direcciones sindicales, de la habilidad del gobierno, la reacción de la base fue aumentando, forzando las direcciones sindicales y epropioio partido socialista a pedir la anulación de la reforma o por lo menos una negociación sobre otras bases.
Esta vez, la locomotora dmovilizaciónación ha sido la enseñanza. Sector atacado por todas partes por el gobierno: además de la reforma de las pensiones, sufre la reforma de la descentralización que traslada a las regionecategoríascategorias de personal, con el peligro de desigualdad en la oferta de servicios entre regiones ricas y regiones pobres, la austeridad presupuestaria con supresión de puestos de profesores, maestros, vigilantes... La federación sindical mayoritaria de la enseñanza, la FSU, supo construir un frente unitario fuerte en el sector y, presionada por las bases (una nueva generación numerosa de profesores sin el peso del sindicalismo tradicional) y por la tendencia revolucionaria que forma parte de su dirección desde hace dol'Ecole (lEcole Emancipée), llamó el 9 de mayo a huelgas reconductibles. Ciertos centroestánan ya en huelga desde hace dos meses. Hoy hay 3000 centros en huelga reconducible (en el LiceFrancéses de Madrid hemos empezado la huelga reconducible el 19 de mayo).
El 13 de mayo hubo un día de casi huelga general, con más de 2 millones de manifestantes en todo el país. El movimiento era muy fuerte en el sector público y se empezaba ya a notar el apoyo de algunos sectores del privado. La traición de una de las grandes confederaciones (el día 15 de mayo, la CFDT firmó el texto de la reforma con muy pocas modificaciones) no lnfluyó sobre el aumento de la movilización. La CGT tuvo que jugar un papel que su dirección no quería. Convocó manifestaciones o huelgas en fechas concretas (domingo 25 de mayo, martes 3 de junio, martes 10 de junio, jueves 12 de junio), suficientemente alejadas unas de otras al principio para canalizar un movimiento que la desbordaba. Consiguió imponer la vuelta al trabajo en los ferrocarriles, donde varios centros habían reconducido la huelga el día 14 de mayo, ya que no correspondía a su calendario. Y hasta la fecha no ha convocado una huelga general, mientras todos los huelguistas están esperando desde semanas, limitándose a la fórmula generalización de las huelgas...A pesar de todo, la dinámica de convergencia de los sectores en lucha se ha confirmado. Desde el 3 de junio, hay nucleos ( desde el 15% en el metro hasta más del 50% en la enseñanza) que están instalados en la huelga. En ciertas ciudades (pero demasiado pocas) hay un ambiente de huelga general, con huelgas del sector privado al lado del publico y manifestaciones impresionantes (sobre todo el sur de Francia y Marsella en particular: 240.000 manifestantes el 3 de junio, 200.000 de nuevo el 12 de junio). Dada la falta de llamamiento a la huelga general por parte de las centrales sindicales, estos sectores huelguistas se han radicalizado en los ultimos días y organizan acciones espectaculares con piquetes conjuntos (professores-empleados del ferrocarril, de correos etc...): bloqueos de trenes, de zonas industriales, de entradas de ciudades, asaltos a sedes de la patronal...
Lo más impresionante es que, a pesar de los problemas que supone esta crisis para el ciudadano de a pie y a pesar de la manipulación de los medios de comunicación que centran sus informativos sobre esos problemas y recogen las cífras manipuladas del gobierno respecto a la tasa de huelguistas o al numero de manifestantes, un sondeo reciente (publicado el 9 de junio por CSA) muestra un apoyo al movimiento del 66% de los franceses (¡sólo un 18% en contra!): una cifra impresionante, más fuerte que en diciembre del 95 cuando se habló de grève par procuration de una mayoría de los Franceses.
El gobierno ha empezado a presentar su proyecto de ley ante el parlamento el martes 10 de junio en un país fuertemente commocionado ese día por un tiempo fuerte de la huelga. Ha cedido algunas cosas a los sindicatos de la enseñanza (excluyendo de la reforma de descentralización a ciertas categorias de personal, inyectando un poco de dinero...) para permitir hoy, día 12, el inicio del "Baccalauréat" (el equivalente de la selectividad).
El desenlace de esta crisis será muy importante y la falta de una verdadera huelga general es una mala señal: tal y como lo ha planteado el poder, habrá claramente un vencedor y un perdedor. Para el movimiento social, un fracaso tendría consecuencias duraderas. Pero, por otra parte, la rabia de la gente es también muy profunda y duradera. Por eso el gobierno no quiere solamente vencer sino aplastar.
No sabemos como terminará, pero ya podemos adelantar que este movimiento social muestra el rechazo profundo de los valores neoliberales por parte de la sociedad francesa, así como su capacidad intacta, de momento, para reaccionar.
Quedarán huellas de las nuevas formas de lucha:
La huelga reconducible fue una invención del ferrocarril en el 89 y un arma decisiva en el 95. Entrará a formar parte de la tradición de otros sectores. Permite una dialectica entre los sectores más radicales (reconducción con 20 o 30%) y las masas, durante los días de tiempos furtes (huelga con el 50% o más). Es útil para empezar la huelga. Pero tenemos que preguntarnos por qué esta dialéctica no ha permitido que se instale la huelga general masiva.
Las asambleas interprofesionales por ciudades o provincias: desde más de un mes, los enseñantes en huelga han ido a las estaciones de ferrocarril, a los depósitos del metro, a las empresas, a los despachos...y han establecido contactos con trabajadores de esos sectores para empujarlos a la huelga, hasta construir una reunión interprofesional diaria, a menudo a finales de la tarde, donde se preparan las acciones del día siguiente (esto funciona en varias ciuadades como Marseille, Pau, Rouen, Clermont...). A veces, es una intersindical, a veces una coordinación con gente elegida por su sector, a veces algo más informal tipo asamblea general.
Eso supone una elevación grande del nivel de conciencia para los miles de jóvenes que viven en esta situación su primera experiencia de lucha. La forma y el contenido del desenlace serán importantes para saber si estos jóvenes van a renovar el sindicalismo o si, decepcionados por una negociación por debajo de sus expectativas, se quedarán fuera del movimiento sindical.
A nivel politico, la izquierda revolucionaria esta demostrando su utilidad social.Su papel fue decisivo en algunos sindicatos (entre ellos el de la enseñanza) y en el día a día de la movilización, para animar los sectores radicales y empujar las viejas direcciones por un camino adonde no hubieran querido ir nunca. Hasta el mismo partido socialista, en su congreso de Dijon del mes pasado, ha tenido que rechazar rotundamente una reforma de las pensiones que, de estar en el poder, hubiera implantado sin grandes diferencias, como muchos piensan. ¿De qué forma esta izquierda revolucionaria podrá ocupar el vacío que existe desde hace ya un año a la izquierda del gobierno (todos los partidos del ex gobierno Jospin no consiguen salir de una profunda crisis de estrategia y de identidad) y asumir una responsabilidad enorme delante de una sociedad decidida a resistir al neoliberalismo, sabiendo que las organizaciones que la componen no lo permiten todavía? Es el debate estratégico que va a dominar el congreso de la LCR, pospuesto, a la vista de los acontecimientos, de junio a septiembre
La capacidad de la sociedad francesa de resistir o no sobre el tema de las pensiones puede ser de gran importancia para otros paises de Europa que se encuentran en visperas de reformas similares.la elección de Saint Denis, ciudad y zona del norte de París que desde 5 años es el corazón de las nuevas movilizaciones de la educación, para albergar el próximo FSE puede ser un acontecimiento importante en la recomposición del movimiento social europeo.
El lema del movimiento es ¡No Raffarán! Es muy importante para todos que de verdad sea un no.
François Richard. 12 de junio de 2003, desde el Liceo Francés en huelga