El Partido Democrático Socialista (PDS) de Alemania, construido sobre los restos del antiguo SED de la República Democrática Alemana, acaba de celebrar su congreso, acentuando su evolución hacia el social-liberalismo y la alianza con la social-democracia.
Tras la derrota del PDS en las últimas elecciones legislativas en septiembre del 2002, la nueva dirección del partido intentó reconstruir la base social del partido girando a la izquierda hacia los movimientos sociales. Pero el ala derecha y el aparato del partido han resistido con obstinación la nueva orientación y han obtenido una victoria en el congreso extraordinario celebrado el 28 y 29 de junio.
El nuevo presidente del PDS, Bisky (que ya lo fue entre 1993 y 1999) ha indicado claramente que su objetivo es participar en nuevas alianzas en los Länder de Alemania del Este y llegar a participar en un gobierno nacional con el canciller social-demócrata Schröder tras las elecciones del 2006. La coalición berlinesa SPD-PDS es la principal presión en ese sentido. Después de un año y medio aplica una política completamente neoliberal, reduciendo los servicios públicos, recortando los sueldos de los funcionarios y violando los contratos colectivos con los sindicatos. Todo ello ha provocado una fuerte impopularidad del gobierno berlines y, en especial, de su ministro de finanzas Harald Wolf.
Esta política neoliberal provoca fuerte descontento incluso en el seno del PDS. Pero, a pesar de ello, las enmiendas defendidas por el ala izquierda del partido oponiendose a los recortes presupuestarios- han sido rechazadas por el 75% de los delegados al congreso. Por lo que se refiere a la política exterior alemana, el congreso ha sido favorable a la participación de las tropas alemanas en las misiones bajo mandato de NNUU, lo que permitirá su intervención en la operación de la UE en el Congo. Los dos diputados del PDS en el Parlamento han votado aun esta vez contra esa participación, pero solamente porque la dirección del partido ha querido evitar la discusión sobre este tema en el congreso.
El congreso ha aprobado la necesidad de reformas estructurales. Se aceptan por primera vez las privatizaciones. Las reformas estructurales deben ser negociadas en un gran pacto que sume a todos los partidos, los sindicatos, la patronal y los movimientos sociales. Se critica la politica de austeridad de Schröder y sus concesiones a la patronal, pero se consideran inevitables. Lo que busca la nueva dirección del PDS es un consenso con las clases dirigentes, lo que no deja de ser ridiculo en una fase de ofensiva generalizada de la patronal.
El PDS se orienta claramente hacia el social-liberalismo. El termino anticapitalismo ha desaparecido prácticamente de su vocabulario. La participación en las luchas y movimientos sociales es solamente retórica y la política del partido se reduce cada vez más a su presencia en las instituciones parlamentarias. Ni la radicalización de la juventud ni el movimiento contra la globalización neoliberal han tenido influencia en el partido.
La oposición de izquierdas ha conseguido el 20% de los votos y, en algunas enmiendas concretas, el 40%. Pero no es una oposición estructurada y coherente, con un proyecto político alternativo. El militante medio, según la dirección, lo que quiere es volver a recuperar sus diputados en el parlamento en el 2006, sin que ello implique actividad o clarificación política.
Sin embargo, en Alemania exite hoy un amplio espacio, de alrededor de un 15% del electorado, que busca una alternativa al social-liberalismo de Schröder. Por eso, la dirección del PDS ve con cierta angustia la apertura a su izquierda de un proceso para construir, en colaboración con la izquierda anticapitalista europea, un nuevo polo electoral alternativo. Se trata de reagrupar a todas las fuerzas y organizaciones dispuestas a resistir al gobierno social-demócrata y a los patrones y de preparar la constitución de una alianza electoral alternativa y anticapitalista, en la que, sin duda, la izquierda del actual PDS tendrá su lugar.