Mujeres de Revolta Global
La violencia que sufrimos las mujeres es la manifestación más extrema de las relaciones desiguales de poder entre mujeres y hombres. La división sexual del trabajo es la base de estas relaciones de poder, que se manifiestan en todos los ámbitos de la vida: en la casa, en el lugar de trabajo, en la política...
Las mujeres hemos conquistado muchos derechos, de una manera desigual en el mundo, fruto de las luchas del Movimiento Feminista. A pesar de la fuerza de las luchas feministas, no hemos conseguido poner fin a la división sexual del trabajo ni a las desigualdades sociales derivadas de este hecho.
La fase actual del capitalismo globalizado tiene un impacto nefasto sobre la vida de las mujeres. Estamos asistiendo a un aumento de desigualdades (por ejemplo, la diferencia salarial entre hombres y mujeres es ahora muy superior a la de hace 30 años) y a un ataque sistemático por parte de todo tipo de integrismos (religiosos y no religiosos) de los derechos conseguidos por las mujeres. La persistencia de las desigualdades de género hace que las mujeres sean las principales damnificadas por los efectos devastadores de la globalización capitalista:
- La pobreza en el mundo afecta principalmente a las mujeres. También en Cataluña, donde las familias monoparentales a cargo de una sola persona, acostumbran a vivir bajo el umbral de la pobreza.
- Las mujeres suplimos con nuestro trabajo de atención familiar la retirada del Estado y la privatización de los servicios sociales.
- Las mujeres somos las que padecemos más paro y precariedad en el lugar de trabajo. Amplios sectores de mujeres trabajadoras viven en la invisibilidad como las mujeres sin papeles.
- Las mujeres son víctimas obligadas de los conflictos armados y ocupaciones militares. Las que pagan las consecuencias de toda la violencia y frustración que provoca la globalización
- Con nuestros cuerpos se mercadea y se trafica
En el estado español, y como respuesta a las necesidades que han manifestado las mujeres que padecen agresiones físicas y síquicas y a las exigencias planteadas desde hace tiempo por las organizaciones feministas, el Partido Socialista elaboró una Ley orgánica de protección integral contra la violencia de género. Esta ley suponía un avance con respecto al enfoque que mantenía el gobierno del PP, pera el cual la violencia contra las mujeres era una “disfunción”, residuo de tiempos pasados.
La ley aprobada define la violencia como “una manifestación de la discriminación, de la situación de desigualdad y de las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres”, es decir, entiende la necesidad de un tratamiento integral, planteando acciones en el ámbito educativo, sanitario, laboral, económico, judicial, en la publicidad y de sensibilización. La ley tiene también la virtud de haber introducido el debate en el terreno público, pero presenta algunos problemas. Entre otros, es preciso que se acompañe de recursos económicos y humanos para garantizar las potencialidades que presenta. Las mujeres hemos de exigir el cumplimiento de la ley y la dotación de recursos suficientes, así como el protagonismo de las víctimas en todo el proceso.
La realidad escondida
El debate sobre la ley y, en general sobre el tratamiento de las mujeres en el ámbito familiar y doméstico, oculta otras formas de violencia que las mujeres, de aquí y de todos los lugares, padecemos tanto en el espacio público como en el privado. La violencia contra las mujeres es estructural y se manifiesta de formas diversas: pobreza, exclusión, violaciones, precariedad... Hemos de tener claro que una ley, por bien hecha que esté, no resuelve los problemas. Más que nunca es necesaria la existencia de un Movimiento Feminista fuerte, que recupere el aliento emancipatorio, que luche contra las desigualdades y que establezca alianzas con otros movimientos que trabajen por la eliminación de cualquier tipo de discriminación y de desigualdad generadoras de violencia.
El 25 de noviembre de este año volvemos a reclamar el final de cualquier tipo de violencia contra las mujeres. Nos sumamos a las convocatorias unitarias que trabajen por reclamar nuestros derechos. En esta ocasión, queremos tener un recuerdo especial para las mujeres de Irak, cuyos derechos son gravemente violados por el estado de guerra y por el ascenso del fundamentalismo. Queremos manifestar nuestra solidaridad con su resistencia en condiciones de extrema violencia y de violaciones de los derechos humanos y pedir la libertad para todas las mujeres presas en Abu Graib.
¡Viva la lucha feminista!
















