Cuando el Secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, advirtió al final de setiembre que podrían producirse “situaciones no deseadas”, tenía toda la razón del mundo. Efectivamente, con este eufemismo sagaz e hipócrita nos anunciaba que si los subsajarianos se obstinaban en intentar entrar en Ceuta y Melilla, habría muertos... y culpaba a las propias víctimas y se lavaba las manos antes de los hechos.
No hay duda que ni el ministro ni el gobierno “deseaban” estas “situaciones”. Si bien es cierto que alguien podría haber pensado –erróneamente, como se ha visto- que algún muerto tendría un efecto disuasorio, representaba el riesgo de ensuciar la imagen pulcra de Zapatero y su “Alianza de Civilizaciones”.
Queda muy feo que se te vea apaleando personas indefensas y evidentemente desesperadas cuando quieres practicar un discurso de preocupación humanitaria y de respeto de los derechos humanos.
Pero que una cosa no sea deseada no quiere decir que no sea una consecuencia lógica y previsible de tus acciones.
La Ley de Extranjería -de hecho, cualquier ley de extranjería- que pretende restringir la entrada de inmigrantes, lleva inevitablemente a la defensa física de las fronteras. Y eso implica, con la misma inapelable lógica, muertos.
Un mecanismo infernal
Pero demos un paso atrás para poder enfocar la dinámica en juego con una cierta perspectiva.
Los gobiernos, instituciones y multinacionales que impulsan la globalización neo-liberal seguramente “no desean”, por ejemplo, que enormes zonas de África queden en la más absoluta miseria y que el nivel de vida retroceda hasta el punto que en diversos países la esperanza de vida no llegue ni a los 40 años. Sin embargo, es el resultado directo de sus opciones concretas, como las de la Unión Europea en la Conferencia Euromediterránea, y les da igual.
O mejor dicho, les da igual hasta que esas mismas circunstancias creadas por ellos obligan a cientos de miles de personas a desplazarse hacia los países más ricos del “norte” sin ser llamados. Entonces protestan.
Y si, como resultado de la desesperación, los aspirantes a inmigrantes vienen con tanto empuje y determinación que no hay valla que los pare, entonces hay que desplegar el ejército, la fuerza bruta y garante última de la “integridad de las fronteras”.
Trabajo sucio externalizado
No obstante, la sangre que mana de las heridas provocadas por los dispositivos cortantes de las vallas, diseñados aposta para hacer mucho daño, amenaza con salpicar la cara amable que el gobierno quiere presentar al mundo.
El sistema capitalista tiene soluciones para (casi) todo. El trabajo sucio se externaliza, se subcontrata al gobierno marroquí, dispuesto a hacerlo a cambio de unos cuantos euros y de la atenuación de las críticas a su régimen antidemocrático.
Está claro, aquí también se producen “situaciones no deseadas”, como las palizas, los muertos a tiros o el abandono de cientos de personas en pleno desierto sin alimentación ni agua. “No deseadas”, pero indefectibles y consentidas.
Como son igualmente indefectibles, por la política de la Europa Fortaleza, las muertes de los que procuran entrar con las pateras o de los que ni siquiera llegan tan lejos y se quedan por el largo camino, abrasados en el desierto.
Barreras... selectivas
En todo caso, está claro que el sistema no quiere impedir la inmigración del todo. Entre otras coses, hace falta como mano de obra barata para lo que se llama la “deslocalización in situ”. Una empresa puede llevar la manufactura de camisetas del Maresme a Marruecos (y después, desde allí a China), pero la recogida de la fruta, el cuidado de la gente mayor, el trabajo de la hostelería se tienen que hacer aquí.
El objetivo de las leyes es adecuar la “oferta” de estos brazos (y cerebros) a la demanda de los empresarios, lógica que ha sido recogida por el nuevo Estatut según el cual la Generalitat establecerá con el Estado “el número, el lugar de origen y la capacitación profesional del contingente de personas inmigrantes con destino a Cataluña, de acuerdo con las necesidades y las previsiones de trabajo y de desarrollo económico.”
Nos preguntamos, quien guardará las fronteras de Cataluña para asegurar el cumplimiento de estos acuerdos y cuantas “situaciones no deseadas” resultarán?
Por la libertad de circulación y de residencia de las personas!
Regularización sin condiciones para todos y todas!
















