La pandemia del virus con nombre de robot
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Miquel Garcia

Las pandemias originadas por el virus de la gripe han sido documentadas por lo menos desde el siglo XVI (una de las primeras de que se tiene constancia ocurrió, aparentemente, en 1580). Ya con información de mayor fiabilidad en el siglo XIX se producen pandemias en los años 1830-1831, 1833-1834 y 1889-1890. En el siglo XX, se suscitaron tres pandemias denominadas gripe española (1918-1919), gripe asiática (1957-1958) y gripe de Hong Kong (1968-1969). Como en los casos de pandemias la contabilidad de las personas contagiadas y fallecidas pierde rigor o se convierte en imposible en amplias zonas geográficas, las horquillas de datos resultan de una gran amplitud; para la gripe española de 1.918, por ejemplo, según las fuentes que se consulten la cifra de contagios admitida varía entre el 25% y el 50% de la población mundial, mientras que la de personas fallecidas oscila entre los 20 y los 100 millones (lo cual supone, de manera aproximada, entre el 1,5% y el 6% de la población mundial de aquellos momentos, del orden de los 1700 millones de personas).

Las pandemias se producen pues de forma periódica, siendo su origen mutaciones del virus de especial morbilidad y facilidad de contagio. Como la tecnología farmacológica y sanitaria actual sigue siendo incapaz de eliminar el virus o de impedir sus mutaciones, continúan siendo inevitables. El periodo transcurrido desde la última pandemia de 1968 es ya de 37 años y por ello, si se observan los lapsos temporales existentes entre las pandemias documentadas, puede pensarse que la próxima se encuentra cercana. Sin embargo esta inminencia, basándonos simplemente en los datos existentes (que por otra parte no son tantos como para establecer series realmente fiables desde el punto de vista estadístico), se encontraría dentro de una horquilla de entre 0 a 8 años.

El candidato robot: N5H1

Algunas de las características del virus actualmente causante de la gripe aviar, el N5H1, lo hacen candidato a una mutación con efectos pandémicos para los humanos: se propaga con mucha rapidez entre las aves tanto de corral como migratorias, muta con mucha facilidad con tendencia a adquirir genes de otras especies animales y es capaz de enfermar al ser humano; lo anterior puede facilitar- por diversas vías -una mutación del virus transmisible de humano a humano y susceptible de producir una pandemia. Pero además de ser facilmente transmisible el virus N5H1 es muy letal y afecta al conjunto de células del cuerpo infectado y no únicamente a las del aparato respiratorio y/o digestivo; aunque no es seguro que un virus mutado herede estas características mórbidas, esta posibilidad tampoco puede ser descartada.

¿Cuantos millones de personas morirán?

David Nabarro, coordinador de la ONU para la lucha contra una posible pandemia y miembro de la OMS, declaró recientemente- aunque posteriormente se desdijo, por presiones de la misma OMS-que en el caso de una pandemia el número de personas muertas podía oscilar entre 5 y 150 millones y que “tal y como ahora mismo está organizado el mundo” existía el peligro de una catástrofe.

La estimación de Nabarro no parece descabellada en absoluto si consideramos que la pandemia “dura” de 1918 causó entre 20 y 100 millones de fallecimientos, que las pandemias “leves” de 1957-1958 y de 1968-69 se cobraron entre 1 y 4 millones de personas muertas cada una y que una nueva mutación “dura”, por ejemplo del N5H1, afectaría a una población mundial mucho mayor que las anteriores. Podrá objetarse que en tecnología médica y sanitaria los avances existentes en la actualidad son notables y que éstos servirán para minorar los efectos de la pandemia. No obstante no hay que olvidar que la aplicación de las nuevas tecnologías médico-sanitarias ha quedado muy restringida al área de los países ricos, mientras que en el Tercer Mundo y en África en particular se han llegado a producir algunos importantes retrocesos (entre ellos otra pandemia, la del SIDA). Se puede facilmente imaginar qué ocurriría si un virus de la gripe pandémico “cayera” ahora mismo sobre el Tercer Mundo y África.

El neoliberalismo no puede contra las catástrofes

El negocio de los laboratorios farmacéuticos Roche con el antiviral Tamiflu- cuyas ventas según los últimos datos han aumentado en un 256% - y la persistente obstrucción de Roche a la cesión de su patente sobre el antiviral es otro fenómeno a comentar. Con independencia de que el peligro de pandemia sea real o no resulta evidente que este gran laboratorio está sacando buena tajada del alarmismo imperante. Por otro lado resulta alucinante que se considere algo normal el que una empresa pueda jugar con la salud pública mundial por el hecho de ser propietaria de una patente; por si misma esta experiencia debería llevar a la supresión inmediata de todas las patentes sobre medicamentos. Pero los antivirales como el Tamiflu es dudoso que sirvan de protección en el caso de una pandemia producida por un virus mutado. A lo sumo, si se evitan con el antiviral contagios gripales ordinarios, puede reducirse la posibilidad de coincidencia entre virus humano y virus aviar en una misma persona; con ello se limita el intercambio de material genético humano hacia el N5H1 y se dificulta su mutación a virus humano. ¡Pero los países occidentales que ahora mismo están haciendo acopio- aunque sea virtual -de Tamiflu, no son aquellos donde justamente existe mayor posibilidad de contagio de la gripe aviar y de solape de ésta con la humana!

Al pretender prevenirse contra el peligro de la pandemia los estados están chocando con importantes problemas enraizados a su vez en el modelo neoliberal imperante: falta de recursos financieros en cantidad suficiente para las grandes inversiones necesarias, supeditación al libre mercado y a esquemas de consumo que impiden destinar los recursos según prioridades de necesidad social (en este caso la lucha contra la pandemia), descoordinación entre los países y estados y ausencia de una autoridad mundial con capacidad y recursos para llevar adelante un plan efectivo de lucha contra la pandemia. El Katrina lo ha demostrado en los mismos EEUU, el neoliberalismo no solamente provoca catástrofes económicas, sino que además es incapaz de enfrentarse a las catástrofes naturales.

Luchar contra la pandemia a escala planetaria

Si lo que se busca es intentar evitar o retrasar la mutación del N5H1, lo imprescindible es la creación de un fondo mundial de recursos de prevención sanitaria y de medicamentos destinado a atender aquellas zonas más afectadas por la gripe aviar. El fondo serviría también para intentar combatir los posibles focos iniciales de la pandemia. Igualmente sería esencial la producción de vacunas en un plazo de tiempo lo más breve posible, para lo cual se necesita invertir de manera suficiente en investigación. De la misma forma deberían construirse más plantas industriales para la producción de vacunas. Las medidas no pueden limitarse a los países ricos occidentales sino que han de extenderse al mundo entero, lo cual implica destinar los recursos necesarios. Todo ello podría formularse en un plan mundial de lucha contra la pandemia. La ciudadanía debería emplazar a sus respectivos gobiernos a promover el plan mundial y a acatarlo de manera solidaria.

En el supuesto, sin embargo, de que el “estado de organización del mundo” no permita llevar adelante estas medidas con la potencia e intensidad requeridas, habrá que dar la razón a David Nabarro en que posiblemente estemos caminando hacia una catástrofe planetaria cuyas principales víctimas serán, como de costumbre, las gentes desfavorecidas del mundo.