Revolta Global
El proceso de negociación del proyecto de Estatut, que ahora entra en la fase de presentación de enmiendas, está cumpliendo con las previsiones más pesimistas. Mientras el PSOE y el propio Zapatero bajan en intención de voto en todas las encuestas, la derecha reaccionaria se siente cada vez más fuerte y prepara nuevos ataques en la calle en defensa de la Constitución y contra el Estatut.
Está claro que este ambiente no hace más que incrementar la presión sobre los negociadores del cuatripartito, que aun confían en salvar el núcleo de la propuesta (la definición de Catalunya como nación y el modelo de financiación, como expresaba recientemente el presidente Maragall), renunciando a otros aspectos, a partir de negociaciones discretas que deberían de permitir acordar los puntos más conflictivos antes de final de año.
También resulta evidente que esta estrategia de negociación basada en el secretismo y en la renuncia a elementos esenciales no frenará la ofensiva de la derecha, que además renovará todo tipo de teorías conspirativas y no tendrá escrúpulos para denunciar que se está engañando a la población de Catalunya.
Pero mientras los negociadores se preparan para unas reuniones discretas lejos de la mirada de la ciudadanía, alguna cosa empieza a moverse en la sociedad catalana. Desde los sectores más diversos, que van desde los sindicatos y algunas asociaciones de inmigrantes hasta a plataformas culturales y en defensa de la lengua se está llegando a la conclusión de que no hay bastante con pronunciamientos y mociones (ni con el envío de postales a la Moncloa), que hay que defender los derechos nacionales y sociales con movilizaciones masivas y contundentes, para contrarrestar la presión política y mediática que se está ejerciendo desde todos los ámbitos del estado.
También alguna cosa se está moviendo entre los sectores independentistas más radicales. Muchos de ellos ven como la denuncia indiscriminada (en nombre de la unidad de los Països Catalans) de los procesos de reforma estatutaria (donde entrarían el proyecto del Principat i del País Valencià, y porqué no, el Plan Ibarretxe) aparte de inoperante, resulta incomprensible para la mayoría de la gente. Por muy moderado que quiera ser el proyecto de Estatut presentado por el Parlament, resulta evidente que la definición de Catalunya como nación,la descentralización del poder judicial o de los servicios de la Seguridad Social, la autonomía tributaria y las relaciones de bilateralidad que se reclaman están sacudiendo el sistema autonómico actual y reabriendo el debate sobre la plurinacionalidad del estado.
Se están dando, por tanto, las condiciones para una amplia convergencia de fuerzas que impulse la movilización democràtica de la población. Los primeros pasos en esta dirección los están dando las organizaciones que se están agrupando en la plataforma “Pel dret de decidir”. Evidentemente el camino no es nada fácil. Las diferencias de posiciones sobre el actual proyecto pueden semblar abismales, pero se pueden superar si todo el mundo tiene claro que lo que está en juego no son unos contenidos concretos del nuevo estatut sino el reconocimiento de Catalunya como nación, la autoridad política del propio Parlament y la capacidad de decidir sobre cuestiones fundamentales como la educación, la sanidad, la lengua, los derechos sociales o la estructura tributaria.
Hoy la lucha por la autodeterminación y la soberanía pasa por hacer frente con todas las fuerzas disponibles a la ofensiva de la derecha y del nacionalismo español excluyente y sólo a partir de la movilización masiva de la ciudadanía el eventual fracaso del nuevo Estatut podrá abrir paso al cuestionamiento del actual modelo constitucional.




















