Marta D. y Albert M.
Planeta finito, recursos limitados
La abundante disponibilidad de petróleo barato ha posibilitado que un tercio de la población mundial goce de un nivel de vida exageradamente superior al que ha ha+-bido en cualquier época o cultura anteriores. Esto ha sido posible a base de explotar los recursos naturales del planeta, de aniquilar otras culturas y de aprovecharse del uso de mano de obra en condiciones infrahumanas, así como de contaminar los ecosistemas a un ritmo mucho más alto de aquel al que se pueden regenerar. Sin olvidar que la quema masiva del petróleo y en general de los diferentes combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas natural) está incrementando de manera notable la concentración de gases en la atmósfera, produciendo cambios profundos en el equilibrio climático global.
No existe en la naturaleza ningún elemento con las cualidades y prestaciones del petróleo, del que la humanidad ha extraído en tan solo 100 años aproximadamente la mitad de las reservas existentes inicialmente, que necesitaron millones de años para formarse.
La dependencia del oro negro
El principal uso del petróleo es el transporte (más del 90% depende de él) pero también lo encontramos asociado a la mayoría de los procesos productivos, tanto en forma de materia prima como en forma de carburante:
- Se utiliza como combustible en la fabricación de energía en centrales térmicas
- Lo encontramos en la fabricación de materiales para la construcción y para infraestructuras viarias.
- Se encuentra en el ciclo de fabricación de los plásticos, productos químicos, componentes electrodomésticos, cueros sintéticos, detergentes, productos de limpieza, cosméticos,pinturas, aditivos alimentarios, lubricantes, aislantes, fibras sintéticas para ropa...
- Es también el principal responsable de los avances en medicina, al permitir la producción masiva de medicamentos.
- La producción intensiva de alimentos basada en grandes extensiones de regadíos, la mecanización y el uso de fertilizantes e insecticidas, se basan en el petróleo.
No es sorprendente pues, que si todo el funcionamiento del sistema depende mucho de un recurso, cualquier pequeña variación en su precio o en la cantidad extraída haga temblar las economías.
El final de determinados recursos energéticos como el petróleo, el gas o el carbón, es bien conocido. Estamos llegando a los años en los que, según ya venían advirtiendo desde hace décadas los más eminentes geólogos, comience la irremediable e irreversible disminución en su disponibilidad, sin que exista ningún recurso para reemplazarlo. Los grandes poderes mundiales que controlan la política, la economía y los medios de comunicación vienen ocultando como pueden la realidad. Todas las guerras en las que han participado, más o menos directamente, las grandes potencias en las últimas décadas están relacionadas con el control de las principales reservas de petróleo y gas natural existentes en la Tierra, incluidas la de Vietnam, Indonesia-Timor, Angola, Argelia, Congo, Nigeria, Guatemala, Malvinas, Chechenia, Ecuador-Perú, Irán-Iraq, Balcanes o las recientes invasiones de Afganistán e Irak.
¿Hasta cuando? La llegada de la era del petróleo caro y de baja calidad
Cada vez que el precio del crudo sube y llega a máximos históricos nos acordamos de la dependencia mundial que tenemos de este elemento. Estamos llegando al momento en que, a diferencia de otras crisis, la subida no se parará. Numerosos especialistas afirman que la subida de los precios actuales no es debida a un ejercicio de poder de los países productores, sino a la combinación del agotamiento de reservas de petróleo, la baja calidad del petróleo extraído y al incremento sin fin de la demanda mundial.
La cuestión a la que todo el mundo busca respuesta no es cuándo se extraerá la última gota de petróleo presente en el subsuelo, sino en qué momento la producción de petróleo no podrá cubrir la demanda, cuando comenzará a escasear el petróleo abundante y barato, hecho que se conoce como el “cénit del petróleo”.
La producción de cualquier pozo petrolífero a lo largo de su tiempo de vida útil sigue una curva en forma de campana llamada “Curva de Hubbert”. El punto de la curva en que se llega a la máxima producción es denominado “cénit del petróleo”. Se llega aproximadamente cuando se ha sacado la mitad del petróleo existente. A partir de aquel punto, irremediablemente, cada año se producirá menos que el año anterior. Además, según avanzamos en la curva, el crudo extraído es cada vez de menos calidad y es necesaria más energía para extraerlo. Llega un momento en que, a pesar de quedar petróleo, su extracción necesita más energía que la propia producida por el petróleo extraído y por tanto ya no es rentable extraer el que queda.
Aunque no podemos saber con exactitud la fecha de llegada al cénit mundial, los geólogos vienen estimando que se producirá en la presente década. A pesar de que hay estudios que afirman que tenemos petróleo hasta dentro de 50 años, según la ASPO (Asociación para el Estudio del Cénit del Petróleo, www.crisisenergetica.org) la llegada se estima hacia el 2008. En realidad no se sabrá que ha pasado hasta después de tres o cuatro años de haberse superado el cenit, pues la producción varía cada año. Además, las reservas actuales existentes pueden ser menores que las publicadas en los años 80 por las grandes multinacionales y gobiernos implicados, que exageraron sus reservas para que se les permitiese aumentar las cuotas de producción en el mercado mundial.
Hacia el final del petróleo: los retos
Resulta pues impensable que antes de la llegada del cénit del petróleo aparezca una fuente de energía que pueda sustituirlo como combustible para el transporte mundial, pues no sólo debería de ser técnicamente posible su producción a gran escala y en un tiempo breve sino que se debería de sustituir en un breve espacio de tiempo, y/o adaptar con una rapidez extraordinaria, todos los vehículos del planeta (unos 800 millones de coches, camiones, aviones, barcos..) Tampoco existe ninguna alternativa que de momento pueda sustituir el petróleo en la fabricación de más de 3000 productos derivados de éste y que son esenciales en la industria para mantener el ritmo de vida actual en determinados países.
No existe una medida única para solucionar los retos que nos plantea el final del petróleo y en conjunto la demanda creciente de energía. Es obvio que durante el siglo XXI se deberá de producir una transición hacia otras fuentes energéticas, tanto por al agotamiento de las actuales como por las consecuencias ambientales provocadas por su uso. El problema es que, a pesar del actual incremento, con la suma de todas las fuentes energéticas que utilizan recursos renovables no podemos llegar a fabricar, ni mucho menos, la cantidad de energía que actualmente se utiliza y menos aun la que se necesitará en el futuro, teniendo presente que dado el crecimiento mundial, y si nada cambia, la demanda energética aumenta cada año en un 2-3%.
La otra gran “alternativa” anunciada, es retomar el uso de la fisión nuclear, así como la promesa incumplida del desarrollo de la fusión nuclear. De nuevo otra falacia que nos llevaría todo un artículo discutir.
Dada la falta de alternativas energéticas para cubrir la demanda actual y futura de energía, el único camino posible es disminuir el consumo, recuperando las redes de producción-distribución
locales, mejorando la eficiencia energética de los procesos, disminuyendo nuestro consumo en general...
El final de la era de los hidrocarburos puede ser el detonante para la crisis de un sistema capitalista basado en las posibilidades de un crecimiento económico ilimitado. Ante este horizonte incierto, se entrevén los peligros que comporta una futura crisis económica y social. Las grandes potencias ya mueven fichas por medio de “guerras de recursos”, aumentando su influencia sobre los países con reservas.
Es preciso que cualquier alternativa al capitalismo no se base en un sistema productivista, de crecimiento continuo y sin límites. Ha de funcionar dentro de los límites de la biosfera, e integrar las consecuencias ambientales de los procesos productivos dentro de su propio funcionamiento. Por otro lado se deberá de enfrentar a la enorme responsabilidad de encontrar soluciones ante la gran crisis energética que se anuncia.
* Traducción al castellano de Miquel García
















