El 'Bloco de Esquerda' mantiene su influencia
Por primera vez en Portugal, la derecha gana una elección presidencial. El ex-jefe de gobierno Cavaco Silva, derrotado por el socialista Sampaio en 1996, ha sido ahora elegido en la primera vuelta con el 50.6%. Menos de un año después del desastre electoral de PSD/CDS, la derecha está de celebración otra vez. Pero esta es principalmente una victoria para el gran centro liberal: Cavaco enfocó su campaña en cooperación estratégica con el gobierno socialista.
Para el Partido Socialista, es una gran derrota. Su dirección no pudo evitar la existencia de dos candidatos. Manuel Alegre debía ser el oficial. Poeta bien conocido y anterior exiliado, Alegre se beneficia de una aura utopista (absolutamente inmerecida: como primer diputado socialista durante 30 años, todo lo que hizo fue votar por políticas liberales). Pero después del verano, Mario Soares, de 81 años, ex-primer ministro y ex-presidente, anunció su presentación como candidato. Soares, como Alegre, era una quinta opción, tras el rechazo de varios potenciales candidatos del área socialista a enfrentarse a Cavaco. El PS comenzaba como perdedor y todo fue a peor con Soares apoyando al gobierno liberal de Socrates. El resultado ha sido una extraña situación en la que un ex-presidente, apoyado formalmente por el gobierno, termina con un 14% del voto. Alegre, con el traje de ciudadano independiente contra las burocracias del partido, propuso un voto de protesta contra el PS oficial. Consiguió el 20%.
De todas formas, no cabe esperar buenas noticias de esta marejada en aguas socialistas. Alegre, de 70 años, está listo para volver al parlamento, donde permanecerá bajo la fría mirada de sus colegas. En el congreso socialista siguiente, Socrates pondrá la casa en buen orden. No le será difícil: no hay ni rastro de programas alternativos. Los seguidores de Alegre se agruparon en torno a él por su carácter simpático (a medias poeta antifascista, a medias un 'dandy' portugués) y por quejas internas en el PS. Los votos vinieron de la furia popular contra Socrates.
El candidato del Bloco de Esquerda se enfrentaba a este complicado escenario en el nombre de una alternativa a construir en la izquierda portuguesa. "Mañana estaremos aquí", cantaban militantes del Bloco en la tarde del domingo. Tenían razones de celebrarlo: fue una campaña larga e insoslayable, que tuvo algunas de las reuniones más numerosas conseguidas por la extrema izquierda desde la revolución, y Francisco Louçã consigue el 5.3%, casi 300.000 votos, el segundo mejor resultado del bloque en sus 7 años. Geográficamente, Louçã tuvo un voto muy homogéneo. Y especialmente bueno en la isla de Madeira (el 7.8%), gobernada desde hace 30 años por un cacique de la derecha autoritaria.
El candidato del Partido Comunista (su secretario, Jerónimo de Sousa) ha conseguido un pequeño crecimiento, hasta el 8.5%, confirmando que al cambiar a su líder el PC también cambió el humor de la prensa y dió un nuevo aliento a los militantes. Su reunión central en Lisboa reunió a unas 20.000 personas, y fue una auténtica demostración de fuerza.
Normalmente, en tres años no habrá elecciones en Portugal. Esta elección estabiliza el marco político durante un tiempo: el nuevo presidente será ahora un polo de atracción hacia la derecha, y el primer ministro socialista Socrates agradecerá esta excusa. Los empresarios lo apoyaron el pasado mes de febrero, igual que ahora apoyaron a Cavaco: en el nombre de la estabilidad. La estabilidad empresarial está al mando. Hora para la izquierda de movilizar.
* Recibido de la lista de correo de IV Internacional-Europa. Traducido al castellano por la redacción de corriente alterna.


















