Dossier: Día Internacional de la Mujer
análisis | mujeres

-> Campaña de movilización para el 8 de marzo: Llamamiento mundial de las mujeres por la paz
-> América Latina: Las muejres siguen segregadas (Adital)
-> Guatemala. Feminicidio: facetas visibles y oscurecidas - Diana García
-> Amina Lawal, símbolo de la lucha de los derechos de la mujer
-> Los feminismos a través de la historia - Ana de Miguel
-> El verdadero origen del 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora - Vito Gianotti


Campaña de movilización para el 8 de marzo: Llamamiento mundial de las mujeres por la paz

Texto completo y camapaña de firmas en: http://www.womensaynotowar.org/

Nosotras, las mujeres de los Estados Unidos, de Iraq y las mujeres de todo el mundo, decimos Basta a la guerra de Iraq y a todas las guerras. Basta a los crueles ataques contra otros pueblos del mundo.

Hemos enterrado a demasiados de nuestros seres queridos. Hemos visto demasiadas vidas mutiladas por las heridas físicas y psicológicas. Hemos mirado con horror como nuestros vitales recursos son utilizados para la guerra mientras no podemos acceder a las necesidades básicas de nuestras familias, como la comida, el alojamiento, la educación y el acceso a los cuidados sanitarios y médicos.

No podemos vivir con el miedo constante frente a la amenaza de la violencia y ver como crece el cáncer del odio y la intolerancia que se apoderan de nuestras casas y comunidades. Vemos como la ocupación extranjera en Iraq ha originado un movimiento armado, perpetuando un ciclo de violencia sin fin.

Pedimos que se lleve a cabo la transición de un modelo militar a un modelo de resolución pacífico del conflicto, que incluya los factores siguientes:

- La retirada de todas las tropas y combatientes extranjeros de Iraq;

- Negociaciones para las incorporación de los/las iraquíes desplazados/as en todos los aspectos de la sociedad iraquí;
- La plena representación de las mujeres en el proceso de paz y un compromiso con la igualdad completa de la mujer en Iraq después de la guerra;

- Un compromiso que descarte la construcción de cualquier base militar extranjera en Iraq;

- El control del petróleo y todos sus recursos por el pueblo de Iraq;

- La anulación de las leyes de privatización y de desregulación, impuestas bajo la ocupación, permitiendo a los/las iraquíes orientar su propia trayectoria económica de la postguerra;

- Para avanzar en este proceso de paz, estamos creando un movimiento masivo de mujeres, que abarca múltiples generaciones, razas, etnias y religiones;


- Pedimos la unión de toda la comunidad humana para avanzar en los valores de la Paz, el Amor y protección del Planeta Tierra.
8 de marzo del 2006, Día Internacional de las mujeres.


América Latina: Ls mujeres siguen segregradas

Adital: http://www.adital.com.br/

Entre 1990 y 2004, 33 millones de mujeres entraron a formar parte del mercado del trabajo de América Latina. Las mujeres representan ahora 40 por ciento de la población económicamente activa en las áreas urbanas de la región. Un reciente estudio de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) sobre los progresos obtenidos por las mujeres en la participación en la fuerza de trabajo muestra resultados mixtos en lo que se refiere al acceso a trabajos de calidad, desempleo, remuneración y protección social.

Casimira Rodríguez Romero, hija única de una familia pobre, comenzó a trabajar a los 13 años como empleada doméstica. En 2001, esta mujer quechua de 39 años, que ha experimentado en primera persona la situación de alrededor de 11 millones de trabajadores domésticos en América Latina, se convirtió en la secretaria general de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO).

En la actualidad, Casimira es Ministra de la Justicia y Derechos Humanos de su país. Y además ha propuesto una iniciativa legislativa para regular el trabajo doméstico. La ley fue aprobada por el Congreso boliviano, pero no ha sido aplicada cabalmente. "La ley no es suficiente", dijo la ministra. "La sociedad debe comprenderla y asimilarla como un acto de justicia".

Según el nuevo estudio de la OIT, el servicio doméstico, que representa 15,5 por ciento del total del empleo femenino del subcontinente, está en expansión. "La segregación laboral que confina a las mujeres en los niveles menos privilegiados continúa existiendo", dijo Maria Elena Valenzuela, coautora del estudio.

Pero el estudio identifica también tendencias positivas en el mercado laboral de América Latina. Las mujeres representan ahora cerca de 40 por ciento de la población activa de las áreas urbanas. La tasa de la participación de las mujeres creció de 39 por ciento en 1990 a 44,7 por ciento en 2002, mientras que la tasa masculina permaneció más o menos estable, cerca de 74 por ciento.

"Por otro lado, las tasas de participación femenina en América Latina continúan siendo muy bajas comparadas con las de los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) donde, en 2001, fue de 62,1 por ciento en Francia y de 72,5 por ciento en Estados Unidos", comentó Valenzuela. "Estas tasas varían mucho de país en país en América Latina, entre 42 por ciento en Chile y 58 en Guatemala", agregó.

Además, el desempleo es más alto entre las mujeres que entre los hombres. En 2004, cerca de 9,4 millones de mujeres de las áreas urbanas estaban desempleadas, 6,8 millones más que en 1990. Si bien el desempleo afectó ambos sexos, el aumento fue mucho mayor entre la fuerza laboral femenina: entre 1990 y 2004 la tasa de empleo masculina aumentó de 5,3 a 9,1 por ciento, mientras que la tasa femenina registró un incremento de 6,5 a 13 por ciento.

El estudio atribuye el auge de la participación de las mujeres en el mercado del trabajo a la mejor escolarización, al crecimiento urbano, a la disminución de la tasa de fertilidad y a los nuevos patrones culturales que favorecen su autonomía. Un aumento substancial del número de hogares encabezados por mujeres, que varía de 19 a 31 por ciento, también tuvo un papel importante.

Como resultado de la crisis económica en América Latina, un gran número de mujeres pobres se ha integrado al mercado del trabajo y la brecha en la participación laboral entre las mujeres pobres y el resto de la población femenina es menos evidente. En 1990 la cifra para las mujeres pobres era de tan solo 28,7 por ciento, mientras que la de las mujeres con altos ingresos era de 50,7 por ciento. La distancia se redujo de manera considerable en 2000 cuando 39,3 por ciento de las mujeres pobres y 54,6 por ciento de las mujeres con altos ingresos tenían empleo.

En 2003 cerca de la mitad de las mujeres con empleo en América Latina trabajaban en el sector informal. Desigualdad de género agravada por discriminación étnica: un gran número de mujeres provenientes de grupos indígenas y de origen africano enfrentan desventajas y varias formas de segregación en el mercado laboral.

En Brasil, por ejemplo, 71 por ciento de las mujeres negras trabajan en el sector informal, una proporción mayor que los hombres negros (65 por ciento), las mujeres blancas (61 por ciento) y los hombres blancos (48 por ciento). En Guatemala, sólo 10,6 por ciento de la población indígena con alguna forma de empleo trabaja en el sector formal de la economía, comparado con 31,8 por ciento de los trabajadores no indígenas.

El estudio confirma también que las mujeres continúan en desventaja en lo que se refiere a la protección social. La mayoría de las mujeres de América Latina con más de 65 años no recibe jubilación ni ninguna otra forma de pensión porque pasaron toda su vida adulta haciendo trabajo doméstico no remunerado y labores del hogar.



Feminicidio: facetas visibles y oscurecidas (Guatemala)

Diana García / Revista Pueblos: http://www.revistapueblos.org/

Aunque hay un debate en marcha y un conjunto de definiciones todavía en construcción, "feminicidio" es el vocablo de uso más común en la sociedad guatemalteca para dar nombre a los asesinatos de mujeres. Hace ya cinco años que cada mañana vemos rostros, nombres, historias. Llega la noche, y no terminamos de llenar el silencio. Y seguimos sin conocer los rostros y los nombres de los responsables. Más de mil mujeres han sido violentadas y asesinadas en los últimos cinco años en Guatemala. Y en respuesta, los medios de comunicación y las autoridades nos ofrecen versiones para el consumo, insumos inútiles para explicar el sinsentido de lo que ocurre.

Hipótesis, argumentos, razones...

De acuerdo con la revista Gobernanza, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha situado a Guatemala a la cabeza de los países con un mayor número de homicidios de mujeres en América Latina. Teniendo ya ese récord, ¿hemos avanzado en nuestra comprensión de lo que está sucediendo? ¿Y en qué medida las estadísticas, los modos de operar que se describen y las hipótesis que se manejan están dando cuenta de lo que acontece? "El fenómeno" -en singular- se describe muchas veces como una "epidemia" que caracteriza a "estas sociedades en descomposición" o socioculturalmente machistas, que han dejado de tolerar que las mujeres "salgan a la calle". Se nos dice que estas muertes "no son más" que la máxima expresión del uso, costumbre y normalización de la práctica cotidiana de la violencia contra las mujeres. Que el empobrecimiento agudizado en las últimas dos décadas por la aplicación de políticas neoliberales se desahoga en violencia por la frustración acumulada en los sujetos más vulnerables. Que la apropiación del cuerpo de las mujeres forma parte de las lógicas de territorialización de las pandillas o del crimen organizado. O que la postguerra, junto a las prácticas represivas que la acompañan, marcaría las herencias que por mucho tiempo aún acarrearemos. ¿Cuál de todos estos argumentos es realmente así?

Sabemos -como muchos análisis lo reflejan- que el contexto que ha posibilitado el incremento de estos crímenes se ha fundamentado en la irresponsabilidad del Estado y del sistema de justicia, al no investigarlos ni sancionarlos. El Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala (ICCPG) nos recuerda que la acción selectiva y criminalizante del poder punitivo del Estado no puede ni debiera considerarse como la institución encargada del combate y erradicación de la violencia.

A la par, la corrupción, la impunidad y las redes delictivas incrustadas en las fuerzas de seguridad del Estado han sido también ampliamente señaladas por diversos sectores. Y las instancias sociales más cercanas al quehacer del sistema de justicia han denunciado y propuesto un sinnúmero de alternativas ante la crisis del sistema de justicia penal, asociada tanto a la crisis de la Policía Nacional como al colapso del sistema carcelario.

El movimiento de mujeres también ha evidenciado en innumerables ocasiones la serie de trabas y vacíos que la legislación actual interpone aún para la persecución penal de los hechos de violencia contra las mujeres, legitimando así las prerrogativas del poder masculino en la sociedad guatemalteca. Se ha demostrado cómo las que podrían simplemente considerarse como "malas prácticas del sistema de justicia" son más bien formas de victimización secundaria y de "disciplinamiento" de lo femenino.

Los principales aportes de las mujeres organizadas, además de demandar la visibilización de la problemática y respuestas coherentes del Estado, son los esfuerzos que desde hace más de tres décadas realizan para desvelar los contenidos ideológicos con los que el patriarcado institucionaliza, legitima, justifica y naturaliza los actos de violencia contra las mujeres.

Habiendo contribuido que la sociedad tome conciencia de que los sistemas de registro e información oficial no llegan a reflejar las dimensiones ni la magnitud de estos crímenes, la mayoría de los medios de comunicación continúan haciendo un uso poco responsable de la información. La saturación de determinados mensajes, y el manejo que muchas veces dan a los datos, no sólo han elevado la percepción de inseguridad y vulnerabilidad entre las mujeres, sino que han alimentado el grado de generalización, confusión y simplificación sobre una realidad social muy compleja.

Nuestras carencias se nutren también de esfuerzos investigativos y analíticos de carácter multidisciplinario y multisectorial que nos permiten identificar con más claridad tanto a los diferentes actores, como los distintos niveles de responsabilidad con los que cada uno de ellos y nosotros participamos.

Una clave: la niñez y la adolescencia

Enfrentamos la necesidad de desenmascarar las facetas históricas, políticas, sociales y culturales -también las económicas- que a nivel local, regional y global puedan estar operando. Llegar a conocer los rostros y los nombres de los responsables demanda nuestra capacidad de construir perspectivas que no se excluyan entre sí. Pero atrevernos a interpretar este sufrimiento social que ahora compartimos -no sólo para sobrevivirlo sino para erradicarlo- no pasará sólo por la realización de esfuerzos concentrados y coordinadamente sistemáticos a todo nivel. Un desafío así requerirá que las mujeres estemos dispuestas a sumergirnos en las etapas en las que se han entrañado nuestros miedos y se nos han encarnado los silencios.

La niñez, la adolescencia y la juventud de las mujeres tienen mucho que ver con los roles de género con que nos construimos, que después nos negamos a seguir aceptando por habernos sido tan arbitrariamente asignados desde pequeñas.

Pero, ¿qué tiene que ver la niñez y la adolescencia con el feminicidio? Desde el año 2000 las cifras de muertes violentas de mujeres no han dejado de crecer en Guatemala. El pico máximo se puso de manifiesto en 2004 con la muerte de 527 mujeres. El Instituto Nacional de Estadística (INE) da cuenta que en 2000-2004 el total de mujeres asesinadas fue de 1.501. Al incluir los primeros cinco meses del 2005, el Grupo Guatemalteco de Mujeres (GGM) reporta que las víctimas suman ya los 1.882 casos.

Establecer los móviles que estuvieron detrás es complicado, ya que al menos el 40% de los casos han sido archivados y no llegaron a ser objeto de investigación. Y así, los indicadores siguen siendo descriptivos. De acuerdo con el INE, en 2002 el 27.6% de las víctimas registradas fueron niñas y adolescentes menores de 18 años y el 42.6% tenía menos de 29 años de edad. Un año más tarde, el 23.2% de las muertes correspondieron a mujeres menores de 18 años y el 33.7% a mujeres de menos de 30. De acuerdo a la Procuraduría de Derechos Humanos, en 2003 el 56.9% de las muertas con violencia fueron niñas, adolescentes y jóvenes menores de 30 años.

De acuerdo con el informe de 2004 Situación de la niñez en Guatemala, de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (ODHAG), las fuentes hemerográficas registraron 108 muertes violentas de mujeres menores en 2002 y llegaron a 256 en 2004. La Policía Nacional Civil (PNC) reportó un total de 1.400 asesinatos de menores en sólo tres años a nivel nacional. El Organismo Judicial dio cuenta de 862 homicidios de menores en dos años sólo en el departamento de Guatemala.

Cada vez más expectativas y cada vez menos oportunidades

Está claro que los registros de las distintas fuentes se intersectan y que la realidad que estamos experimentando es tan dura como compleja. ¿Quizá, de formas menos visibles, también la niñez y la juventud estarán siendo abatidas por la irresponsabilidad del Estado y una alta "tolerancia" social ante niveles tan indiscriminados de violencia? ¿Podrían estas muertes violentas de menores entrar en lo que podemos definir como feminicidio? ¿Existen relaciones de poder entre los géneros o intra-género que las podrían estar "justificando"? ¿Contamos con las evidencias suficientes para descartar esa posibilidad?

El patriarcado, como una forma de ejercer el poder y de someter simbólica, física y materialmente a las mujeres para garantizar su reproducción, no podría restringir su dominio sólo a esa "otra" biológicamente diferente y generacionalmente semejante. Para poder seguir existiendo el poder patriarcal busca incansablemente controlar y gobernar las energías, los tiempos, los espacios, los significados y las maneras permitidas del ser de las mujeres. También el de las niñas y el de las adolescentes y también el de los hombres de las nuevas generaciones.

Aún no contamos con suficientes investigaciones sobre el feminicidio en Guatemala, pero los distintos informes hasta ahora trabajados coinciden en que la mayoría de víctimas son mujeres jóvenes, que provienen de las clases populares, cada vez más empobrecidas. De los barrios, colonias y asentamientos de una ciudad, en la que mientras las expectativas y los espacios imaginarios tienden cada vez más, a expandirse, los espacios de vida y de seguridad se han restringido hasta llegar en muchos casos a desaparecer, como señala la historiadora Deborah Levenson.

Diferentes trabajos muestran que sin que la problemática haya dejado de afectar a las áreas rurales, su expresión más aguda se pone de manifiesto en las zonas urbanas, mal denominadas "rojas"; y que la versión más fácil de asumir, simple y hasta funcional a múltiples intereses, es la que pasa por atribuirle una mayor carga de responsabilidad a una juventud sistémicamente "restringida", que nace fuertemente condicionada y a la que se le ha ido "criminalizando" cada vez más -como acción, no únicamente como reacción ni representación- a través de maras y pandillas.

Quizá la juventud tenga tanto que ver con nosotras, como nos atrevamos a pensar, corriendo el riesgo que posibilite el encuentro de lo común y lo diferente de nuestras identidades. Tanto como queramos unificar criterios y evitar la fragmentación de nuestros esfuerzos. Tanto como nos decidamos a tomar distancia de la estigmatización, criminalización y represión con que se está marcando a las nuevas generaciones.

¿Un problema sólo de las mujeres?

¿Es el feminicidio un asunto sólo de las mujeres? Es increíble, pero a veces así lo pareciera. Lo parece cuando las instituciones consideran la violencia sexual ejercida contra las mujeres como un exceso normalizado del delito de homicidio. Cuando su cuerpo es cosificado por el sistema de justicia al permanecer la alternativa de la indemnización económica a las sobrevivientes de delitos sexuales como una medida sustitutiva de la persecución penal. Cuando esta indemnización se equipara con la reparación propia de otros delitos "menores". Cuando los delitos de violencia sexual no son considerados por el Código Penal como de interés público y continúan siendo entendidos como propios de la esfera privada o no llegan a ser social ni jurídicamente definidos como una fuente de amenaza de la convivencia ni de la seguridad ciudadana.

El feminicidio pareciera ser un problema de las mujeres cuando el Poder Legislativo continúa impunemente sin dar respuesta a las demandas de las organizaciones feministas por tipificar el delito de la violencia intrafamiliar y el acoso sexual, o cuando las postergadas reformas al Código Penal -que incluyen la desaparición de figuras jurídicas como el rapto propio o impropio- continúan legitimando desde el Estado la violación de los derechos humanos de las mujeres. Esta posición sistemática del Estado para mantener la "permisividad" en el carácter de la justicia asociada a la violencia física y sexual encuentran suficiente apoyo en la racionalidad económica y política vinculada al auge de la mercantilización de los cuerpos de las mujeres, niñas, niños y adolescentes, y en el cada vez más acelerado incremento de las ganancias de la industria pornográfica y el turismo sexual Norte-Sur.

Los liderazgos masculinos del movimiento social no las acompañan

Pareciera también el feminicidio un problema que sólo incumbe a las mujeres cuando siguen siendo las expresiones de mujeres organizadas, como la Red de la No-Violencia contra las Mujeres, la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas, Tierra Viva o el Sector de Mujeres, entre muchas otras, las que después de tantos años continúan realizando esfuerzos para construir convergencias con el movimiento de la niñez y la juventud y no terminan de verse ni sentirse acompañadas por otras expresiones del movimiento social en su conjunto.

La falta de apropiación de las demandas de las mujeres por el movimiento sindical, campesino, indígena o de derechos humanos no sólo refleja cómo los liderazgos masculinos que caracterizan a estos grupos aún no han avanzado en su nivel de conciencia mucho más allá de lo que la gestión desarrollista de recursos vinculada a la denominada "perspectiva de género" exige, sino que han pasado por alto que la transformación de la sociedad guatemalteca no será posible sin dar pasos contundentes para resquebrajar los múltiples y polifacéticos nodos que fundamentan las jerarquías del orden patriarcal.

Cuando el feminicidio es entendido como un problema de las mujeres se alimentan los argumentos que son utilizados para minimizar y deslegitimar sus luchas.

El mismo crimen, diversas realidades

¿De cuál feminicidio hablamos? Con unos veinte años desde que el término generocidio fuera acuñado por Anne Warren, en Guatemala es reciente una socialización más amplia de la discusión relacionada con la pertinencia o no del término femicidio o feminicidio.

Resulta necesario recuperar el significado del "generocidio" y considerar la importancia que ha tenido evitar la neutralidad de género. ¿Exterminio de personas a partir de su sexo? ¿Muerte por razones de género? ¿Asesinato por odio a las mujeres hecho por hombres? ¿Homicidio de mujeres como una forma extrema de la violencia contra las mujeres?

Ha sido preciso explicitar la diversidad de realidades en las que estos crímenes pueden darse para incluir categorías como las del "feminicidio íntimo" y "no íntimo" desarrolladas a partir del tipo de relación entre la víctima y el victimario; las de "feminicidio accidental" o "por conexión" -asociada a la defensa de alguien más-, haciendo alusión a la pluralidad de circunstancias bajo las que las muertes pueden darse. O las de un feminicidio en el que la violencia sexual puede o no estar presente, como un indicador asociado al tipo de relaciones de poder que intervienen. Todas estas caracterizaciones han sido avances fundamentales, abriendo el camino para una serie de consideraciones aún por desarrollar.

Sin lugar a dudas la diferenciación entre genocidio y la realización de actos genocidas establecida dentro del marco jurídico internacional puede aportamos elementos importantes. La concepción de un feminicidio que no se restrinja a la eliminación física de las mujeres; el reconocimiento de la existencia de una diversidad de preferencias sexuales que tensan el poder del patriarcado y no se limitan a la dicotomía biológica de los sexos en su papel de víctima ni de victimario; el significado de las formas explícitas de la misoginia, en tanto que manifestaciones inconscientes de una subjetividad colectiva que inferioriza a las mujeres pueden ser igualmente contundentes. Y como Martín-Baró señala, es necesario considerar también el carácter terminal, pero también instrumental que el ejercicio de la violencia puede llegar a tener de acuerdo a las circunstancia del contexto que lo hace posible.

Cifras europeas, latinoamericanas, centroamericanas


En el año 2003, el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia publicó datos del año 2000 sobre la incidencia del "femicidio" en Europa. El informe mostró cómo países como Alemania, Rumania, el Reino Unido, Polonia, España e Italia encabezan la lista con el mayor número de homicidios contra mujeres, con cantidades que van de las 437 a las 186 víctimas anuales. La prevalencia de asesinatos por cada millón de mujeres reposiciona en la lista a países como Estonia, Rumania, Suiza, Finlandia e Islandia, que oscilan entre las 47 y las 14 muertes violentas. Así, el feminicidio o femicidio no es ajeno al mundo y ha sido constatado en diversas sociedades.

Desde una perspectiva latinoamericana analizada por la CIDH, la revista Gobernanza da cuenta que, tras Guatemala, con una tasa de 69.98 crímenes por cada 100 mil habitantes, continuaba Colombia con 65, Venezuela con 33, Brasil con 25 y México con 12.5.

Junto a las altas tasas de prevalencia, es importante notar que no se cuenta con suficiente información para plantear un aumento en el número de muertes violentas sin descartar el papel que juegan las variaciones debidas a la calidad de los registros, que en períodos tan cortos de tiempo tampoco son un factor suficiente para justificar las brechas que, por ejemplo en España, se están observando. A nivel centroamericano, mientras en el año 2000 se reportaron en Honduras 21 casos, en el 2002 el número había aumentado a 70. En Guatemala, las cifras han crecido de acuerdo al INE en un 112% entre 2000 y 2004.

¿Coinciden nuestras realidades?

Teniendo en común una serie de desafíos a enfrentar, pareciera también necesario preguntarnos: ¿En qué medida nuestras realidades son coincidentes? ¿Hasta qué punto la razón patriarcal que se comparte encuentra los mismos canales para expresar su dominio y manifestarse? ¿Cuáles son esas facetas visibles y visibilizadas, también ocultas y oscurecidas, del feminicidio en Guatemala?

Retomando de nuevo el caso de España, las fuentes suelen reportar como femicidios los asesinatos ocurridos en "el ámbito de pareja (actual o anterior)". Allá, la casi totalidad de las víctimas estaban comprendidas entre los 21 y los 40 años de edad.

De acuerdo con un estudio realizado por Ana Carcedo y Monserrat Sagot, abarcando la década de los 90 en Costa Rica, murieron un promedio de 31 mujeres por año y el 61% de los casos se dio en el seno de las relaciones de pareja. En El Salvador, de las 134 mujeres asesinadas en 2000-2001 según CEMUJER -citado por Isis Internacional- el 98.3% murieron en el marco de las relaciones de pareja. Un estudio realizado por PROFAMILIA en la República Dominicana muestra la misma tendencia: la mayor proporción de víctimas murió en el marco de las relaciones de poder establecidas con sus parejas o ex-parejas, y resultó asesinada, sobre todo, con arma blanca y sin señales de tortura. Los agresores tenían en su mayoría antecedentes judiciales previos, estaban en buena medida desempleados y cometieron suicidio luego de matar a sus víctimas.

Guatemala: ineficacia, impunidad y muchas preguntas pendientes

En el caso de Guatemala, la falta de responsabilidad estatal para asumir la investigación y la persecución penal de los responsables no nos permite llegar todavía a conclusiones. De acuerdo con Claudia Paz, del ICCPG, de los 527 casos registrados por la PNC en el 2004, únicamente dos fueron llevados a debate por el Ministerio Público, lo que pone en evidencia el alto grado de inefectividad del sistema de justicia y la impunidad prevaleciente. Existen también serios problemas para definir una tipología coherente, capaz de dar verdadera cuenta a nivel institucional de los móviles de los homicidios. La alta incompatibilidad entre las instituciones que existen, construidas por diferentes instancias del Estado, sólo suma dificultades para llegar a comprender mejor esta problemática.

Un ejemplo claro se encuentra en la referencia del informe Homicidios de mujeres 2003-2004 del Servicio de Investigación Criminal de la PNC para la ciudad capital. En él se indica que, de acuerdo al análisis de los casos de los que tuvo conocimiento, "un 21% corresponde a homicidios cuyo origen proviene de los problemas entre maras y otro 21% a problemas personales, un 17% corresponde a homicidios por problemas pasionales, 10% cuyo móvil es el robo, un 9% se deriva de problemas del narcotráfico, un 5% por violación, un 4% se debe a balas perdidas, el restante 13% comprende a suicidios, robo de vehículos, violencia intrafamiliar y móvil ignorado". En una investigación especial sobre la muerte violenta de mujeres realizada en 2003, la Procuraduría de Derechos Humanos clasificó los casos como: muertes por delincuencia, por mara, con características extrajudiciales o de "limpieza social", con características sicópatas, con características maníacas -en las que hubo abuso y/o violación sexual- y muerte por negligencia o accidente.

En otros países de la región, ¿cómo se llegó a establecer la caracterización y los móviles del feminicidio? Resulta innegable que en Guatemala precisar los términos y las categorías, y sobre todo los marcos de interpretación necesarios para comprender requerirá de un esfuerzo decidido para asumir desde nuestras particularidades históricas, económicas y sociopolíticas la compleja manera en que estos delitos contra la vida están ocurriendo.

¿Opera igual el patriarcado en el caso de las muertes violentas de mujeres en el contexto de relaciones de pareja, que en el de la territorialidad asumida por las pandillas? ¿Se expresará de la misma manera en el control del espacio que el narcotráfico y el crimen organizado necesitan mantener para garantizar sus ganancias, que en la mal llamada "limpieza social"? ¿Trabaja bajo las mismas lógicas cuando se crean las condiciones para desmovilizar y paralizar cualquier posibilidad de protesta social, que cuando se refleja de manera sistémica en las reacciones socioculturales de la vida cotidiana? ¿Se alimenta de los mismos esquemas y mecanismos cuando expresa la frustración de una fuerza laboral masculina progresivamente marginalizada, que cuando revela el aprendizaje social del ejercicio de la violencia por parte de las nuevas generaciones? ¿Cómo y quiénes operan con una lógica patriarcal cuando la violencia política busca invisibilizarse o cuando se ponen al descubierto las prácticas de sujetos entrenados durante años para el exterminio?

¿Las maras o el crimen organizado?

"Antes en los barrios se escuchaba de la muerte de mujeres por sus maridos o por la violencia delincuencial, pero no de la manera en que se habla ahora". Desde el sentir, pensar y acompañar a jóvenes y adolescentes de los barrios y colonias, y como protagonista de múltiples intentos de cambio desde hace muchos años, José hace así una de las lecturas más frecuentes de un problema que "desde que recuerda estuvo ahí". Sólo un momento después nos hace ver que "de eso no hablaban los periódicos".

¿Qué ha cambiado? ¿Por qué hoy son más estas muertes? ¿Por qué ellas? ¿Por qué con tanta saña? Éstas, entre otras, son algunas de las preguntas que nos deja sin responder uno de los informes más valiosos realizados hasta la fecha con relación al feminicidio en Guatemala. En el trabajo, realizado por Myra Muralles y Violeta Lacayo en el 2005 para la bancada parlamentaria de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), se analiza una diversidad de actores, intereses, lógicas y posiciones desde los que se puede estar dando la muerte violenta de mujeres.

El informe da cuenta de cómo mientras la Policía Nacional enfatiza la responsabilidad de las maras y pandillas juveniles, tal y como se puede constatar en la prensa escrita, el Procurador Sergio Morales considera más bien la hipótesis de que los asesinatos respondan a "una cuidadosa planificación" propia más de las estructuras y modos de accionar del narcotráfico y el crimen organizado que de las maras juveniles. Esto coincidiría con los análisis realizados para otros contextos con relación a la violencia, en los que se destaca el papel que juegan el crimen organizado, el narcotráfico y el tráfico de armas en el control de cada vez más parcelas del territorio urbano y en el aumento de las acciones violentas.

Desde la PDH se enfatiza la importancia de llegar a desarticular los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad que se han incrustado también en el Estado. Es aquí donde comienza a marcarse una de las fronteras entre las responsabilidades materiales e intelectuales de los delitos, ya que mientras puede reconocerse -a partir de la descripción de los hechos- que las maras participan en la ejecución de una serie de asesinatos, no siempre responden éstos a sus lógicas internas, llegando a funcionar muchas veces de manera articulada, pero también instrumental con relación a otros actores e intereses.

La seguridad nacional y la privatización de la seguridad

De acuerdo a la Red de la No-Violencia contra las Mujeres, la violencia de las pandillas está asociada a la pertenencia de algún miembro de la familia a sus estructuras a través de diferentes lógicas: de la venganza, del ajuste de cuentas o del establecimiento de nuevos grados de poder entre los distintos grupos. También puede deberse esta violencia a las relaciones de pareja o de ex-pareja que las y los jóvenes establecen. Otras fuentes han reportado la muerte de mujeres por haber sido testigas de determinados delitos y aún no haber aprendido a callar para poder sobrevivir.

Pero cada uno de estos mecanismos no son exclusivos de las maras. Ni siquiera la famosa "territorialización" de los espacios. Y también hay que considerar en el análisis del aumento acelerado de la violencia el hecho, no poco trascendente, que desde mediados de los años 90 las maras "locales" fueran progresivamente desplazadas por las "maras transnacionales", como lo ha registrado Gabriela Escobar.

Mientras que la presencia de maras data de varias décadas atrás, el Ministerio de Gobernación ha llegado a calificarlas recientemente como un problema de "seguridad nacional". Esto, junto a su expansión regional, al énfasis que el gobierno norteamericano ha puesto sobre su "control", y a la realización de una serie de eventos -como la reciente Conferencia de las Fuerzas Armadas Centroamericanas en la que los desastres, el mantenimiento de la paz y el terrorismo sientan las supuestas bases para la conformación de una fuerza militar para el istmo- van justificando socialmente las medidas de militarización de la región.

Pero las tesis sobre la desestabilización del "Estado de derecho", la creación de un clima de inseguridad y hasta de terror en la ciudadanía, pasa también por múltiples intereses. Uno de ellos -la privatización de la seguridad- ha sido visibilizado por la misión de la ONU en Guatemala (MINUGUA) y por la URNG. Las empresas de seguridad privada, con mayor cantidad de equipo y armamento, un número más elevado de agentes y una mayor capacidad para controlar la información en diversas zonas del país que la PNC, generan una gran cantidad de ganancias a sus propietarios, los que en buena medida son ex-militares, ex-policías o empresarios de origen israelí. Aunque en buena parte de los casos operan de manera ilegal, estas empresas llegaron a triplicarse en número entre 1996 y el año 2001.

El miedo, la inseguridad y el amarillismo

De esta industria del miedo, la inseguridad y el amarillismo han participado también los medios de comunicación. Sin duda, las cifras del feminicidio han aumentado en el país y también el grado de la violencia ejercida. Distintos informes registran que en un 20-25% de los casos hubo señales de tortura, mutilación, estrangulamiento u otras formas de violencia extrema. El informe de la URNG señala que en un 28% de los casos se dio la violencia sexual.

En medio de la diversidad de intereses y de actores, la prensa nacional e internacional suele muchas veces recurrir a las versiones más descriptivas, generalizándolas de manera cotidiana. Esta generación del miedo y del temor a través de distintas fuentes, va condicionando una conducta de inhibición y de desmovilización de las acciones comunitarias, va restringiendo cada vez más los espacios de encuentro de lo colectivo. En sintonía con esto, Muralles y Lacayo destacan la posibilidad de que ante el empobrecimiento y falta de perspectivas socioeconómicas para las clases populares, sin que los organismos de seguridad se desgasten, "el sistema fomenta y permite mecanismos de autoeliminación de la población a la cual considera desechable y potencial gestora de reacciones o movimientos sociales de protesta".

Desde una lectura de los costos y de la magnitud de la violencia, uno de los centros de investigación guatemaltecos de corte neoliberal bajo el auspicio del Banco Mundial constataba en 2002 que la pobreza era una condición insuficiente para explicar la generación de la violencia. Y apuntaba a esta pista: "Más que observarse que individuos pobres ataquen a otros que cuentan con un mayor nivel socioeconómico, lo que puede observarse son jóvenes de escasos recursos matándose entre sí".

¿Dónde están los que mataron?

Otra aproximación nos la da nuestra realidad nacional. Para una sociedad como laguatemalteca, la postguerra no es solamente un discurso ni los actores que a distintos niveles perpetraron las acciones genocidas más sangrientas en contra de la población han desaparecido. Se han transformado, han adquirido nuevos intereses y ocupado otras posiciones. Y la falta de justicia penal que desde el Estado se deja impunemente de aplicar va configurando en el imaginario social la idea de que "lo que fue es posible", delineando pausadamente nuevas rutas para su reproducción. ¿Dónde están, qué hacen y en qué trabajan tantos hombres entrenados para ejercer la violencia extrema? Una reciente tesis sobre enfrentamientos y violencia juveniles en la ciudad de Guatemala ha comenzado ya a dar cuenta de dónde han estado y de cómo han aprendido sus hijos...

La PDH también ha denunciado ante el Ministerio Público la participación de 23 agentes de la PNC como sospechosos de participar en los crímenes contra mujeres. La intensa violencia sexual ejercida en las Comisarías de la PNC contra las mujeres detenidas, y las prácticas de tortura realizadas por el Servicio de Investigación Criminal denunciadas recientemente en un estudio sin publicar del ICCPG, muestran cómo las fuerzas de seguridad del Estado no han logrado aún reconvertirse y son también responsables que necesitan ser investigados y enjuiciados.

Entre tanto, la violencia delincuencial ni la violencia conyugal han sido ni son "noticia". De ahí, que a pesar de que tanto la PNC como la PDH les atribuyen un peso significativo, sus lógicas son menos visibilizadas, se normalizan, y ocupan menores esfuerzos de análisis, cuando muchas veces requieren de procesos más prolongados y elaborados para llegar a comprender las múltiples dimensiones de su significado, más allá de la expresión visceral de un odio misógino. En las intervenciones comunitarias, la constatación de este tipo de crímenes y su denuncia representan un riesgo elevado.

¿Está la "hombría" en crisis?

Desde este tipo de lecturas, Manuela Camus sugiere revisar las contradicciones generadas por los cambios en la configuración de la familia y en la representación simbólica de sus miembros frente a las presiones que el modelo de sociedad existente y el discurso que se propone producen sobre los sujetos. Plantea revisar los recursos con los que mujeres y hombres cuentan para enfrentar las transformaciones del modelo de mujer, madre, esposa y servidora y hombre trabajador y servido en los contextos de precariedad económica y violencia social que actualmente prevalecen.

También plantea explorar la manera en que la frustración masculina y "la hombría" podrían estarse viviendo ante la generación de ingresos autónomos por parte de las mujeres, a la vez que se refuerza su sobreexplotación.

¿Cómo la violencia podría estar garantizando el control de la mano de obra gratuita en los espacios domésticos y productivos? ¿Cómo la violencia garantizaría los beneficios producidos por el trabajo asalariado o informal de las mujeres? Son también preguntas que necesitamos respondernos. En 2004 ya Clara Jusidman señalaba cómo la expulsión de las mujeres pobres hacia un mercado laboral que les ofrece mayores grados de libertad, pero agudiza su tensión y sufrimiento, se ve acompañada de la falta de co-responsabilidad en las tareas del hogar por parte de los hombres. Esto tiene consecuencias intergeneracionales que deben ser analizadas para mejor comprender el auge de la violencia.

Si no hacemos algo...

El incalculable valor de sus ausencias, duelos y vidas no realizadas merecen todos nuestros esfuerzos de análisis y de acción. Identificar a los responsables es sin duda uno de los más certeros esfuerzos. Y hoy cuando estamos aprendiendo tanto de sus muertes. ¿qué sabemos de sus vidas?

Esta pregunta me acompañó durante un trabajo de investigación de dos meses, acercándome a cómo las jóvenes y los jóvenes de áreas urbanas marginalizadas, víctimas potenciales y cotidianas, experimentan y viven la cristalización de tantas formas de violencia. Sentí un unísono que terminará ensordeciéndonos si no hacemos algo.

Los resultados de cerca de diez entrevistas y nueve grupos focales sobre la vida cotidiana de jóvenes y adolescentes, sus voces y deseos de expresar, pero también de callar, son parte de un segundo momento de esta reflexión. Continuaremos.

* Diana García es antropóloga y psicóloga social, activista del Movimiento de Mujeres del Campo. Este artículo ha sido tomado de la revista Envío (Nicaragua).


 

Amina Lawal, símbolo de la lucha de los derechos de la mujer

Hace casi tres años, una campaña mundial impidió que la lapidaran por haber tenido una hija después de divorciada. Icono de la lucha por los derechos de las mujeres, hoy vive pobre y enferma en Kurami, su aldea natal, al Norte de Nigeria.

Revista Viva / Clarín, Buenos Aires, 5-3-06

Débil, enferma y sin posibilidades de alimentar a sus hijas. Así vive hoy Amina Lawal, la mujer que hace dos años y medio conmovió y movilizó a millones de personas en una campaña internacional sin precedentes que evitó su lapidación.

Amina volvió a su pueblo, tiene otra hija, Mariam, a la que a duras penas está amamantando, y depende de la ayuda de sus familiares con los que convive en una choza de barro.

"Estoy triste porque estoy sola y no puedo cuidar bien de mis dos niñas. Tampoco me siento bien. Estoy enferma, pero son los problemas con los niños los que me hacen estar así. No tengo con qué alimentarlos", le dijo al diario español El País.

Como en setiembre de 2003, cuando su rostro sereno llegó a los diarios y los televisores de todos los continentes, Amina sigue viviendo en Kurami una aldea agrícola y pobrísima. Entonces, un tribunal islámico la había condenado a morir apenas destetara a Wasila, su tercera hija, concebida fuera del matrimonio y cuando ya estaba divorciada. Enterramiento hasta las axilas y apedreamiento hasta morir. Esa es la pena para el adulterio prevista en la sharía, el sistema jurídico basado en una interpretación ortodoxa del Corán vigente en 12 de los 18 estados del Norte de Nigeria.

¿Cómo es que llegó a eso? Amina, la menor de 13 hermanos, se casó por primera vez a los 14. De ese matrimonio de 12 años nacieron dos hijos. Se divorció y volvió a casarse, aunque por poco tiempo: "Estuvimos casados diez meses, porque yo sufría hemorragias y él no quería pagar mis medicamentos", les contó a los periodistas que seguían su juicio. Después de ese segundo divorcio vino el nudo de la pesadilla: Yahaya Mohamed, sobrino lejano de su segundo marido comenzó a cortejarla. El noviazgo duró once meses. "Cuando fue evidente que que su familia no lo dejaría casarse conmigo, me sedujo y mantuvimos relaciones sexuales dos veces. Eso es todo", contó incrédula. Cuando se enteró del embarazo, el padrastro de Amina fue a quejarse al jefe del pueblo. El seductor aceptó su responsabilidad y prometió mantener a la beba, llamada Wasila. Muy poco después incumplió su promesa y Amina fue arrestada. El mismo juez que la condenó a muerte, exoneró a su amante. La Corte de Apelaciones de Katsina invalidó ese dictamen y otro que en segunda instancia lo había confirmado.

El fallo fue interpretado como el resultado de la impresionante campaña internacional a la que se sumaron millones de firmas a los pedidos de celebridades. El revuelo hizo que el mismo presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo, cristiano nacido en el sur, anunciara la suspensión de las lapidaciones. Con su beba Wasila siempre a upa, y dando muestras de un estoicismo fuera de lo común, Amina se convirtió en ícono de la lucha por los derechos de las mujeres, sobre todo de las más pobres.

A los 34 años,Amina no parece poder despertar de la pesadilla: "Cuando me dejaron libre volví a Kurami. Todos me reciben siempre muy bien en esta aldea. Es mi casa. Me buscaron un marido que no me gustaba. Me casé y tuve otra niña, Mariam, a la que estoy amamantando todavía. Mi marido me abandonó a los seis meses de casarnos. Estoy sola otra vez", contó al medio español.

El capítulo resumido así por la protagonista tiene sus particularidades. Después de ser absuelta y mientras todavía residía en Katsina, ciudad donde fue juzgada, la asociación encargada de su defensa le organizó un casting de maridos. El hecho es curioso e inusual incluso en Nigeria, donde la mayoría de los matrimonios son concertados, pero mediante métodos más convencionales. En este caso WRAPA (Avance y Protección Alternativa para los Derechos de la Mujer, según sus siglas en inglés) llamó a concurso público y luego se dedicó a entrevistar a los candidatos que aparecieron. Hoy, las integrantes de WRAPA reconocen que la iniciativa fue un error, pero alegan que sólo buscaban la estabilidad económica de Amina. Tras mucho buscar, la casaron con un hombre que vivía en Abuya (la capital de Nigeria) y que, si bien ya tenía una mujer, estaba dispuesto a hacerse cargo de ella.

El fracaso de ese matrimonio expuso la tragedia de su biografía y la de las tantas otras. Hoy, abandonada, pobre y enferma, Amina no tiene siquiera la libertad de recorrer la distancia mínima de su aldea. Ninguna mujer puede andar sin el permiso de su marido y el acompañamiento de un hombre de confianza. Cuando finalmente lo hacen, deben vestir una túnica que sólo deja ver sus caras. La cara extrañamente serena de la que no logra despertar de un mal sueño.



 

Los feminismos a través de la historia

Ana de Miguel

Feminismo Moderno, capítulo de la obra de la ensayista Ana de Miguel: un panorama de los orígenes del movimiento en el siglo XVIII hasta la irrupción de los socialismos y anarquismo de los siglos XIX y principios del XX. La dura, a menudo enclaustrada lucha de las mujeres por lograr la igualdad por su diferencia en un mundo en el que decididamente el otro sexo no estaba dispuesto a aceptarla.

Las raíces ilustradas y la Revolución Francesa

Diferentes autoras, como Geneviève Fraisse y Celia Amorós, han coincidido en señalar la obra del filósofo cartesiano Poulain de la Barre y los movimientos de mujeres y feministas que tuvieron lugar durante la Revolución Francesa como dos momentos clave -teórico uno, práctico el otro- en la articulación del feminismo moderno.

Así, en el texto de Poulain de la Barre titulado Sobre la igualdad de los sexos publicado en 1673 -en pleno auge del movimiento de preciosas- sería la primera obra feminista que se centra explícitamente en fundamentar la demanda de igualdad sexual.

Fraisse ha señalado que con esta obra estaríamos asistiendo a un verdadero cambio en el estatuto epistemológico de la controversia o guerra entre los sexos: "la comparación entre el hombre y la mujer abandona el centro del debate, y se hace posible una reflexión sobre la igualdad" 8.

Por su parte, Amorós encuadra la obra de Poulain en el contexto más amplio de la Ilustración. Aun reconociendo el carácter pionero y específico de la obra, ésta forma parte de un continuo feminista que se caracteriza por radicalizar o universalizar la lógica de la razón, racionalista primero e ilustrada después. Asimismo, mantiene que el feminismo como cuerpo coherente de vindicaciones y como proyecto político capaz de constituir un sujeto revolucionario colectivo, sólo puede articularse teóricamente a partir de premisas ilustradas: premisas que afirman que todos los hombres nacen libres e iguales y, por tanto, con los mismos derechos.

Aun cuando las mujeres queden inicialmente fuera del proyecto igualatorio -tal y como sucedió en la susodicha Francia revolucionaria y en todas las democracias del siglo XIX y buena parte del XX-, la demanda de universalidad que caracteriza a la razón ilustrada puede ser utilizada para irracionalizar sus usos interesados e ilegítimos, en este caso patriarcales.

En este sentido, afirma que el feminismo supone la efectiva radicalización de proyecto igualitario ilustrado. La razón ilustrada, razón fundamentalmente crítica, posee la capacidad de volver sobre sí misma y detectar sus propias contradicciones9. Y así la utilizaron las mujeres de la Revolución Francesa cuando observaron con estupor cómo el nuevo Estado revolucionario no encontraba contradicción alguna en pregonar a los cuatro vientos la igualdad universal y dejar sin derechos civiles y políticos a todas las mujeres.

En la Revolución Francesa veremos aparecer no sólo el fuerte protagonismo de las mujeres en los sucesos revolucionarios, sino la aparición de las más contundentes demandas de igualdad sexual. La convocatoria de los Estados Generales por parte de Luis XVI se constituyó en el prólogo de la revolución. Los tres estados -nobleza, clero y pueblo- se reunieron a redactar sus quejas para presentarlas al rey.

Las mujeres quedaron excluidas, y comenzaron a redactar sus propios "cahiers de doléance". Con ellos, las mujeres, que se autodenominaron "el tercer estado del tercer Estado", mostraron su clara conciencia de colectivo oprimido y del carácter "interestamental" de su opresión10.

Tres meses después de la toma de la Bastilla, las mujeres parisinas protagonizaron la crucial marcha hacia Versalles, y trasladaron al rey a París, donde le sería más difícil evadir los grandes problemas del pueblo. Como comenta Paule-Marie Duhet, en su obra Las mujeres y la Revolución, una vez que las mujeres habían sentado el precedente de iniciar un movimiento popular armado, no iban a cejar en su afán de no ser retiradas de la vida política11.

Pronto se formaron clubes de mujeres, en los que plasmaron efectivamente su voluntad de participación. Uno de los más importantes y radicales fue el dirigido por Claire Lecombe y Pauline Léon: la Société Républicaine Révolutionnaire. Impulsadas por su auténtico protagonismo y el reconocimiento público del mismo, otras mujeres como Théroigne de Méricourt no dudaron en defender y ejercer el derecho a formar parte del ejército.

Sin embargo, pronto se comprobó que una cosa era que la República agradeciese y condecorase a las mujeres por los servicios prestados y otra que estuviera dispuesta a reconocerles otra función de que la de madres y esposas (de los ciudadanos). En consecuencia, fue desestimada la petición de Condorçet de que la nueva República educase igualmente a las mujeres y los varones, y la misma suerte corrió uno de los mejores alegatos feministas de la época, su escrito de 1790 Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía.

Seguramente uno de los momentos más lúcidos en la paulatina toma de conciencia feminista de las mujeres está en la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, en 1791. Su autora fue Olympe de Gouges, una mujer del pueblo y de tendencias políticas moderadas, que dedicó la declaración a la reina María Antonieta, con quien finalmente compartiría un mismo destino bajo la guillotina. Este es su veredicto sobre el hombre:

"Extraño, ciego, hinchado de ciencias y degenerado, en este siglo de luces y de sagacidad, en la ignorancia más crasa, quiere mandar como un déspota sobre un sexo que recibió todas las facultades intelectuales y pretende gozar de la revolución y reclamar sus derechos a la igualdad, para decirlo de una vez por todas"sup>12.

En 1792, la inglesa Mary Wollstonecraft redactará en pocas semanas la célebre Vindicación de los derechos de la mujer. Las mujeres habían comenzado exponiendo sus reivindicaciones en los cuadernos de quejas y terminan afirmando orgullosamente sus derechos. La transformación respecto a los siglos anteriores, como acertadamente ha sintetizado Fraisse, significa el paso del gesto individual al movimiento colectivo: la querella es llevada a la plaza pública y toma la forma de un debate democrático: se convierte por vez primera de forma explícita en una cuestión política13.

Sin embargo, la Revolución Francesa supuso una amarga y seguramente inesperada, derrota para el feminismo. Los clubes de mujeres fueron cerrados por los jacobinos en 1793, y en 1794 se prohibió explícitamente la presencia de mujeres en cualquier tipo de actividad política. Las que se habían significado en su participación política, fuese cual fuese su adscripción ideológica, compartieron el mismo final: la guillotina o el exilio.

Las más lúgubres predicciones se habían cumplido ampliamente: las mujeres no podían subir a la tribuna, pero sí al cadalso. ¿Cuál era su falta? La prensa revolucionaria de la época lo explica muy claramente: habían transgredido las leyes de la naturaleza abjurando su destino de madres y esposas, queriendo ser "hombres de Estado". El nuevo código civil napoleónico, cuya extraordinaria influencia ha llegado prácticamente a nuestros días, se encargaría de plasmar legalmente dicha "ley natural".

Feminismo decimonónico

En el siglo XIX, el siglo de los grandes movimientos sociales emancipatorios, el feminismo aparece, por primera vez, como un movimiento social de carácter internacional, con una identidad autónoma teórica y organizativa. Además, ocupará un lugar importante en el seno de los otros grandes movimientos sociales, los diferentes socialismos y el anarquismo.

Estos movimientos heredaron en buena medida las demandas igualitarias de la Ilustración, pero surgieron para dar respuesta a los acuciantes problemas que estaban generando la revolución industrial y el capitalismo. El desarrollo de las democracias censitarias y el decisivo hecho de la industrialización suscitaron enormes expectativas respecto al progreso de la humanidad, y de llegó a pensar que el fin de la escasez material estaba cercano. Sin embargo, estas esperanzas chocaron frontalmente con la realidad.

Por un lado, a las mujeres se les negaban los derechos civiles y políticos más básicos, segando de sus vidas cualquier atisbo de autonomía personal. Por otro, el proletariado -y lógicamente las mujeres proletarias- quedaba totalmente al margen de la riqueza producida por la industria, y su situación de degradación y miseria se convirtió en uno de los hechos más sangrantes del nuevo orden social. Estas contradicciones fueron el caldo de cultivo de las teorías emancipadoras y los movimientos sociales del XIX.

El movimiento sufragista. Como se señala habitualmente, el capitalismo alteró las relaciones entre los sexos. El nuevo sistema económico incorporó masivamente a las mujeres proletarias al trabajo industrial -mano de obra más barata y sumisa que los varones-, pero, en la burguesía, la clase social ascendente, se dio el fenómeno contrario. Las mujeres quedaron enclaustradas en un hogar que era, cada vez más, símbolo del status y éxito laboral del varón.

Las mujeres, mayormente las de burguesía media, experimentaban con creciente indignación su situación de propiedad legal de sus maridos y su marginación de la educación y las profesiones liberales, marginación que, en muchas ocasiones, las conducía inevitablemente, si no contraían matrimonio, a la pobreza.

En este contexto, las mujeres comenzaron a organizarse en torno a la reivindicación del derecho al sufragio, lo que explica su denominación como sufragistas. Esto no debe entenderse nunca en el sentido de que ésa fuese su única reivindicación. Muy al contrario, las sufragistas luchaban por la igualdad en todos los terrenos apelando a la auténtica universalización de los valores democráticos y liberales. Sin embargo, y desde un punto de vista estratégico, consideraban que, una vez conseguido el voto y el acceso al parlamento, podrían comenzar a cambiar el resto de las leyes e instituciones. Además, el voto era un medio de unir a mujeres de opiniones políticas muy diferentes.

Su movimiento era de carácter interclasista, pues consideraban que todas las mujeres sufrían en cuanto mujeres, e independientemente de su clase social, discriminaciones semejantes. En Estados Unidos, el movimiento sufragista estuvo inicialmente muy relacionado con el movimiento abolicionista. Gran número de mujeres unieron sus fuerzas para combatir en la lucha contra la esclavitud y, como señala Sheyla Rowbotham, no sólo aprendieron a organizarse, sino a observar las similitudes de su situación con la de esclavitud14.

En 1848, en el Estado de Nueva York, se aprobó la Declaración de Seneca Falls, uno de los textos fundacionales del sufragismo15. Los argumentos que se utilizan para vindicar la igualdad de los sexos son de corte ilustrado: apelan a la ley natural como fuente de derechos para toda la especie humana, y a la razón y al buen sentido de la humanidad como armas contra el prejuicio y la costumbre.

También cabe señalar de nuevo la importancia del trasfondo individualista de la religión protestante; como ha señalado Richard Evans:

"La creencia protestante en el derecho de todos los hombres y mujeres a trabajar individualmente por su propia salvación proporcionaría una seguridad indispensable, y a menudo realmente una auténtica inspiración, a muchas, si no a casi todas las luchadoras de las campañas feministas del siglo XIX" 16. Elizabeth Cady Stanton, la autora de La Biblia de las mujeres, y Susan B. Anthony, fueron dos de las más significativas sufragistas estadounidenses.

En Europa, el movimiento sufragista inglés fue el más potente y radical. Desde 1866, en que el diputado John Stuart Mill, autor de La sujeción de la mujer, presentó la primera petición a favor del voto femenino en el Parlamento, no dejaron de sucederse iniciativas políticas. Sin embargo, los esfuerzos dirigidos a convencer y persuadir a los políticos de la legitimidad de los derechos políticos de las mujeres provocaban burlas e indiferencia.

En consecuencia, el movimiento sufragista dirigió su estrategia a acciones más radicales. Aunque, como bien ha matizado Rowbotham: "las tácticas militantes de la Unión habían nacido de la desesperación, después de años de paciente constitucionalismo"17. Las sufragistas fueron encarceladas, protagonizaron huelgas de hambre y alguna encontró la muerte defendiendo su máxima: "votos para las mujeres".

Tendría que pasar la Primera Guerra Mundial y llegar el año 1928 para que las mujeres inglesas pudiesen votar en igualdad de condiciones.

El feminismo socialista. El socialismo como corriente de pensamiento siempre ha tenido en cuenta la situación de las mujeres a la hora de analizar lo sociedad y proyectar el futuro. Esto no significa que el socialismo sea necesariamente feminista, sino que en el siglo XIX comenzaba a resultar difícil abanderar proyectos igualitarios radicales sin tener en cuenta a la mitad de la humanidad.

Los socialistas utópicos fueron los primeros en abordar el tema de la mujer. El nervio de su pensamiento, como el de todo socialismo, arranca de la miserable situación económica y social en que vivía la clase trabajadora. En general, proponen la vuelta a pequeñas comunidades en que pueda existir cierta autogestión -los falansterios de Fourier- y se desarrolle la cooperación humana en un régimen de igualdad que afecte también a los sexos.

Sin embargo, y a pesar de reconocer la necesidad de independencia económica de las mujeres, a veces no fueron lo suficientemente críticos con la división sexual del trabajo. Aun así, su rechazo a la sujeción de las mujeres tuvo gran impacto social, y la tesis de Fourier de que la situación de las mujeres era el indicador clave del nivel de progreso y civilización de una sociedad fue literalmente asumida por el socialismo posterior18.

Flora Tristán en su obra Unión obrera (1843) dedica un capítulo a exponer la situación de las mujeres. Tristán mantiene que "todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derechos naturales e imprescriptibles del ser mujer"19. En sus proyectos de reforma, la educación de las mujeres resulta crucial para el progreso de las clases trabajadoras, aunque, eso sí, debido a la influencia que como madres, hijas, esposas, etc..., tienen sobre los varones.

Para Tristán, las mujeres "lo son todo en la vida del obrero", lo que no deja de suponer una acrítica asunción de la división sexual del trabajo. Desde otro punto de vista, entre los seguidores de Saint-Simon y Owen cundió la idea de que el poder espiritual de los varones se había agotado y la salvación de la sociedad sólo podía proceder de lo "femenino". En algunos grupos, incluso, se inició la búsqueda de un nuevo mesías femenino20.

Tal vez la aportación más específica del socialismo utópico resida en la gran importancia que concedían a la transformación de la institución familiar. Condenaban la doble moral y consideraban el celibato y el matrimonio indisoluble como instituciones represoras y causa de injusticia e infelicidad.

De hecho, como señalara en su día John Stuart Mill, a ellos cabe el honor de haber abordado sin prejuicios temas con los que no se atrevían otros reformadores sociales de la época.

Socialismo marxista

A mediados del siglo XIX comenzó a imponerse en el movimiento obrero el socialismo de inspiración marxista o "científico". El marxismo articuló la llamada "cuestión femenina" en su teoría general de la historia y ofreció una nueva explicación del origen de la opresión de las mujeres y una nueva estrategia para su emancipación.

Tal y como desarrolló Friedrich Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, obra publicada en 1884, el origen de la sujeción de las mujeres no estaría en causas biológicas -la capacidad reproductora o la constitución física- sino sociales. En concreto, en la aparición de la propiedad privada y la exclusión de las mujeres de la esfera de la producción social. En consecuencia, de este análisis se sigue que la emancipación de las mujeres irá ligada a su retorno a la producción y a la independencia económica.

Este análisis, por el que se apoyaba la incorporación de las mujeres a la producción, no dejó de tener numerosos detractores en el propio ámbito socialista. Se utilizaban diferentes argumentos para oponerse al trabajo asalariado de las mujeres: la necesidad de proteger a las obreras de la sobreexplotación de que eran objeto, el elevado índice de abortos y mortalidad infantil, el aumento del desempleo masculino, el descenso de los salarios... Pero como señaló Auguste Bebel en su célebre obra La mujer y el socialismo, también se debía a que, a pesar de la teoría, no todos los socialistas apoyaban la igualdad de los sexos:

No se crea que todos los socialistas sean emancipadores de la mujer; los hay para quienes la mujer emancipada es tan antipática como el socialismo para los capitalistas21.

Por otro lado, el socialismo insistía en las diferencias que separaban a las mujeres de las distintas clases sociales. Así, aunque las socialistas apoyaban tácticamente las demandas sufragistas, también las consideraban enemigas de clase y las acusaban de olvidar la situación de las proletarias, lo que provocaba la desunión de los movimientos. Además, la relativamente poderosa infraestructura con que contaban las feministas burguesas y la fuerza de su mensaje calaba en las obreras llevándolas a su lado. Lógicamente, una de las tareas de las socialistas fue la de romper esa alianza.

Alejandra Kollontai, bolchevique y feminista, relata en sus Memorias algunas de sus estrategias desde la clandestinidad. En diciembre de 1908 tuvo lugar en San Petersburgo, y convocado por las feministas "burguesas", el Primer Congreso Femenino de todas las Rusias. Kollontai no pudo asistir, porque pesaba una orden de detención sobre ella, pero pudo preparar la intervención de un grupo de obreras. Estas tomaron la palabra para señalar la especificidad de la problemática de las mujeres trabajadoras, y cuando se propuso la creación de un centro femenino interclasista, abandonaron ostentosamente el congreso22.

Sin embargo, y a pesar de sus lógicos enfrentamientos con las sufragistas, existen numerosos testimonios del dilema que les presentaba a las mujeres socialistas.

Aunque suscribían la tesis de que la emancipación de las mujeres era imposible en el capitalismo -explotación laboral, desempleo crónico, doble jornada, etc.- eran conscientes de que para sus camaradas y para la dirección del partido la "cuestión femenina" no era precisamente prioritaria. Más bien se la consideraba una mera cuestión de superestructura, que se solucionaría automáticamente con la socialización de los medios de producción, y, en el peor de los casos, "una desviación peligrosa hacia el feminismo".

Esto no impidió que las mujeres socialistas se organizaran dentro de sus propios partidos; se reunían para discutir sus problemas específicos y crearon, a pesar de que la ley les prohibía afiliarse a partidos, organizaciones femeninas. Los cimientos de un movimiento socialista femenino realmente fueron puestos por la alemana Clara Zetkin (1854-1933), quien dirigió la revista femenina Die Gliechhteit (Igualdad) y llegó a organizar una Conferencia Internacional de Mujeres en 1907.

El socialismo marxista también prestó atención a la crítica de la familia y la doble moral, y relacionó la explotación económica y sexual de la mujer. En este sentido, es imprescindible remitirse a la obra que Kollontai escribe ya a principios del siglo XX. Kollontai puso en un primer plano teórico la igualdad sexual y mostró su interrelación con el triunfo de la revolución socialista. Pero también fue ella misma, ministra durante sólo seis meses el primer gobierno de Lenin, quien dio la voz de alarma sobre el rumbo preocupante que iba tomando la revolución feminista en la Unión Soviética.

La igualdad de los sexos se había establecido por decreto, pero no se tomaban medidas específicas, tal y como ella postulaba, contra lo que hoy llamaríamos la ideología patriarcal.

Movimiento anarquista

El anarquismo no articuló con tanta precisión teórica como el socialismo la problemática de la igualdad entre los sexos, e incluso cabe destacar que un anarquista de la talla de Pierre J. Proudhom (1809-1865) mantuvo tranquilamente posturas antiigualitarias extremas. Estas son sus palabras:

Por mi parte, puedo decir que, cuanto más pienso en ello, menos me explico el destino de la mujer fuera de la familia y el hogar. Cortesana o ama de llaves (ama de llaves, digo, y no criada); yo no veo término medio23.

Sin embargo el anarquismo como movimiento social contó con numerosas mujeres que contribuyeron a la lucha por la igualdad. Una de las ideas más recurrentes entre las anarquistas -en consonancia con su individualismo- era la de que las mujeres se liberarían gracias a su "propia fuerza" y esfuerzo individual.

Así lo expresó, ya entrado el siglo XX, Emma Goldman (1869-1940), para quien poco vale el acceso al trabajo asalariado si las mujeres no son capaces de vencer todo el peso de la ideología tradicional en su interior. Así, el énfasis puesto en vivir de acuerdo con las propias convicciones propició auténticas revoluciones en la vida cotidiana de mujeres que, orgullosas, se autodesignaban "mujeres libres".

Consideraban que la libertad era el principio rector de todo y que las relaciones entre los sexos han de ser absolutamente libres. Su rebelión contra la jerarquización, la autoridad y el Estado, las llevaba, por un lado y frente a las sufragistas, a minimizar la importancia del voto y las reformas institucionales; por otro, veían como un peligro enorme lo que a su juicio proponían los comunistas: la regulación por parte del Estado de la procreación, la educación y el cuidado de los niños.

Notas

8) G. Fraisse, Musa de la razón, Cátedra, Madrid 1991, p. 194.
9) De Celia Amorós sobre Poulain de la Barre: El feminismo como exis emancipatoria y Cartesianismo y feminismo. Olvidos de la razón, razones de los olvidos, en Actas del Seminario..., pp. 85-104. Sus tesis sobre la relación entre feminismo e Ilustraciónestán sintetizadas en El feminismo: senda no transitada de la Ilustración, Isegoría, n. 1 1990.
10). Algunos de estos cuadernos están traducidos en la antología La Ilustración olvidada, realizada por A. H. Puleo, Anthropos, Barcelona 1993. También de esta misma autora, Una cristalización político-social de los ideales ilustrados: los Cahiers de doléance de 1789", en C. Amorós (coord.), Actas del Seminario..., pp. 147-153.
11) P. M. Duhet, Las mujeres y la Revolución (1789-1794), Península, Barcelona 1974, p. 44.
12) O. De Gouges, Los derechos de la mujer, en A. H. Puleo (ed.), La Ilustración olvidada, p. 155.
13) G. Fraisse, o. c., p. 191.
14). S. Robotham, La mujer ignorada por la historia, p. 68.
15) El texto de la Declaración está recogido en la Antología del feminismo de Amalia Martín-Gamero, Alianza Editorial, Madrid 1975.
16 R. J. Evans, Las feministas, Siglo XXI, Madrid 1980, p. 15.
17) S. Robotham, o. c., p. 115.
18) C. Fourier, Teoría de los cuatro movimientos, Barral, Barcelona 1974, p. 167.
19) F. Tristán, Unión obrera, Fontamara, Barcelona 1977, p. 125.
20) Cf. N. Campillo. Las sansimonianas: un grupo feminista paradigmático, en C. Amorós (coord.), Actas del Seminario..., pp. 313 324.
21) A. Bebel, La mujer y el socialismo, Júcar, Madrid 1980, p. 117.
22) Cf. A. Kollontai, Memorias, Debate, Madrid 1979.
23) P. J. Proudhon, Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria, vol. 2, Júcar, Madrid 1974, p. 175.


 

El verdadero origen del 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora

Vito Gianotti

¿Cuando comenzó a celebrarse el Día Internacional de la Mujer? ¿Cuando comenzó la lucha de las mujeres por su liberación? ¿Cual es la influencia del movimiento socialista en la lucha de las mujeres? ¿Y como nació el 8 de Marzo? ¿Cuál es el origen de esta fecha? ¿Y dónde? Estas y otras cuestiones merecieron una atención especial en el 2003, cuando en los periódicos y en Internet aparecieron repetidamente versiones diferentes. Todas, sin embargo, olvidaron la palabra clave que explica la lucha de la mujer por su liberación: mujer "socialista".

En el 2003, en las vísperas del 8 de Marzo, el periódico cearense El Pueblo publicó un largo artículo de una profesora de la Universidad Federal de Ceará (UFCE) que dejó a mucha gente asustada. Lo mismo sucedió con varios artículos que circularon por Internet.

Para aumentar la dosis de susto, inmediatamente después de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer del 2003, el nuevo periódico que acababa de salir, Brasil de hecho, en su número 1, también traía un artículo de la misma profesora de la *UFCE , Dolores Farias, que reafirmaba lo que ella había escrito en el periódico El Pueblo, días antes.
Hubo personas que se mostraron furiosas con la constatación hecha sobre el origen de la fecha del Día Internacional de la Mujer y tratando de entender el porqué de esta confusión.
La verdad es que la cuestión del origen del 8 de Marzo ya fue discutida hace unos 40 años. En 1996 el Periódico de Brasil traía un artículo de la profesora de la UFRJ, Naumi Vasconcelos, en el cuál decía que la tal huelga de Nueva York, en 1857, cuando supuestamente 129 obreras fueron quemadas vivas, nunca existió. Y ella afirma que el origen de esta fecha es bien otra.

En el mismo año, en marzo, el Consejo de Clase periódico del SEPE, Sindicato de los Profesionales de Educación de la red pública del Estado de Río de Janeiro, traía un artículo de la misma profesora Naumi, con el título sugestivo de: Quien tiene miedo del 8 de Marzo? Este mismo texto Naumi ya había sido publicado en el periódico mensual En Tiempo, poco antes.

Una búsqueda de 12 años

En este artículo, la autora citaba como fuente fundamental para la discusión, un libro de una investigadora canadiense titulado: El Día Internacional de la Mujer - Los verdaderos hechos y fechas de los misteriosos orígenes del 8 de marzo, hasta hoy confusos, maquilados y olvidados.

Este libro, de la autora canadiense Renée Côté, salió en 1984, pero extrañamente quedó olvidado por varias razones. Este libro es totalmente antiacadêmico, anticonvencional. Pero más que por su aspectos formales, lo que hizo al libro caer en el olvido es lo que ella afirma, que incomoda a mucha gente. Ella prueba por a+b, a lo largo de 240 páginas, que las certezas creadas en los años de 1960, 70 y 80 por los movimientos feministas acerca del surgimiento del 8 de Marzo, son pura ficción.

Ella derrumba un mito estimado por las mujeres feministas que tanto penaron para afirmarse en esta fecha. Además de eso, el libro acabó cayendo en el olvido porque es más fácil aceptar versiones ya consolidadas de historias, incorporadas a nuestras vidas, que cuestionar mitos establecidos. Es como, para muchos, más fácil aceptar la historieta de Adán y Eva, creados del barro unos seis mil años atrás, que cuestionar los orígenes del hombre, cuestión más compleja, centenares de miles de años atrás.

Hay otro factor determinante que hizo que libro de la autora canadiense cayera en el limbo: ella deja traslucir todo el tiempo su visión favorable a la autonomía de los movimientos sociales frente a los partidos y muestra una prevención a la propia idea de partido político. El libro se inserta en la lucha autonomista, típica de los movimientos de izquierda de los años 70. Esto generó una animadversión en muchos sectores de la izquierda más influyente, que impidió la divulgación de su obra. Pero, dejando de lado simpatías o alergias, vamos a entrar en la raíz de este mito.

La explicación del origen del mito de la huelga de Nueva York de 1857, en los EUA, y del olvido de otra huelga real, concreta y juzgada inoportuna por el Partido y por el Sindicato, en 1917 en Rusia, la veremos al final de este artículo. La cuestión clave es ver porqué, en el mundo bipolar de la Guerra Fría de los años 60 del siglo pasado, los dos bloques en disputa aceptaron la versión de una huelga de mujeres, en 1857, en los EUA, y olvidaron otra huelga de mujeres, en 1917, en Rusia. Los motivos son más políticos que psicológicos.

Hay varios estudios, cada uno acompañado de una vasta bibliografía, que van en el mismo sentido de las búsquedas de Renée Côté. Entre ellos destacamos los artículos "8 de Marzo: Conquistas y Controversias" de Eva A. Blay, de 1999. Otro estudio es de Liliane Kandel, de 1982, "El Mito de los Orígenes: sobre el Día Internacional de la Mujer". Otro texto muy rico es de la Sempreviva Organización Feminista (SOF), de 2000, "8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer: en búsqueda de la memoria perdida". Vamos a presentar la síntesis de estas recuperaciones históricas.

El clima mundial cuando nació el mito de 1857

En la década de 60 el mundo vivía una gran convulsión político-ideológica. Sólo a comienzos de los años 70 el juego se define y el bloque occidental americano, es decir, capitalista, se lleva la mejor parte a costa del bloque soviético, socialista. La llegada del hombre a la luna, por parte de los americanos, en el 69, definió el destino de la humanidad por varias décadas y, quienes sabe, siglos. La URSS, a partir de esa fecha, entra en rápida decadencia y el bloque americano camina rumbo al imperio neoliberal mundial.

Esta década fue un vendaval en las costumbres e ideologías del mundo. Convulsionó el equilibrio político-cultural del planeta. Los años 60 comienzan con la victoria del pueblo de Argelia contra el colonizador francés que fue la mecha que prendió las guerras de liberación en el Congo, Senegal, Nigeria, Ghana y en toda África.

China vivía su Revolución Cultural, con el famoso Libro Rojo de Mao Tse Tung, que influenciaba a millones de jóvenes en el mundo entero. Vietnam, después de haber derrotado a Francia en el 54, enfrentaba y preparaba la derrota del mayor ejército del mundo. Los países ex-coloniales habían creado el movimiento de los No-alineados. El mundo árabe, bajo el liderazgo de Nasser, comenzaba a moverse.

Mientras tanto, la Revolución Cubana, con los barbudos Fidel y el Che, era un modelo para los revolucionarios de América Latina y del mundo.

En el bloque soviético, aumentaba la contestación interna con La Primavera de Praga en la República Checa, en el 68. Mientras tanto la Iglesia Católica vivía los dolores del parto del nacimiento de la Teología de la Liberación, post-Concilio Vaticano II, que negaba el apoyo a exploradores, opresores, colonizadores y señores de la guerra con sus cruzadas, y comenzaba a hablar de liberación de los oprimidos.

En el mundo occidental, las costumbres tradicionales eran contestadas por la entrada en escena del mundo joven: Beatles, Woodstock, Black Power, movimiento hippie y Panteras Negras. En América Latina se hacían guerrillas contra dictadores representantes del capital local y los serviles locales del imperialismo americano.

Las mujeres americanas y europeas habían descubierto la píldora y las de los países del Tercero Mundo, la metralleta, en las guerrillas codo con codo con los hombres.
En el Occidente los estudiantes pasaban de los libros de Marcuse a los de Alexandra Kollontai y Wilhem Reich con su Revolución Sexual y La Función del Orgasmo. Las mujeres americanas se manifestaban contra la Guerra de Vietnam y hablaban en Women's Lib, liberación de las mujeres.

Los estudiantes erguían barricadas en París, tomaban las calles en Praga, Berkley y Río de Janeiro y hablaban de revolución y de amor: revolución social y sexual. Y las feministas en sus manifestaciones hablaban de "mística femenina" y quemaban sujetadores en las plazas públicas.

En ese caldero cultural mundial, en Chicago, en 1968 y en Berkley, en el 69, se retoma, a través de boletines y periódicos feministas, la idea del Día Internacional de la Mujer. Sólo que se olvida que en el comienzo del siglo, cuando nació el Día de la Mujer, se añadía la cualificación de socialista. Este día había caído en el olvido, enterrado por sucesivas avalanchas históricas.

Las dos guerras mundiales, la burocratización stalinista de la Unión Soviética y el avance del capitalismo occidental en su versión clásica americana, o en su versión socialdemocrata europea, cada vez menos socialista, no tenían interés en conmemorar el 8 de Marzo.
En los países comunistas, después de la 2ª Guerra Mundial, volvieron las conmemoraciones del 8 de Marzo. Pero estas eran más para loar la política de sus respectivos gobiernos que para encaminar la lucha por la total liberación de la mujer.

Es en ese clima político-ideológico donde se retomará la idea de conmemorar una fecha internacional por la lucha de la liberación de las mujeres.

El origen del mito de la huelga de 1857

Lo que estamos acostumbrados a leer en los boletines de la convocatoria del Día de la Mujer es la historia de una huelga, que aconteció en Nueva York, en 1857 , en la cuál 129 obreras murieron después que los patrones hubieron incendiado la fábrica ocupada.

La primera mención a esa huelga, sin ninguno de los detalles que serán añadidos posteriormente, aparece en el periódico del Partido Comunista Francés, en la víspera del 8 de Marzo de 1955. Pero donde se fija esta fecha del 8 de marzo relacionada con esta huelga, es en una publicación, que apareció en Berlín, en la entonces República Democrática Alemana, de la Federación Internacional Democrática de las Mujeres. El boletín es de 1966.

El artículo habla rápidamente, en tres líneas, del incendio que habría ocurrido en 8 de marzo de 1857 y después dice que en 1910, durante la 2ª Conferencia de la Mujer Socialista, la dirigente del Partido Socialdemócrata Alemán, Clara Zetkin, en recuerdo a la fecha de la huelga de las tejedoras americanas, 53 años antes, habría propuesto el 8 de Marzo como fecha del Día Internacional de la Mujer.

La confusión creada por el periódico L´Humanité no habla de las 129 mujeres quemadas. Donde se comienza a hablar de estas mujeres quemadas es en la publicación de la Federación de las Mujeres Alemanas, algunos años después. Esta historieta ficticia tuvo su origen, probablemente, en otras dos huelgas ocurridas en la misma ciudad de Nueva York, pero en otra época. La primera fue una larga huelga real, de modistas, que duró del 22 de noviembre de 1909 a 15 de febrero de 1910.

La segunda fue otra huelga, una de las tantas luchas de la clase obrera, en el comienzo del siglo XX, en los EUA. Esta ocurrió en la misma ciudad en 1911. En esa huelga, de 29 de marzo, fue registrada la muerte, durante un incendio, causado por la falta de seguridad en las pésimas instalaciones de una fábrica textil, de 146 personas, la mayoría mujeres inmigrantes judías e italianas.

Ese incendio fue, evidentemente, descrito por los periódicos socialistas, numerosos en los EUA aquellos años, como un crimen cometido por los patrones, por el capitalismo.

Esa fábrica echando fuego, con decenas de obreras atrapadas en el octavo piso en llamas, nos da la pista del nacimiento del mito de aquella huelga de 1857, en la cuál habrían muerto 129 obreras en un incendio provocado intencionadamente por los patrones.

¿Como se llegó a crear toda la historia de 1857? ¿Por qué aquel año? ¿Por qué en los EUA? La explicación, probablemente, es la combinación de casualidades, sin ninguna intención diabólica ni preestablecida. Así es como nacen todos los mitos.

La canadiense Renée Côté investigó, durante diez años en todos los archivos de Europa, EUA y Canadá y no encontró ninguna pista de la huelga de 1857. Ni en los periódicos de la gran prensa de la época, ni en cualquier otra fuente de memorias de las luchas obreras.

Ella afirma y reafirma que esa huelga nunca existió. Es un mito creado a causa de la confusión con las huelgas de 1910; de 1911, en los EUA; y 1917, en Rusia.
Esa confusión se dio por motivos histórico-políticos, ideológicos y psicológicos que quedarán claros al final de este artículo.

Poco a poco el mito de esa huelga de las 129 obreras quemadas vivas se reafirmó y se borró de la memoria histórica de las mujeres y de los hombres junto a otras fechas reales de huelgas y congresos socialistas que determinaron el Día de las Mujeres, su fecha de conmemoración y su carácter político.

Ya en 1970, el mito de las mujeres quemadas vivas estaba conformado. Rápidamente fue hecha la síntesis de una huelga que nunca existió, la de 1857, con las otras dos, de modistas, que ocurrieron en 1910 y 1911, en Nueva York.

Ese año de 1970, con centenares de miles de mujeres americanas participando de enormes manifestaciones contra la guerra de Vietnam y con un fuerte movimiento feminista, en Baltimore, EUA, es publicado el boletín Mujeres-Periódico de la Liberación. Aquí ya se reafirmaba y se consolidaba la versión del mito de 1857.

Pero en Francia esa confusión no fue acepta tranquilamente por todas y todos. El periódico nº 0, de 8 de marzo de 1977 , Historia d´Ellas, publicado en París, alerta sobre esta mezcla de fechas y dice que, en largas búsquedas, nada se encontró sobre la famosa huelga de Nueva York, en 1857 . Pero esta alerta no tuvo eco.

Dolores Farias, en su artículo en Brasil de Fato, nº 2, nos recuerda que en 1975, la ONU declaró la década de 75 a 85 como la década de la mujer y reconoció el 8 de marzo como su día. Inmediatamente después, en 1977, la Unesco reconoce oficialmente este día como el Día de la Mujer, en homenaje a las 129 obreras quemadas vivas.

El año de 1978, el alcalde de Nueva York, en la resolución nº 14, de 24/1, reafirma el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, y que sea conmemorado oficialmente en la ciudad de Nueva York.

En la resolución cita expresamente la huelga de las obreras de 1857, por aumento de jornal y por 12 horas de trabajo diario, y mezcla esta huelga ficticia con una huelga real que comenzó el 20 de noviembre de 1909. El mito estaba fijado, firmado y consolidado. Ahora era sólo cuestión de reproducirlo.

¿Por qué el color lila?

A partir de 1980 todo el mundo contará esta historia creyendo que es verdadera. Aparecerá hasta un paño de memoria lila, el que las mujeres estarían tejiendo antes de la huelga. De aquella huelga que no existió. La mitología nace así. Cada narrador añade un poquito. "Quien cuenta un cuento aumenta un punto", dice nuestro refrán.

¿Por qué no rojo? Porque rojas eran las banderas de las mujeres de la Internacional. Rojas eran las banderas de Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo y Alexandra Kollontai, delegadas de sus partidos a la 1ª Conferencia de las Mujeres Socialistas, en 1907; y de la 2ª, en Dinamarca, en 1910. En esta última se decidió que las delegadas, en sus países, deberían conmemorar el Día de la Mujer Socialista.

El color lila en la lucha de las mujeres tiene un origen gracioso. La feminista Sylvia Pankrust nos cuenta que este color fue adoptado por las sufragistas inglesas en 1908, junto con otros dos colores, como símbolo de su lucha. Estas luchadoras por el derecho de voto escogieron el lila, el verde y el blanco. El lila se inspiraba en el color de la nobleza inglesa, el blanco simbolizaba la pureza de la lucha femenina y el verde la esperanza de la victoria.

Históricamente, el feminismo de los años 60 retomará este color. El rojo estaba muy relacionado con los Partidos Comunistas del Bloque Soviético que, en verdad ya tenían muy poco de socialismo, o de comunismo. Además de eso, históricamente, varios de estos partidos poco apoyo habían dato a las luchas específicas de las mujeres.

La expresión "Liberación de la Mujer" no era propia de estos partidos. En ellos, la lucha de la mujer era vista casi sólo con el objetivo de integrarla a la lucha de clases. La lucha feminista, para muchos comunistas, sólo entorpecía la lucha general del proletariado. Quitaba fuerzas a la lucha principal.

Fue en ese clima en el que, en las décadas de 60 y 70 del siglo pasado, la lucha feminista fue retomada, en un proceso de auto-organización de las mujeres. En el movimiento feminista había una fuerte crítica a la práctica de la mayoría de los partidos y sindicatos. Muchos movimientos se organizaron de forma autónoma, luchando para garantizar su independencia.

Así, varias feministas adoptaron el color lila como una nueva síntesis entre los colores azul y rosa. El rojo de las banderas de las mujeres de la Internacional fue olvidado. En la década de 70 las mujeres socialistas reafirmaban el origen socialista del 8 de Marzo, al mismo tiempo en que varias de ellas asumían el color lila como color específico de la lucha feminista.

La liberación de la mujer tiene su origen en la lucha socialista

La idea de la liberación de la mujer nació en la tierra fértil del movimiento socialista mundial, a finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX.

Las raíces de esta batalla pueden encontrarse en los escritos de Marx y Engels. La visión de la familia de la mujer proletária y de la burguesa que se desprende en el El Origen de la Familia, de la Propiedad y del Estado, de Engels, es la base de la visión de los socialistas sobre la necesidad de la liberación de la mujer proletária. La frase de Marx, "La opresión del hombre por el hombre se inició con la opresión de la mujer por el hombre", tardó en dar sus frutos, pero dio.

Contemporáneos de Marx, Paul Lafargue y Laura Marx fueron batalladores de la igualdad y de la liberación femenina en sus varios escritos, sobre todo en su libro más conocido, Derecho a la Pereza.

Clara Zetkin, desde 1890, inmediatamente después de la fundación de la Internacional Socialista, comenzó a hablar, escribir y organizar la lucha de las mujeres para integrarlas a la lucha socialista. Proyectaba la visión de que ellas tomaran su lugar en la lucha de clases, su lugar en la revolución socialista que estaba próxima.

Fuera de la 2ª Internacional, la tradición anarquista, de la otra parte del movimiento obrero, también exigía la igualdad de hombres y mujeres. La realidad en aquel comienzo del movimiento de la clase trabajadora aún era dura: partido y sindicato eran cosas de hombres. Pero aún en ese ambiente desfavorable, grandes mujeres pasaron a discutir con los mayores liderazgos de la época y dejaron sus marcas en libros y artículos y en la organización de las fuerzas revolucionarias.

Fue en este embate de ideas que uno de los teóricos de la Internacional, August Bebel, en 1885, escribió su libro La Mujer y el Socialismo. Y es en ese gran río que desagua el célebre La Nueva Mujer y la Moral Sexual, de Alexandra Kollontai, más de 20 años después.
En ese ambiente de luchas obreras y de discusiones teóricas en el campo socialista, es donde nació la lucha por la participación política y, poco a poco , por la liberación de la mujer.

A partir del comienzo del siglo XX esa batalla de las socialistas se cruzó con la del movimiento de las mujeres independientes, en su mayoría pertenecientes a las clases media y alta, que estaban en campaña por el derecho de voto. Esas mujeres, en Estados Unidos y en Inglaterra, al reivindicar el sufragio para las mujeres, quedaron conocidas como las sufragistas y sus relaciones con las socialistas eran de conflicto, debido a las visiones y la posición de clase diferentes.

Las mujeres socialistas crean el Día de la Mujer

Desde 1901, en los EUA, inmediatamente después de la creación del Partido Socialista, surge la Unión Socialista de las Mujeres con la finalidad de reivindicar el derecho del voto femenino. Entre los años 1900 y 1908, siempre en Estados Unidos, nacen varios clubes de mujeres, unos íntimamente conectados al Partido Socialista, otros más autónomos, anarquistas o no. Todos exigían el derecho de voto para las mujeres.

En 1908, la Federación de los Clubes de Mujeres Socialistas de Chicago toma la iniciativa, autónoma, no conectada oficialmente al Partido Socialista, de llamar para un Día de la Mujer, en un teatro de la ciudad. Era el domingo, 3 de mayo. Los debates del día tenían dos puntos del orden del día: 1. La educación de la clase trabajadora. 2. La mujer y el Partido Socialista.

En esa conferencia, el ponente Ben Hanford repitió una de las ideas clave de Engels en su El Origen de la Familia de la Propiedad y del Estado. En las palabras del orador, de acuerdo con Engels, "Las más explotadas son las madres de nuestro pueblo. Ellas están de manos y pies amarrados por la dependencia económica. Son forzadas a venderse en el mercado de la boda, como sus hermanas prostitutas en el mercado público."

Pero no fue ese encuentro independiente, en el teatro The Garrick, de Chicago, el que fuera reconocido por el Partido Socialista como comienzo de la conmemoración del Día de la Mujer. La iniciativa de ese día había nacido fuera de la estructura oficial del Partido.
El primer día de la Mujer, nacional, asumido por el Partido, fue al año siguiente, en Nueva York, en 28 de febrero de 1909. En otras ciudades del País, como Chicago, el día fue celebrado en otras fechas.

El objetivo de ese día, convocado por el Comité Nacional de la Mujer del Partido Socialista americano, "era obtener el derecho de voto y abolir la esclavitud sexual." El panfleto de convocatoria decía: "La realización de la revolución de las mujeres es un de los medios más eficaces para la revolución de toda la sociedad."

Desde el comienzo del siglo, en los EUA había un importante movimiento por el voto femenino fuera de la órbita de los socialistas. La mayoría de las mujeres del Partido consideraban ese movimiento como un movimiento de mujeres blancas y de clase media.

Dentro del Partido Socialista había un constante ir y venir sobre ese tema. Por su lado, las mujeres anarquistas no veían ningún sentido en la lucha por el voto, ni de las mujeres y ni de los hombres. El medio para construir una nueva sociedad y la igualdad entre hombres y mujeres, en la visión anarquista, no sería ciertamente el voto, y sí la acción directa revolucionaria. La principal portavoz de esta visión era la revolucionaria anarquista Emma Goldman.

El ambiente americano favorecía esta reivindicación del derecho de voto. Hasta el año 1909 solamente en cuatro estados era reconocido el derecho al voto femenino. La extensión del voto para toda mujer americana sólo vendría en 1920.

En Europa, el movimiento de las mujeres socialistas, liderado por Clara Zetkin, también estaba lleno de zigzag.

Desde el principio, dentro de la Internacional se llevaba una guerra sistemática contra la lucha por el derecho de voto femenino, vista como una forma de desviar las fuerzas revolucionarias de las mujeres y considerado como una reivindicación burguesa. Así eran tachadas las sufragistas, tanto de Europa como de América por los socialistas.

Esa visión europea será adoptada por el Partido Socialista americano, en medio de grandes debates y con voces discordantes. Al fuego del calor y de las contradicciones de ese debate, en la 1ª Conferencia Internacional de las Mujeres Socialistas, en 1907, en Stuttgart, 58 delegadas de 14 países elaboraron una proposición que comprometía a varios Partidos Socialistas a entrar en la lucha por el voto femenino. La resolución fue elaborada, en la víspera, en la casa de Clara Zetkin, por ella y dos camaradas, sus huéspedes: Rosa Luxemburgo y la única rusa de la Conferencia, Alexandra Kollontai.

Es en ese clima de embates que, en 1910, el Partido Socialista americano organiza, por segunda vez, el Día de la Mujer en el último domingo de febrero, en Nueva York. El objetivo del día es declarado sin rodeos en la invitación: "Enrolar a las mujeres en el ejército de los camaradas de la revolución social."

Esta conmemoración, de 1910 estuvo marcada por una gran participación de obreras. Eran las modistas de la ciudad que habían terminado una larga huelga por el derecho a tener su sindicato reconocido. La huelga duró desde el 22 de noviembre de 1909 hasta 15 de febrero de 1910, casi en la víspera del Día de la Mujer. Fue una huelga larga, dura, con fuertes piquetes reprimidos con violencia por la policía, que detuvo a más de 600 personas. Concluida la huelga las modistas participaron activamente de la preparación y de la realización del Día de la Mujer convocado por el Partido Socialista.

Dos meses después, en mayo, en el congreso del partido, realizado en Chicago, se deliberó que el partido americano enviaría delegados al Congreso de la Internacional, a celebrar en agosto con la tarea, entre otras, de proponer al plenario que el Día de la Mujer fuera asumido por la Internacional. Ese día debería hacerse el Día Internacional de la Mujer y ser celebrado por los socialistas, en el último domingo de febrero de cada año.

En agosto de ese año, antes del Congreso de la Internacional, se realizó en Copenhague, en Dinamarca, la 2 ª Conferencia Internacional de las Mujeres Socialistas. Fue entonces que las delegadas americanas llevaron la propuesta aprobada en el Congreso de su partido. Así, aceptando la propuesta de las delegadas de Estados Unidos, Clara Zetkin y otras camaradas proponen la realización anual del Día Internacional de la Mujer.

El día quedó indefinido. Quedó a cargo de cada país escoger la fecha mejor para conmemorar este día. La resolución aprobada será publicada inmediatamente después, en el periódico dirigido por Clara, La Igualdad, el 29 de agosto.

"Las mujeres socialistas de todas las naciones organizarán un Día de las Mujeres específico, cuyo primero objetivo será promover el derecho de voto de las mujeres. Es preciso discutir esta propuesta, conectándola a la cuestión más amplia de las mujeres, en una perspectiva socialista." La otra propuesta, de conmemorar el Día de la Mujer junto con la fecha ya clásica de la lucha obrera, el 1º de Mayo, defendida por Clara y varias otras delegadas, fue derrotada. El día de la Mujer debería ser conmemorado en un día propio, específico.

El Día de la Mujer se fija el 8 de Marzo

En Europa la primera celebración del Día Socialista de las Mujeres ocurrió el 19 de marzo de 1911, por decisión de la Secretaría de la Mujer Socialista, órgano de la Internacional. Alexandra Kollontai propuso la fecha, dice fue para apoyar un levantamiento de mujeres proletarias, en Prusia, el 19 de marzo de 1848. Ese día, escribió Kollontai, las mujeres consiguieron del rey de Prusia la promesa, después no cumplida, de obtener el derecho al voto.

En los EUA la tradición de realizar el Día de la Mujer en el último domingo de febrero se repitió en 1911, 1912 y 1913. En 1914, será conmemorado el 19 de marzo, siguiendo la indicación de Kollontai.

En varios países de Europa, después de la decisión de la 2ª Conferencia, donde había un partido socialista, se comenzó a conmemorar el Día de la Mujer.

En Suecia, la primera conmemoración fue en 1º de marzo de 1911. Lo mismo ocurrió en Italia.
En Francia el comienzo del Día de la Mujer fue en 1914, el día 9 de marzo, próximo al Día de la Mujer en Alemania.

En 1914, por primera vez, en Alemania, Clara Zetkin y las mujeres socialistas marcan la fecha del Día de la Mujer para el 8 de marzo. No se explicó el porqué de esa fecha, pues no se necesitaba. Era un detalle sin interés. La fecha era totalmente indiferente. Tenía que ser cualquier día. Lo importante era la realización del día.

En Rusia, bajo de la opresión del zar, el primer Día de la Mujer sólo fue conmemorado el 3 de marzo de 1913. En 1914 todas las organizadoras del Día de la Mujer cayeron presas y con eso no hubo conmemoración.

En plena Guerra Mundial, en 1917, en Rusia, las mujeres socialistas realizaron su Día de la Mujer el 23 de febrero, por el calendario ruso. En el calendario occidental, la fecha correspondía al 8 de Marzo. Era el mismo día que, en Alemania, había sido escogido en 1914 Fue ese día el que explotó la huelga espontánea de las tejedoras y modistas de Petrogrado.

Ese día, un gran número de mujeres obreras, en la mayoría tejedoras y modistas, contrariando la decisión del Partido, que consideró que aquel no era el momento para cualquier huelga, salieron a las calles en manifestación por pan y paz. Se declararon en huelga. Esa manifestación fue la espoleta del comienzo de la primera fase de la Revolución Rusa, conocida después como la Revolución de Febrero.

En octubre el Partido Bolchevique lidera la gran Revolución Rusa, en los "diez días que sacudieron el mundo".

Esa huelga fue documentada en los escritos de Trotsky y de Alexandra Kollontai, ambos miembros del Comité Central del Partido Obrero Socialdemocrata Ruso y ambos, después, proscritos por el stalinismo vencedor. Kollontai escribe: "El día de las obreras, 8 de Marzo, fue una fecha memorable en la historia. Ese día las mujeres rusas levantaron la antorcha de la revolución."

Pero el texto que mejor nos cuenta los hechos de la huelga de las obreras de Petrogrado es un largo tramo de Leon Trotsky, en el primer volumen de su libro Historia de la Revolución Rusa. Vale la pena acompañarlo:

"El 23 de febrero era el Día Internacional de la Mujer. Los elementos socialdemócratas se proponían festejarlo en la forma tradicional: con asambleas, discursos, manifiestos, etc. A nadie se le pasó por las mentes que el Día de la Mujer pudiera convertirse en el primer día de la revolución. Ninguna organización hizo un llamamiento a la huelga para ese día. La organización bolchevique más combativa de todas, el Comité de la barriada obrera de Viborg, aconsejó que no se fuese a la huelga. Las masas -como atestigua Kajurov, uno de los militantes obreros de la barriada- estaban excitadísimas: cada movimiento de huelga amenazaba convertirse en choque abierto. Y como el Comité entendiese que no había llegado todavía el momento de la acción, toda vez que el partido no era aún suficientemente fuerte ni estaba asegurado tampoco en las proporciones debidas el contacto de los obreros con los soldados, decidió no aconsejar la huelga, sino prepararse para la acción revolucionaria en un vago futuro. Tal era la posición del Comité, al parecer unánimemente aceptada, en vísperas del 23 de febrero. Al día siguiente, haciendo caso omiso de sus instrucciones, se declararon en huelga las obreras de algunas fábricas textiles y enviaron delegadas a los metalúrgicos pidiéndoles que secundaran el movimiento. Los bolcheviques -dice Kajurov- fueron a la huelga a regañadientes, secundados por los obreros mencheviques y socialrevolucionarios. Ante una huelga de masas no había más remedio que echar a la gente a la calle y ponerse al frente del movimiento. Tal fue la decisión de Kajurov, que el Comité de Viborg hubo de aceptar. "La idea de la acción había madurado ya en las mentes obreras desde hacía tiempo, aunque en aquel momento nadie suponía el giro que había de tomar." Retengamos esta declaración de uno de los actores de los acontecimientos, muy importante para comprender la mecánica de su desarrollo.

Dábase por sentado, desde luego, que, en caso de manifestaciones obreras, los soldados serían sacados de los cuarteles contra los trabajadores. ¿A dónde se hubiera ido a parar con esto? Estábamos en tiempo de guerra y las autoridades no se mostraban propicias a gastar bromas. Pero, por otra parte, el "reservista" de los tiempos de guerra no era precisamente el soldado sumiso del ejército regular. ¿Era más o menos peligroso? Entre los elementos revolucionarios se discutía muchísimo ese tema, pero más bien de un modo abstracto, pues nadie, absolutamente nadie -como podemos afirmar categóricamente, basándonos en todos los datos que poseemos- pensaba en aquel entonces que el día 23 de febrero señalaría el principio de la ofensiva declarada contra el absolutismo. Tratábase -en la mente de los organizadores- de simples manifestaciones con perspectivas vagas, pero en todo caso sin gran trascendencia.

Es evidente, pues, que la Revolución de Febrero empezó desde abajo, venciendo la resistencia de las propias organizaciones revolucionarias; con la particularidad de que esta espontánea iniciativa corrió a cargo de la parte más oprimida y cohibida del proletariado: las obreras del ramo textil, entre las cuales hay que suponer que habría no pocas mujeres casadas con soldados. Las colas estacionadas a la puerta de las panaderías, cada vez mayores, se encargaron de dar el último empujón"

En 1921 se realizó, en Moscú, en la URSS, la Conferencia de las Mujeres Comunistas que adopta el día 8 de Marzo como fecha unificada del Día Internacional de las Obreras. A partir de esa Conferencia, la 3ª Internacional, recién-creada, esparcirá la fecha 8 de Marzo como fecha de las conmemoraciones de la lucha de las mujeres.

Un día olvidado y después reinventado

En la Rusia comunista, después de la victoria de la Revolución de Octubre, en los primeros años del nuevo régimen, el día 8 de Marzo era conmemorado cada año como el Día Internacional de la Mujer Comunista.

Este día, poco a poco, perdió su interés y el adjetivo comunista fue cayendo a medida que el ímpetu revolucionario de la Unión Soviética comenzó a languidecer.

En los últimos años de la década de 20 y, sobre todo, los años 30, el Día Internacional de la Mujer, sea comunista o socialista, se perderá en la tormenta que se abatió sobre el mundo. El ascenso del nazismo en Alemania, el triunfo del stalinismo en la URSS y el declive de la socialdemocracia en Europa y el vendaval de la 2ª Guerra Mundial entierran las manifestaciones del Día de las Mujeres.

Fuera de los países comunistas, en el Occidente, la humanidad sólo volverá a hablar del Día de la Mujer, a finales de los años 60. En ese lapso de tiempo, el marco del 8 de Marzo, fecha de la huelga de las obreras de Petrogrado de 1917, fue olvidado.

La fecha de la victoria de las revolucionarias rebeldes rusas que impuso la derrota del absolutismo del zar y desató la Revolución Rusa, no interesaba a los comunistas del mundo entero. Estos, casi todos, vivían anestesiados por los encantos o por el terror stalinista.
Hacer retornar el recuerdo de aquel 8 de Marzo de las obreras revolucionarias de Petrogrado tampoco interesaba a la Socialdemocracia, rejuvenecida después de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial y en conflicto abierto con el comunismo de los países del bloque soviético.

8 de Marzo: una fecha a celebrar

Menos que más, la fecha del 8 de Marzo de 1917 en la naciente URSS, interesaba al bloque capitalista occidental, enemigo mortal de la Rusia comunista. Es en este clima, propicio al olvido de la verdadera historia del Día de la Mujer, ya en la década de 1950, en las publicaciones del Partido Comunista, en Francia, se comenzó a hablar de una fuerte lucha de las obreras americanas en el 8 de marzo de 1857 . Tal vez, la famosísima huelga del 1º de Mayo, en Chicago de 1886 y las numerosas huelgas en las tecelagens americanas estimularon las fantasías y llevaron a enfatizar la participación de Estados Unidos en la lucha de la mujer, lo que favoreció esta confusión de fechas. Poco a poco se desplazó la fecha de 1857 para Nueva York. Y ahí, en ondas sucesivas de cuentistas, se llegó la historieta completa.
El día 1º de Marzo de 1964, el periódico de la CGT francesa, Antoinette, habla que "fueron las americanas las que comenzaron. Era el 8 de marzo de 1857. Para exigir las 10 horas ocuparon las calles de Nueva York". Es la continuación de lo que ya había aparecido en el periódico del PCF, los años anteriores.

Y finalmente, fue así, sin necesitar de una conspiración organizada por un supuesto imperio del mal, que en Alemania Oriental, en 1966, la Federación de las Mujeres Comunistas informó de la historia del Día de la Mujer, enriquecida con el martirio de las 129 mujeres quemadas vivas.

Todo esto fue hecho de forma confusa, mezclando hechos con fantasías, con cada cuentista escribiendo e inventando fechas y detalles.

Y fue así, sin ninguna deliberación conspiratoria, que el mito que acababa de ser creado, en 1966, en el Este Europeo, comenzó a ser divulgado y fue después enriquecido en los EUA al final de los años 60 y en todo el mundo occidental.

Después de eso, era sólo enriquecer el mito. Esto es lo que se hizo, hasta su cristalización en 1975, con La ONU e inmediatamente después con La Unesco, en 1977.

Una fecha muy rica que no necesita de mitos

Derrumbar el mito del origen de la fecha 8 de Marzo no implica desvalorizar el significado histórico que este adquirió.

Muy al contrario. Significa retomar la verdad de los hechos que son suficientemente ricos de significado y que cargan toda la lucha de la mujer en el camino de su liberación. Significa enriquecer la conmemoración de ese día retomando su sentido original.

Significa volver a los orígenes del ideal socialista de la mayoría de las mujeres que luchaban por un mundo nuevo sin explotación y opresión del hombre por el hombre y específicamente de la mujer por el hombre.

Un día que quiere retomar la conmemoración y la lucha de un 8 de Marzo sin miedos. Avanzar sin miedos y sin vergüenza por las derrotas sufridas por las revoluciones perdidas el siglo XX, rumbo a la conquista de la liberación total de las mujeres.

Significa integrar todos los nuevos e importantísimos aspectos de la lucha de la liberación de la mujer, descubiertos con la evolución histórica de la humanidad del siglo XX, con sus raíces socialistas.

Integrar en la clásica lucha libertaria, socialista y comunista del comienzo del siglo XX, las contribuciones de diferentes líneas de pensamiento y países que van de Wilhem Reich a Simone de Beauvoir, de Herbert Marcuse a Samora Machel, de Betty Friedann a Rose Marie Muraro. Integrar toda la lucha del feminismo para construir una sociedad donde la mujer sea reconocida como gente.

Integrar estas elaboraciones teóricas con las luchas y las experiencias de vida de miles de activistas, militantes y organizadoras de la lucha de las mujeres en el mundo entero: desde las guerrilleras latino-americanas, a las mujeres vietnamitas, a las trabajadoras de las fábricas a las plantadoras de arroz de la India, a las Madres de los desaparecidos argentinos a las luchadoras por la reforma agraria del MST.

Una larga lucha sin miedo a la felicidad, sin miedo del placer. Sin miedo de luchar por una revolución, que deberá ser social, sexual, y profundamente cultural. Sin miedo de levantar las banderas rojas de la lucha por la liberación de la humanidad. La liberación de hombres y mujeres.

Anexo

Fechas básicas sobre el origen del 8 de Marzo

1900-1907.
- Movimiento de las Sufragistas por el voto femenino en los EUA e Inglaterra.
1907.
- En Stuttgart, se realiza a 1 ª Conferencia de la Internacional Socialista con la presencia de Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo y Alexandra Kollontai. Una de las principales resoluciones: "Todos los partidos socialistas del mundo deben luchar por el sufragio femenino."
1908.
- En Chicago (EUA), el día 3 de mayo, es celebrado, por primera vez, el Woman´s Day. La convocatoria es hecha por la Federación Autónoma de Mujeres.
1909.
- Nuevamente en Chicago, pero con nueva fecha, último domingo de febrero, se realiza el Woman's Day. El Partido Socialista Americano toma el frente.
1910.
- La tercera edición del Woman's Day se hace en Chicago y Nueva York, convocado por el Partido Socialista, en el último domingo de febrero.
- En Nueva Cork, gran participación de obreras debido a una huelga que paralizaba las fábricas de tejido de la ciudad. De los treinta mil huelguistas, un 80% eran mujeres. Esa huelga duró tres meses y acabó el día 15/02, víspera del Woman's Day.
- En mayo, el Congreso del Partido Socialista Americano delibera que las delegadas al Congreso de la Internacional, que sería realizado en Copenhague, en Dinamarca, en agosto, defiendan que la Internacional asuma el Día Internacional de la Mujer.
"Y Este debe ser conmemorado en el mundo entero, en el último domingo de febrero, a ejemplo del que ya acontecía en los EUA".
- En agosto, la 2 ª Conferencia Internacional de la Mujer Socialista, realizada dos días antes del Congreso, delibera que: "Las mujeres socialistas de todas las nacionalidades organizarán (...) un día de las mujeres específico, cuyo principal objetivo será la promoción del derecho al voto para las mujeres". No se define una fecha específica.
1911.
- Durante una nueva huelga de tejedoras y tejedores, en Nueva York, mueren 134 huelguistas, a causa de un incendio debido a pésimas condiciones de seguridad.
- En Alemania, Clara Zetkin lidera las conmemoraciones del Día de la Mujer, el 19 de marzo. (Alexandra *Kollontai dice que fue para conmemorar un levantamiento, en Prússia, en 1848, cuando el rey prometió a las mujeres el derecho al voto).
- En Estados Unidos, el Día de la Mujer es conmemorado el 26/02 y en Suecia, en 1º de Mayo.
1912.
- En Estados Unidos, el Día de la Mujer es conmemorado en 25/02.
1912 y 1913.
- En Alemania, el Día de la Mujer es conmemorado en 19/3.
1913.
- En Rusia es conmemorado, por primera vez, el Día de la Mujer, en 3/3.
1914.
- Por primera vez, la Secretaría Internacional de la Mujer Socialista, dirigida por Clara Zetkin, indica una fecha única para la conmemoración del Día de la Mujer: 8 de Marzo. No hay explicación sobre el porqué de la fecha.
- La orientación fue seguida en Alemania, Suecia y Dinamarca.
- En Estados Unidos, el Día de la Mujer fue conmemorado en 19/03.
1917.
- El día 8 de Marzo de 1917 (27 de febrero en el calendario ruso) estalla una huelga de las tejedoras de San Petersburgo. Esta huelga genera una gran manifestación y da inicio a la Revolución Rusa.
1918.
- Alexandra Kollontai lidera, en 8/3, las conmemoraciones por el Día Internacional de la Mujer, en Moscú, y consagra el 8/3 en recuerdo a la huelga del año anterior, en San Petersburgo.
1921.
- La Conferencia de las Mujeres Comunistas aprueba, en la 3ª Internacional, la conmemoración del Día Internacional Comunista de las Mujeres y decreta que, a partir de 1922, será celebrado oficialmente el 8 de Marzo.
1955.
- Día 5/3 , L´Humanité, periódico del PCF, habla por primera vez de la huelga de 1857, en Nueva York. No habla de la muerte de las 129 quemadas vivas.
1966.
- La Federación de las Mujeres Comunistas de Alemania Oriental retoma el Día Internacional de las Mujeres y, por primera vez, cuenta la versión de las 129 mujeres quemadas vivas.
1969.
- En Estados Unidos, el movimiento feminista gana fuerza. En Berkley, es retomada la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.
1970.
- El periódico feminista Periódico de la Liberación, en Baltimore, en los EUA consolida la versión del mito de 1857.
1975.
- La ONU decreta, 75-85, la Década de la Mujer.
1977.
- La Unesco declara la fecha 8/3 como Día de la Mujer y repite la versión de las 129 mujeres