Pierre-François Grond / Rouge, 6 de abril de 2006
Promulgando la ley sobre la igualdad de oportunidades, que incluye el contrato de primer empleo, Chirac está ya en los prolegómenos de la crisis. Elegido en 2002 en circunstancias excepcionales, Chirac acumula los abusos de autoridad.
La crisis del contrato de primer empleo (CPE) es emblemática de los métodos de gobierno de Jacques Chirac: la utilización de la fuerza. Mientras que, por tres veces, entre 1994 y 1995, la derecha había tenido que ceder ante las huelgas y manifestaciones -sobre el contrato de inserción profesional (CIP) planteado por Balladur, sobre la ley Bayrou a propósito de la enseñanza privada y sobre la contrarreforma Juppé de las jubilaciones y la Seguridad social-, Jacques Chirac se prometió a sí mismo, desde 2002, no ceder nunca más bajo la presión de la calle. Sin embargo, la movilización excepcional de la juventud contra la precariedad y la extensión de esta contestación a los trabajadores/as ponen en mala situación la determinación presidencial: frente sindical unido, movilizaciones en ascenso de los jóvenes, unidad de los partidos de la izquierda, división de su propio campo, vacilaciones patronales: todos los ingredientes de la crisis están reunidos.
En 2002, Chirac fue elegido con más del 82% de los votos, en el marco de un referéndum anti Le Pen. A salvo de múltiples asuntos judiciales, Chirac se aprovecha para poner en pie un estado-UMP monopolizando el conjunto de los poderes al servicio de una política de adaptación de la sociedad francesa a las exigencias del capitalismo liberal. Con la contrarreforma de las jubilaciones, en 2003, comienza la estrategia de la apisonadora. A pesar de la amplitud de la movilización y aprovechándose de la división sindical, Chirac promulga la ley, inicio de una larga serie de ataques victoriosos contra los derechos sociales. No preocupándose ni de la impopularidad manifiesta de las medidas adoptadas, ni de la sanción electoral que no tardará en llegar.
Así, la derecha sufre una desautorización masiva en las elecciones regionales y europeas de 2004. Pero poco importa a un presidente con un profundo sentimiento de impunidad. Desde el día siguiente al fracaso electoral, el Eliseo acelera la puesta en marcha de su hoja de ruta: aperturas de capital y privatizaciones de numerosas empresas públicas, entre ellas la electricidad y el gas (EDF y GDF); ley Douste-Blazy contra el seguro de enfermedad; ley Fillon contra el derecho a la educación que suscita ya una fuerte reacción de los estudiantes de secundaria... Todo en una atmósfera securitaria mantenida con la adopción de numerosas leyes liberticidas y antiinmigrantes con la marca de Nicolas Sarkozy. Al intentar hacer ratificar el tratado constitucional europeo, Chirac pensaba cristalizar la correlación de fuerzas en su favor, ayudado, es cierto, por lo esencial de la dirección del PS. El "no" masivo del 29 de mayo fué, una vez más, la expresión del rechazo del liberalismo por la sociedad francesa.
Pero, inmediatamente después del referéndum, publicaba un decreto oficializando el paso del estado a menos del 50% de la participación en el capital de France Télécom. Con la puesta en pie del gobierno Villepin, se asiste a una fase de aceleración, que apunta principalmente a desmantelar el código del trabajo: contrato de nuevas contrataciones (CNC), aprendizaje desde los 14 años, trabajo de noche a partir de los 15 años, y contrato primer empleo (CPE). En las antípodas de las exigencias expresadas en la campaña del referéndum, el tandem Chirac-Villepin prosigue su loca carrera con el trasfondo de la competencia en la derecha con Sarkozy. Sin embargo, atacando a la población, Chirac provoca tres crisis en un año: el rechazo de la Constitución europea, la revuelta de las barriadas, el pasado otoño, y el levantamiento popular y democrático actual. Desde el viernes 31 de marzo, el monarca está desnudo. Chirac se encuentra ya en primera línea. Queda aún un año para acabar este quinquenio ya calamitoso. Un año es muy largo, tan ilegitimada como se muestra la presidencia de Chirac. Como Villepin, la suerte de Chirac está ahora ligada al CPE. Expulsémosles sin esperar a 2007.
* Traducción de Alberto Nadal






















