Rubén Quirante *
“Tengo una hija de 23 años que se encuentra actualmente en prácticas de empresa. Ese es el único tipo de contrato que le ofrecen. El CPE le dará más ventajas” exclamaba el primer Ministro Francés De Villepin, con la mano en el corazón, para alabar las ventajas del contrato de primer empleo (CPE). Y es que visto así parece que la gente joven del país vecino se han vuelto loca. Hablan de precariedad laboral cuando el gobierno habla de lucha contra el paro. Dos visiones opuestas de un mismo acontecimiento que tiene mucho que ver con los diferentes intereses que ambos defienden.
¿Qué es el CPE?
El CPE otorga el derecho a las empresas con más de 20 trabajadores, a contratar durante un tiempo de prueba de hasta 24 meses a jóvenes de menos de 26 años y de poder realizar su despido sin tener que justificarlo. Este contrato de primer empleo viene como complemento del contrato de nuevos empleos (CNE), que instauraba el mismo periodo de prueba para toda la gente asalariada en empresas de menos de 20 trabajadores. Lo cual concierne a una persona asalariada de cada tres o lo que es lo mismo a 5 millones de trabajadores/as.
La voluntad del Gobierno es de avanzar hacia un contrato único “definido” para el conjunto de la gente trabajadora. El CPE está inmerso en una ley más amplia mal llamada “ley por la igualdad de oportunidades” que pretende precarizar aún más a la juventud y despojarla de cualquier posibilidad de lucha.
Se trata en definitiva de un ataque frontal a toda posibilidad de conseguir un contrato definido y que por lo tanto, lejos de supuestamente luchar contra el paro, favorece aún más que una abrumadora mayoría de jóvenes se vea embuida en la precariedad laboral convirtiéndose en una mano de obra a disposición del empresario.
Pero esta ley es también un ataque al conjunto del mundo del trabajo. El CPE sigue con la lógica llevada a cabo por el gobierno del UMP (la derecha francesa), desde hace ya años, de atacar las conquistas sociales (desmantelamiento de los servicios públicos como EDF-GDF, France Telecom…, ataque a las pensiones, a la seguridad social o a la educación).
Argumentaciones de sinvergüenzas
En cuanto a los argumentos planteados por el primer ministro galo caben destacar, por su falta de vergüenza, los siguientes: “No tenemos elección, la situación es dramática… debemos ser competitivos de cara a la mundialización” y por todo ello es necesario que entre tod@s nos apretemos el cinturón y que vayamos aceptando toda una serie de reformas que son al fin y al cabo “inevitables”.
Sin embargo esta palabrería parece no haber convencido a la mayoría de la juventud francesa que ve a diario como empresas como Total anuncian más de doce mil millones de euros de beneficios generando un aumento del 100% para los accionistas entre 2000 y 2005 o como el patrimonio de las diez familias más ricas de Francia alcanza la despampanante cifra de 70 mil millones de euros mientras que en la otra punta de la cadena 3,5 millones de trabajadores/as ganan menos de 600 euros al mes.
El problema está claro. No es que no haya dinero. Es que éste está acaparado por una pequeña minoría que cada vez quiere más.
Por todo ello, las resistencias se acentúan. Prueba de ello son las tres últimas crisis sociales y políticas sufridas por el Gobierno en los diez últimos meses: el No a la constitución Europea, la rebelión de los barrios marginados y ahora esta movilización contra el CPE.
Movilizaciones, bloqueos y coordinación
A día de hoy el balance de las movilizaciones es el siguiente: la movilización lleva ya 7 semanas. 70 universidades de 88 están en huelga con más de 50 universidades bloqueadas por estudiantes. Y hace ya 2 semanas que l@s estudiantes de medias se han sumado a la lucha con más de 800 institutos bloqueados y en huelga. Por otra parte, se van sumando ya algunos sectores de trabajadores/as en huelga permanente (sobretodo el PAS de las universidades). A todo esto hay que añadirle una fuerte presencia de la gente asalariada en las diferentes movilizaciones convocadas por las organizaciones sindicales conjuntamente con el estudiantado: 1 millón el 7 de marzo, 1,5 millones el 18 de marzo y 3 millones el 28 del mismo mes.
Este amplio movimiento en la juventud es posible gracias a la forma de lucha que han ido adoptando, bloqueando las universidades y los institutos:
- En las universidades, los bloqueos han sido la mejor forma de masificar la lucha ya que con las nuevas reformas educativas (véase nuevos créditos europeos: ECTS) es casi imposible para un estudiante ausentarse de clase sin suspender la asignatura. En algunas Facultades parisinas las asambleas generales pasaron de 300 estudiantes a más de 1200 con el bloqueo de los edificios.
- En cuanto a los institutos, el bloqueo ya había sido realizado el curso pasado durante las movilizaciones de enseñanzas medias. Pero este año los institutos de formación profesional también se han sumado.
Otro aspecto que hace que este movimiento tome cada vez más fuerza es su estructura en coordinación nacional estudiantil. La primera coordinación reagrupó a 34 universidades y menos de 100 estudiantes. Hoy, la coordinación nacional está compuesta por más de 300 estudiantes de 86 universidades. Esta coordinación está compuesta de 20 portavoces (10 hombres y 10 mujeres) y a pesar de que los medios de comunicación intenten tomar como interlocutor del movimiento a las direcciones sindicales estudiantiles, la realidad del movimiento es otra.
Represión policial y administrativa
De cara a esa demostración de fuerza por parte de los jóvenes y del mundo del trabajo el, Gobierno ha decidido pasar a la fuerza con el CPE… la represión no se ha hecho esperar ya sea ésta policial con más de 1500 detenciones en 7 semanas, de las cuales 500 fueron realizadas el propio 28 de marzo, y con un sindicalista de SUD de Correos machacado por la policía que se encuentra en coma desde hace ya más de una semana; o administrativa con universidades como la Sorbona o Nanterre cerradas por las autoridades y tomadas por los antidisturbios para romper, en aquellas universidades, la movilización.
Hoy más que nunca es necesario aguantar el pulso y golpear conjuntamente y contundentemente mediante una huelga general permanente. Solas, las estudiantes, no podrán ganar esta lucha. Únicamente el compromiso de la gente trabajadora en el movimiento por medio de la huelga puede poner en jaque al poder.
La huelga del 28 de marzo
En ese sentido es necesario que no sólo se reúna la intersindical como lo hizo el pasado 20 de marzo con las organizaciones estudiantiles y con la coordinación nacional de estudiantes para plantear una jornada de movilización para el pasado 28 de marzo, sino que también ponga paso firme hacia una huelga general duradera.
Para ese día se convocó por parte de este amplio frente anti-CPE una jornada de huelga y manifestación. El resultado es conocido por todo el mundo: 3 millones de manifestantes por las calles de toda Francia, es decir más del doble de la anterior jornada de lucha el pasado 18 de marzo (más de 700 000 personas en París, entre 200.000 y 250 000 en Marsella, de 30 000 a 100 000 en Burdeos…) una cifra histórica, superando incluso las últimas movilizaciones del 95 que conllevaron la caída del entonces primer ministro francés Alain Juppé.
La huelga afectó tanto a los sectores públicos (educación, transportes, administración pública, correos…) como al sector privado. Sin embargo el Primer Ministro no parece dispuesto a ceder. Esta en juego su futuro político inmediato en esa pugna por el poder para la presidencia de la República entre De Villepin y el ministro del Interior/ Represor Sarkozy.
Una victoria posible
Pero lo importante para el movimiento anti-CPE es ser concientes de que hoy es posible ganar la lucha, es posible infligirle al poder una gran derrota sin por ello tener que esperar a las elecciones presidenciales del 2007. Pero eso sólo podrá ser mediante la confluencia de los jóvenes y la mayoría de los trabajadores en un gran movimiento contra la precariedad laboral.
La derrota debe, pues, ser lograda en la calle. La responsabilidad es importante ya que no sólo se trata de conseguir la retirada del polémico contrato sino también de ir fraguando una victoria política y social con el fin de devolver confianza a toda aquella gente que resiste. Para permitir a los que salieron derrotados en el 2003 (durante las movilizaciones sobre las pensiones) y a los jóvenes que el año pasado no lograron echar para atrás la ley de educación (Loi Fillon), que tanto movilizó a los estudiantes y profesores de enseñanzas medias, que levanten la cabeza. Para que una nueva generación empiece su “vida” política y social con una victoria. Porque no se puede construir una alternativa a este sistema sin luchas y menos sin victorias (por muy parciales que estas sean) del mundo del trabajo y de la juventud.
Todo lo que está en juego
Lo que está en juego si perdemos es mucho, nos jugamos la posibilidad de agudizar a nuestro favor la relación de fuerzas patrón/asalariado así como de que la patronal no se afiance en su voluntad de destruir cada vez más el Código del Trabajo. La derecha lo sabe. El gobierno teme esa posibilidad de victoria de los de abajo y por eso quiere negociar. En ese sentido convocó a los sindicatos de trabajadores y de estudiantes el pasado 24 de marzo con el fin de enterrar bajo tierra cualquier atisbo de huelga. La respuesta de las organizaciones sindicales debe de estar a la altura de las circunstancias y la tarea de los revolucionarios debe ser presionar para que así sea y para que el país se paralice.
Y es que este gobierno sabe que si sale derrotado de este pulso hoy en la calle, es muy probable que mañana salga derrotado en las urnas.Por todo ello el mensaje debe ser claro: retirada sin condiciones del CPE. En esa línea se ha vuelto a convocar una jornada de huelga y manifestación para el 4 de abril, en la que un vez más la gente joven y la trabajadora pedirán el despido sin condición del Primer Ministro y de su Gobierno recordándoles, sintiéndolo mucho, que su periodo de prueba laboral ha concluido.
* Miembro de Espacio Revolucionario Andaluz




















