¡Elegid República!
memoria | política

 Antonio Cruz González *

"España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de libertad y justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo. La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y de las Regiones". (Artículo primero de la Constitución de 1931) 

Siempre he defendido los valores que la Segunda República trajo consigo. Valores progresistas. El laicismo, tras siglos de oscurantismo, solamente interrumpidos brevemente con la corriente liberal que vino con la Revolución burguesa de la Francia de 1789, o con  la I República. La cultura, entendiendo como tal, desde las ciencias, grandes proyectos ingenieriles, que luego el dictador utilizó y se los apropió en su nombre, (entre los más famosos, red hidrográfica y ferrocarriles); las artes, con las vanguardias en el mundo de la pintura y escultura, los poetas, la generación más prodigiosa y mucho más numerosa que en el Siglo de Oro, los novelistas y los autores de teatro, los pensadores y filósofos; la educación, con las Misiones Pedagógicas, la Institución Libre de Enseñanza, los diferentes colegios con la enseñanza mixta y práctica en la naturaleza; las bibliotecas, la propia difusión del cine y del teatro, etc. etc. 

Pero España (entonces no había autonomías), y no podemos caer en la boutade de decir Estado Español, tenía unos problemas profundos de desarrollo, que afectaban al trabajo de la población. Esas revoluciones que aquí faltaron, o llegaron tarde, mal y por breves períodos, provocaron el retraso de la evolución democrático-burguesa, y la falta de industrialización, salvo territorios de Catalunya y Euskadi, y las relaciones de producción del campo, feudales, oligárquicas, opresivas, son las condiciones predominantes. Y como antes hacíamos constar de pasada, la falta de una autodeterminación política del territorio, era signo también del retraso. El breve intento de Federalismo y Cantonalismo de la I República, provocó en la reacción el miedo suficiente para ni siquiera plantearse, una autonomía burguesa como la ahora existente. 

¿Por qué llega la República?. Y, ¿por qué llega pacificamente?. Son dos cuestiones que hay que divulgar. Llega la República por la insufiencia monárquica y de la burguesía oligárquica de solucionar los problemas pendientes antes mencionados, y otros nuevos de marcado carácter político que se arrastran desde la dominación colonial de Marruecos. La profunda diferencia de clases, basada sobre todo en la diferencia de valores entre pobres y ricos, entre campesinos, obreros y clase dominante, con la inclusión grave del analfabetismo y la falta de escuelas, la falta de salud, la superstición amparada sobre todo por la Iglesia que hace de la ignorancia de los sin pan, cultivo del miedo y del oscurantismo ambiental, provocan que a pesar del predominio feudal y las presiones bancarias, el país esté endeudado, con un Rey que ha querido participar activamente en la política, nombrando directamente los generales que anduvieron por Marruecos, amparando al Dictador Primo de Rivera, nombrando posteriormente a otro general, Berenguer, que lo único positivo que llegó a hacer es poner las urnas para que el pueblo votase una República que acabara con el malestar anterior. Malestar, bien entendido, de los oprimidos. La explicación de la llegada pacífica es evidente. No había una oposición organizada en el proletariado y el campesinado, para acceder a una revolución como la rusa. De ahí el fracaso de la Huelga General del 17, coincidiendo con el año de los Soviets. Por lo tanto, llegó pacíficamente, porque fue la propia oligarquía burguesa la que la amparó como salida a sus problemas, por supuesto la oligarquía más inteligente, que quería salvar sus privilegios de clase como fuera, incluso haciendo concesiones. 

La proclamación fue un acto festivo. Nunca fue un acto revolucionario, ni siquiera un levantamiento, aunque de hecho se iniciase con el preámbulo, en diciembre del 30, de Galán y Hernández, pensando que se conseguiría fácilmente. Ese intento, no creo yo, que fuera en vano. Sirvió para que la burguesía se pensase, en los meses que faltaban hasta abril, lo que iba a llegar. Aunque se deduce de lo antedicho, es evidente que no se pensaba hacer por la clase oligárquica la revolución burguesa pendiente.  

Digamos que ninguno de los que pensamos en una tercera República, la de la a “la tercera la vencida”, estamos dispuestos a reconocer que fuera un mal paso. Ese paso, admitido y permitido por la burguesía, también fue deseado por el pueblo llano, con alegría, contento y pacíficamente. Desaparecía la Monarquía, lastre feudal, preservadora de tantas actitudes retrógrados, desde las feudales, hasta las de opresión religiosa y oligárquica. Es evidente que habría el riesgo para esa clase burguesa incapaz de modernizar el país, de que los conflictos sociales aumentasen. Pero bien sabido es que el mal de la derecha es el miedo. Y entre dos miedos, solventaron el del juicio de un rey incapaz, que debía de afrontar las catástrofes de la guerra de Marruecos, el atraso del campo, la inflación, y la poca industrialización y alfabetización. 

¿Como se planteó la otra parte, es decir el proletariado y el campesinado, el futuro?, es decir, hacer esa revolución democrática, que era incapaz de efectuar la burguesía. Aquí se planteaban varios caminos, el anarquismo tradicional vía sindical, principalmente, con pequeños grupúsculos de acción directa, que no variarían la estructura global de la clase dominante, y con grupos intermedios siguiendo la escuela de Salvador Seguí, o buscando una vía político sindicalista de Pestaña. Es decir intentar arreglar los problemas del trabajador desde el mundo del trabajo y no desde la política, considerando al Estado político, Estado opresor. La influencia del anarquismo, tan idealista, tan necesario, pero con poca visión de unión con el resto del proletariado, es una de las causas que hicieron que la República caminara hacia la derecha. La política reformista del Socialismo Español, alejándose de las posturas de la III Internacional, tampoco ayudaron a la unión del proletariado y del campesinado, aunque en algunas zonas campesinas fue importante. Y por último los comunismos, del PCE, del BOC, de la IC, y de los simpatizantes, algunos de ellos sindicados en CNT, otros en UGT, y otros, como la Unió de Rabassaires, uniéndose y separándose cuando convenía. Entre todos no aportaron esa unión de un partido, a semejanza de los bolcheviques; partido que lograra al menos la revolución democrática, ya que no la dictadura del proletariado. Sólo la clase obrera podría resolver los problemas planteados, y cuando los antagonismos estaban tan a flor de piel, sólo a través de una revolución. Y esto se podía conseguir con una República si las causas hubieran estado dadas. 

Y no por falta de provocaciones. Aunque la República nació, como se indica en el recordatorio del artículo primero de la Constitución republicana, como Democrática de trabajadores, en régimen de libertad y justicia, una cosa era predicar y otra dar trigo. En una primera etapa Constituyente, se paró a las clases oprimidas por aquello de que lo que corría prisa era tener un texto, una Constitución y luego ya se gobernaría. Y efectivamente se llegó al texto. Y se procede en junio del 1931 a las Elecciones a Cortes Constituyentes. Pero ya algún detalle anterior, hacía prever que el camino no era de rositas. En mayo, es decir como quién dice, al día siguiente de proclamada la República, ya empezaron las primeras conspiraciones de militares monárquicos antirepublicanos. En Julio, mes que por lo visto en nuestra Historia es proclive a acciones violentas, sucede la Huelga de Telefónica y la Huelga general de CNT. Como se ve el enfrentamiendo de clase no tarda en llegar. En diciembre se forma el Gobierno Azaña, pero al frente de la República, está un católico andaluz, Niceto Alcalá Zamora, siempre dudoso, siempre renuente con las medidas progresistas. Diríamos que republicano sí, pero de derechas. Y aunque se aprueban las reformas del Ejército y Agraria (septiembre 1932), son más nominales que otra cosa. La Guardia Civil, que a los ojos del pueblo llano, siempre ha defendido al terrateniente y al propietario, sigue teniendo el mismo poder de siempre. Esto se demuestra en los sucesos de diciembre de 1931 y enero de 1932 de Castilblanco y Arnedo. Además también sucede el levantamiento anarquista del alto Llobregat.  

Pero si las medidas progresistas no llegaban para los de abajo, encima, como siempre sucede, a cualquier acción revolucionaria por pequeña que sea, por mal que venga, siempre aparace la reacción cerril de la oligarquía, y como preámbulo o ensayo de lo que vendría después, se levanta militarmente Sanjurjo. En Sevilla y Madrid. Con estruendoso fracaso. Tampoco la pequeña burguesía político republicana, reacciona. Las condenas de este golpe son muy leves, y parece como si todo se fuese dejando para que las circunstancias fueran acercándose al abismo. En el 1933, los sucesos de Casas Viejas, en diciembre, los levantamientos anarquistas de Cataluña y Aragón, y ya en el 1934, la Huelga general en el campo, y la Revolución de Octubre, que por causas que no vamos a explicar aquí, pero que tuvieron que ver con la desunión de los trabajadores, o mejor dicho de los partidos y sindicatos de trabajadores, que sólo funcionó en Asturias, es decir dónde la unión se dió. 

El terror que le entró al Gobierno fue mayor que cualquier acción de los años anteriores a la República. Y mandó a quién debía entrenarse con estas acciones para luego traicionar y atacar a quienes le pagaban la soldada. Es decir el militar Franco. De la misma manera que en la Guerra Civil, se le permitió arrasar con moros y legionarios a los trabajadores de Asturias, y una vez terminada la batalla, fusilar a diestro y siniestro, antesala de que lo hiciera en la Guerra Civil. 

Me paro aquí. No voy a hacer una crónica del Bienio Negro, dónde gracias a la CEDA y a los radicales de Lerroux, se desmontaron los intentos de avances de la Reforma Agraria, y se devolvieron a las manos de la Iglesia, a través de testaferros, los pocos bienes que se habían intentado amortizar. 

Y ahora cabe hacer una reflexión. Como dice algún inteligente historiador, hubo tres Repúblicas, la reformista, la fascista y la revolucionaria. La pregunta es: ¿Cuándo decimos que queremos la República, en cuál estamos pensando?. 

Porque en este 75 Aniversario, estamos todas y todos tan contentos con nuestras banderitas y nuestros actos conmemorativos, nuestras efemérides y nuestras manifestaciones. Pero me queda una pregunta ecléctica, y con cierta dosis de corrosividad, ¿Preferían algunos de estos republicanos, un Presidente Aznar, Esperanzi Aguirre o Rajoy, antes que a Juan Carlos?. 

Evidentemente, alguno pensaría que a los antedichos sólo habría que aguantarlos 4, 8 o 10 años, y desde luego si incurren en errores, se les podría echar. Pero a mí después de conocer a los Bush, Chirac, Berlusconi y otros republicanos de pro, eso sin hablar de los jerifaltes de los países no democráticos, pero eso sí, republicanos, me entran unas dudas terribles, aunque no me hagan bajar del burro republicano. 

Hay que luchar por una Tercera República, porque parece mentira, que todavía en pleno Siglo XXI, tengamos que depender de los genes y de los semenes de ciertas personas, para tener un Jefe de Estado. La Monarquía, con independencia del grado de inteligencia del que la ejerza, y a pesar de que el resto del Estado sea democrático, es una institución caduca y atrasada, sólo capaz para los lectores de revistas del corazón. 

En estas estamos. Cuando hablamos de escuela laica y la Iglesia y la derecha se rasgan la vestiduras, poco desde luego, porque sus trajes son carísimos, es sólo consecuencia de no tener una institución republicana, en la que todos participemos en libertad, igualdad y solidaridad. Cuando hablamos de sanidad, y nuestras oligarquías miran a la globalización financiera y económica que proporcionará solares a los capitalistas privados para levantar Hospitales, que les revertirán pingües ganancias, es también consecuencia de no haber puesto bien los cimientos, y seguir bajo los pasos de la oligarquía franquista.

Y así podíamos seguir con la reforma del Ejército, todavía con intención golpista, con la reforma de las leyes sociales, homosexuales, educación, reforma laboral, funcionarial, tan criticadas por la reacción. Todo ello existe porque se ha mantenido el oscurantismo, y los privilegios y prepotencias llegan desde la República, que si bien funcionó mal como antes hemos indicado, era un punto de inicio para avanzar. Todo se vió cortado con un capitalismo fascista, con una represión atroz, apoyado en principio por los países de la misma ideología, Alemania e Italia, y luego, con el escapismo de un camaleón, con la trasnformación en capitalismo orgánico nacionalcatólico, amparado por El Vaticano y las democracias occidentales que pusieron sus bases aquí (USA), o las mantuvieron (Gibraltar, Inglaterra). 

Por eso hay que despejar esas dudas humorísticas que antes dejaba caer, y apoyar con fuerza una República, que sea representativa de los intereses populares (del pueblo, no del PP) y se abra, más temprano que tarde, a la modernidad, la solidaridad y la humanidad. 

¡Salud y República! 

Abril 2006.  

* Artículo realizado para Despage. 75 Aniversario de la II República Española.