Olivier Besancenot
En el espacio de un año centenares de miles de jóvenes han vivido sus "mini"-Mayo del 68. De la movilización de los bachilleres contra la Ley Fillon al reciente movimiento contra el CPE, sin olvidar las revueltas de los barrios pobres del pasado mes de noviembre, una movilización masiva y radical ha puesto en pie a una juventud surgida de condiciones sociales diferentes, pero con un horizonte común que todos y todas rechazan: la perspectiva de un futuro precario.
Esta generación, que todavía no está unificada, es la primera en luchar porque sabe que, sin resistencia, se verá condenada a vivir peor que sus padres. Esto resulta evidente en las barriadas donde la tasa de paro alcanza a veces el 50 %. Pero es igualmente la triste realidad que amenaza a la mayoría de los jóvenes escolarizados, que se ven obligados a trabajar para poder financiar sus estudios.
Estas explosiones sociales han adoptado formas diversas. Aun así, todos estos jóvenes se han visto confrontados al mismo Estado, a los mismos batallones de CRS [antidisturbios] y de guardias móviles en las puertas de los institutos y en los barrios; han debido sufrir los mismos varapalos, las mismas detenciones brutales por parte de la polícia secreta, los mismos juicios en cadena. Muchos observadores, presentes durante estas detenciones y en estas vistas, numerosos periodistas y abogados, describen la violencia de las detenciones, a menudo hechas al azar, contra los pretendidos “culpables de desórdenes”, así como la severidad de las condenas (meses de prisión firme para jóvenes sin ningún antecedente, sólo por un gesto insultante hacia la policía, por haberles mostrado el trasero o lanzado una lata de cerveza).
Desde hace un año, la policía y la judicatura trabajan a marchas forzadas. Este ensañamiento represivo demuestra que el poder no ha dicho su última palabra. Quiere aplicar castigos ejemplares, a fin de someter la contestación, haciendo pagar a los jóvenes el precio de su reciente fracaso respecto al CPE.
Como ha reivindicado valerosamente el abogado Henri Leclerc, preferimos algunos camorristas amnistiados a millares de jóvenes injustamente condenados. La represión no ha conocido estaciones, ni fronteras: ha entrado a los barrios, ha irrumpido en las aulas de las universidades y en las de los institutos. Este año de revueltas sociales no debe concluirse con años de prisión para la juventud. Por eso, ahora, ¡impongamos la amnistía!
* Traducido de Rouge n° 2155, 21/04/06. Versión en catalán [Revolta Global]




















