"¡No firméis!", gritaban los trabajadores de Renault, en junio de 1968, a los dirigentes sindicales que negociaban el final de la mayor huelga general que ha conocido Europa. Hoy por hoy, en nuestro país, parece que estamos muy lejos de una huelga general. Incluso de una jornada de acción. Y, aún más, de un movimiento social como el que, durante estas últimas semanas, ha sacudido Francia, obligando al gobierno de derechas a retirar su contrato precario para los jóvenes. No será, sin embargo, porque nos falten motivos para plantearnos, aquí también, una lucha de conjunto del movimiento obrero y de la juventud… Ni tampoco porque haya perdido actualidad aquel "¡No firméis!", dirigido a las cúpulas sindicales.
Cuando se celebra este 1º de Mayo, las direcciones federales de CCOO y de UGT están a punto de concluir las negociaciones que, desde hace meses y con el mayor sigilo, han estado llevando con el gobierno del PSOE y la patronal entorno a la enésima reforma del mercado laboral y las pensiones. Pues bien, ya podemos decir que estamos ante una nueva acometida contra los derechos de la clase obrera y contra el futuro de su nueva generación, siguiendo la misma agenda neoliberal, inspirada por las grandes multinacionales que dirigen la construcción europea, y que acabó desatando la revuelta francesa.
Los términos del acuerdo que han filtrándose dibujan un escenario de precariedad generalizada: abaratamiento del despido y nuevas facilidades para llevarlo a cabo de forma más arbitraria; rebaja multimillonaria de las cotizaciones patronales; mantenimiento del sistema de subcontratas y ampliación de prerrogativas para las ETT… Y, por lo que se refiere a las pensiones, aumento de las anualidades necesarias para acceder a ellas y rebaja generalizada de su montante, exclusión de una parte de trabajadores y trabajadoras del derecho a una pensión mínima… con la perspectiva de diferir la edad de jubilación y potenciar los planes privados.
Así pues, en un país europeo como el nuestro, "de vanguardia" en lo concerniente a la temporalidad, a la inestabilidad que padece la juventud, al número de accidentes de trabajo, a las bolsas de mano de obra inmigrada mantenida en condiciones de ilegalidad, al fraude fiscal y a la escasez del gasto educativo y sanitario; en un país, en fin, en que el poder adquisitivo de los salarios no dejado de caer desde 1995 --al tiempo que se disparaban los beneficios de las grandes empresas y los márgenes del mercado especulativo y de la banca-- y que, a pesar de todo eso, presenta uno de los índices de productividad más bajos de la Unión… volvemos a escuchar el conocido discurso sobre el indispensable incremento de la productividad… desmontando la ya maltrecha legislación laboral y el sistema de protección social. Y escuchamos ese discurso bajo un gobierno de izquierdas. Un gobierno que la ciudadanía, harta de la prepotencia de Aznar y toda su pandilla de retoños del franquismo, llevó al poder hace un par de años con la esperanza de una vida más digna.
Y, efectivamente, algunas cosas han cambiado desde entonces. Zapatero retiró las tropas de Irak. Pero el contingente militar español sigue en Afganistán, y el gobierno pretende aumentar su número. Se adoptaron medidas legislativas contra la violencia de género y a favor de los derechos civiles de las personas homosexuales. Pero se votan también leyes educativas que mantienen los privilegios de la enseñanza católica y la difusión de la religión en las escuelas. Se frenó el PHN. Pero Marbella aparece como el paradigma de un destrozo general e insostenible del territorio. Algo que hace más insoportable aún, si cabe, la imposibilidad para tanta gente de acceder a una vivienda digna. Finalmente, se inicia un esperanzador proceso de pacificación en Euskadi. Pero, al mismo tiempo, se recorta hasta el insulto la Propuesta de reforma estatutaria adoptada por el Parlament de Catalunya, rehusando a su pueblo el derecho a decidir y negándole el derecho a la autodeterminación.
Seguramente, sería más exacto hablar de un gobierno social-liberal. Es decir, más fuertemente vinculado, con todo su "talante", a las instituciones y políticas del capital globalizado que a las aspiraciones de la población humilde que le votó. Y otro tanto podríamos decir del tripartito catalán que, al día siguiente de anunciarnos la inminencia de un "giro social", daba luz verde al despido de cientos de trabajadores y trabajadoras de SEAT. En cualquier caso, frente a la agitación reaccionaria del PP como ante el espíritu conciliador con los intereses de los poderosos que caracteriza a los dirigentes del PSOE, el movimiento obrero y las clases populares sólo tienen un camino: el de la movilización.
Cuando los partidos de izquierdas han dado la espalda a esa vía, hemos acabado topándonos, como ahora, con un Estatuto mezquino que no puede contener los anhelos de progreso nacional y social de este país, y que sólo merece nuestro rechazo más contundente: un "No" catalanista y de izquierdas, tan inequívocamente democrático y social como fue aquel "No" de Francia al Tratado de las grandes corporaciones. Del mismo modo, cuando los sindicatos han abandonado la lucha, optando por la negociación "en frío" y los apaños con la patronal, nos hemos encontrado con auténticas infamias, como el acuerdo de los 660 despidos de SEAT… o como esta reforma laboral regresiva, ante la que la CEOE anda ya frotándose las manos, y que está a punto de ser rubricada por Méndez y Fidalgo.
Hace 75 años, con el advenimiento de la Segunda República, el movimiento obrero conquistaba reconocimiento y libertades. Hoy, el sueño republicano late de nuevo con fuerza creciente en el corazón de la juventud. El futuro dependerá, una vez más, de la capacidad de la clase trabajadora y sus organizaciones para fundirse con ese ímpetu. Francia nos dice que se acercan tiempos de lucha de clases, y hay que prepararse. Debemos empezar a parar los pies al liberalismo con su retahíla de estragos sociales. Este 1º de Mayo nos invita a hacerlo buscando la unidad de acción de las corrientes y fuerzas militantes que, desde los propios sindicatos mayoritarios hasta las organizaciones alternativas y los movimientos sociales, quieren defender palmo a palmo los derechos de nuestra clase y conquistar otros nuevos.
¡Basta de precariedad! ¡Fuera la reforma laboral que pretenden imponernos! ¡Nunca más un acuerdo como el de SEAT! ¡Readmisión de todos y todas! ¡Contratación estable y salarios dignos para todo el mundo! La reforma que queremos, es la Ley de las 35 horas; la garantía de las pensiones, hacer pagar a los más ricos. Movilización, lucha, solidaridad…
¡VIVA EL 1º de MAYO!























