David Brooks y Arturo Cano *
Nueva York y Los Angeles, 1º de mayo. Los mártires de Chicago resucitaron hoy gracias a más de un millón de migrantes y sus aliados, que protagonizaron uno de los días de protesta nacional más grandes en la historia de Estados Unidos.
Los boicots, manifestaciones, marchas y otras acciones se extendieron por decenas de ciudades y pueblos de todo el país, con los migrantes como protagonistas centrales de sus demandas de respeto a la dignidad, la defensa de sus derechos civiles y el repudio a las medidas antimigrantes del gobierno federal.
Las cebollas de Georgia y las lechugas de California dejaron de ser cosechadas, y los clientes de los restaurantes a lo largo del país dejaron de ser atendidos. Miles de obras de construcción fueron suspendidas, las oficinas se quedaron sin ser aseadas y en los jardines se amontonaron las hojas de los árboles. En Glendale, California, los contratistas que acuden a las afueras de un parque y de la tienda de materiales de construcción a buscar trabajadores apenas hallaron a algún desbalagado.
Este día lo invisible apareció, tanto en los centros de las grandes ciudades como en las plazas de los pueblos. Cientos de miles -posiblemente millones- de inmigrantes no acudieron a sus trabajos en fábricas, granjas, restaurantes, hoteles y otros comercios desde Los Angeles a Nueva York, de Nueva Orleáns a Seattle, entre más de 50 ciudades donde se celebró Un día sin inmigrantes, para demostrar la presencia y contribución de los migrantes a este país.
A diferencia de la metáfora cinematográfica, los migrantes no se fueron sin decir adiós, sino más bien se hicieron presentes como nunca en la historia.
Resucitaron los mártires de Chicago
Este
movimiento inmigrante es simultáneamente un movimiento de trabajadores.
En un país que no reconoce oficialmente el primero de mayo como Día del
Trabajo -pese a que la lucha por la jornada de ocho horas tuvo su
epicentro en Chicago-, los inmigrantes lograron que Estados Unidos por
primera vez conmemore la fecha, como ocurre en muchas partes del mundo.
Más
de 400 mil personas, según la policía, inundaron las céntricas calles
donde viven los fantasmas casi olvidados de los mártires de Chicago.
Durante el curso del día llegaban noticias de todos los puntos del
país, que hablaban de marchas, manifestaciones y paros en Milwaukee,
Denver (más de 75 mil manifestantes), Atlanta (más de 5 mil), Las
Vegas, San Francisco, Houston (unos 30 mil), Seattle, así como en
diversos pueblos en los estados de Kansas, Nebraska, Nueva Jersey,
Carolina del Sur, Florida, Nuevo México, Ohio, Alabama, Oklahoma,
Connecticut, Dakota del Sur e Indiana, entre otros.
En Georgia,
los organizadores lograron cerrar toda actividad en el sector de la
cebolla Vidalia, la más famosa del país. Adelina Nichols, vocera de la
Alianza 17 de marzo -la coalición estatal de migrantes-, declaró a La
Jornada que "por primera vez logramos la participación de toda la
comunidad inmigrante del estado" en el esfuerzo por que nadie comprara
nada este día. Calculan que 85 por ciento de la comunidad migrante
local participó y que el impacto fue de unos 20 millones de dólares.
"Los Wal-Mart estuvieron vacíos. Fue un éxito rotundo."
En Nueva
Orleáns, miles marcharon con banderas mexicanas y hondureñas, ondeando
entre las estadunidenses. Las pancartas declaraban el "orgullo de
reconstruir", en un mensaje sobre la importancia de los migrantes en la
redificación de esa ciudad, devastada por el huracán Katrina.
En
Los Angeles, un pastor de la afroestadunidense iglesia metodista
episcopal Bethel fue orador invitado al final de una de las marchas y
dijo: "Una fuerza más poderosa que el huracán Katrina se ha desatado en
Los Angeles".
Antes de él habló un representante de otro de los
pilares, con Bethel, del movimiento de los derechos civiles de los
sesenta, la Nación del Islam. "Estoy aquí para decir a los poderosos de
Washington que los únicos ilegales en este país son los padres
fundadores, porque aquí estamos en México."
Sin embargo, el tono
general de las manifestaciones sería resumido por un cartel que rezaba:
"No somos el problema, somos la solución", cuyo texto se repitió en
muchos lugares, como en Providence y Rhode Island, donde se
manifestaron unos 20 mil, según la policía local. Y el recuento no
para. Por lo menos 12 plantas empacadoras de carne de pollo de la
empresa Tyson -la procesadora de carne más grande del mundo- cerraron
hoy, informó la empresa. Perdue, la tercera empacadora de carne de
pollo, también cerro nueve de las 14 de sus plantas.
La empresa
procesadora de carne Cargill Meat Solutions informó a unos 15 mil
empleados que sus plantas de carne de res y puerco en Iowa, Nebraska,
Illinois y otros estados no operarían durante el día de hoy.
El
sindicato de jornaleros UFW, fundado por César Chávez, informó que no
se presentaron los trabajadores en los campos del valle de Salinas, en
California. En pueblos de Nueva Jersey y Long Island, jornaleros
urbanos que se congregan en ciertas esquinas para ser contratados
tampoco aparecieron hoy.
La cadena McDonald's informó que las
acciones de este día la obligaron a operar con una reducción de
personal en muchas de sus franquicias. En los lugares donde los
trabajadores son mayoritariamente latinos, los hoteles trabajaron con
menos personal del habitual. "Somos 23 recamareras y nos sorteamos para
que sólo cinco trabajáramos hoy", dijo una empleada en el centro de Los
Angeles.
Algunas empresas no cerraron por necesidad, sino en
solidaridad. Goya Foods, la mayor productora de alimentos latinos del
país, suspendió sus operaciones de distribución a nivel nacional.
Cientos -tal vez miles- de pequeños y medianos comercios también
cerraron durante el día de hoy en varios puntos del país. Unos 200
comercios acordaron cerrar en Denver, informaron los organizadores. En
Las Vegas, los casinos intentaron convencer a sus trabajadores de
llegar a sus turnos y buscar formas alternativas de expresar sus
demandas.
Estos informes se repitieron por todo el país, desde
Indiana y Kansas a las dos costas, de empresas de construcción,
jardinería y agrarias, a hoteles y restaurantes. Algunos empresarios y
comerciantes decidieron simplemente no abrir, algunos porque no tenían
alternativa y otros en solidaridad con sus trabajadores.
Logran unificar tácticas
Al
fin del día pareció que este movimiento logró superar su primer reto,
al no dividirse sobre las tácticas para expresar sus demandas. Durante
las últimas semanas algunos temían una ruptura entre organizaciones
integrantes de las coaliciones locales y regionales que han encabezado
este movimiento. La cúpula de la Iglesia católica, algunos sindicatos y
organizaciones latinas, además de varios políticos, se oponían a un
boicot general de consumo, escuelas y trabajo, y proponían a cambio
sólo manifestaciones y marchas al concluir los días escolares y
jornadas laborales. Otros promovieron un paro nacional de toda
actividad laboral, escolar y de consumo. Al parecer, las bases de este
novedoso movimiento decidieron por su cuenta: algunos no fueron a
trabajar o a las escuelas, y otros sí lo hicieron. Cada quien acudió a
la movilización de su conveniencia. Y así se demostró una vez más el
carácter descentralizado y heterogéneo de este movimiento, como también
su vitalidad y fuerza.
"Ningún humano es ilegal" "Todos somos
americanos" "Hoy marchamos, mañana votamos", fueron consignas -a veces
en diversos idiomas-, pancartas y mantas formaron parte de una
complicada coreografía de símbolos que buscaba un equilibrio entre los
emblemas nacionales estadunidenses y los de los países de origen como
banderas, himnos y figuras. Así, en varios lugares la virgen de
Guadalupe marchaba junto con los colores patrios estadunidenses,
mientras atrás desfilaba un Che Guevara en una camiseta, y no lejos una
imagen de Emiliano Zapata, y por ahí un símbolo chino, uno coreano, uno
africano, otro hindú, hasta crear un mosaico internacional, aunque la
presencia abrumadora fue latinoamericana.
Con ello, aquí está naciendo algo nuevo: podría ser el propio rescate de Estados Unidos por los migrantes.
* La Jornada, 2/05/06