
Contra la privatización de los servicios públicos (Sanidad, Educación, Servicios Sociales, Agua, Televisión, Correos, Polideportivos, etc …)
Día 3 de diciembre, a las 18 horas. Desde la Plaza de la Villa a Sol
Olivier Besancenot *
"La izquierda antiliberal ha demostrado su fuerza en el último año. Debe estar presente y unida en la próxima elección presidencial."
Nuestros nombres aparecen en las encuestas relacionadas con las próximas elecciones presidenciales –cuatro nombres que se pronunciaron, junta o separadamente, por un rechazo antiliberal e internacionalista del Tratado constitucional europeo. En menos de un año, en el terreno del referéndum del 29 de mayo y sobre la arena de las luchas en este mes de abril del 2006, el liberalismo ha sufrido dos derrotas, entre el rechazo de la Constitución y la retirada del "Contrato de primer empleo". Estas victorias suscitan grandes esperanzas entre todas y todos quienes sufren, día a día, los efectos de la explotación capitalista.
He aquí la gran lección de estos últimos meses: la izquierda es fuerte cuando se resiste a desaparecer en el túnel de una campaña electoral permanente; y se debilita cuando no tiene otro horizonte que un hipotético último asalto a la alternancia en el 2007. Ciertamente, nuestros cuatro nombres no pueden resumir toda la diversidad que se expresó en el transcurso de la campaña por el "No" de izquierdas. Aun así, tenemos responsabilidades en común. Hay mucha gente que quiere saber si una candidatura unitaria es posible y necesaria.
Necesaria, parece evidente, al menos para responder a la aspiración unitaria que se ha expresado en este sentido desde el 29 de mayo, concretamente a través de los colectivos [comités unitarios locales y de base] del mismo nombre. Pero, ¿es posible? Las condiciones para ir más lejos no parecen estar todavía reunidas. Ahora bien, los obstáculos que nos hace falta superar para llegar a federarnos son suficientemente conocidos por todo el mundo: batir a la derecha y a su política; rechazar el social-liberalismo; no volver a reproducir la estrategia de la "izquierda plural" [gobierno de coalición entre socialistas, verdes y comunistas, bajo la dirección de Lionel Jospin, que implementó políticas liberales antes de hundirse frente a la decepción de su electorado].
Vencer a la derecha de verdad, está muy bien como promesa electoral; pero es mejor todavía combatirla desde ahora mismo. Hoy tenemos el deber de construir un movimiento de conjunto, amplio y unitario, sin el menor asomo de sectarismo, contra el paro y la precariedad, puesto que la ley sobre "la igualdad de oportunidades" y el hermano mayor del CPE, el "Contrato de nuevo empleo", siguen vigentes. Luchar firmemente contra la derecha, sin dejar para mañana la confrontación directa, significa comprometerse a deshacer todo lo que ha hecho desde que accedió al poder. Y para deshacerse a largo plazo de las medidas regresivas que ahora nos caen encima en cascada, hace falta acabar con todas las políticas liberales, incluso aquellas que fueran establecidas desde el anterior gobierno de la izquierda.
En una palabra, batir a la derecha –y no sólo "suspenderla" durante cinco años-, significa aplicar un plan de medidas de urgencia social y democrática que permitan a millones de personas sacar la cabeza a flote. Para contestar realmente la hegemonía del social-liberalismo sobre la izquierda, hemos de impulsar otra izquierda que rechace los dictados de las finanzas y de la Europa liberal. Si queremos defender nuestros derechos y conquistar otros nuevos, estamos abocados a desafiar los privilegios de los más fuertes. Parar el control de las multinacionales sobre la economía y sobre nuestras vidas, significa oponerse a la apropiación creciente de los frutos del trabajo de todos y todas por parte de un puñado de grandes firmas.
Es impensable, a modo de ejemplo, legislar eficazmente para prohibir los despidos, mientras los poderes públicos sigan considerando que la única "injerencia" que se permite en el ámbito de la economía privada consiste en negar a los patrones que despiden sus plantillas a copia de subvenciones, de ayudas directas o de exoneraciones de cotizaciones sociales; pero que no tienen el derecho de recuperar el dinero público por tal de hacer que la producción eche adelante. Resulta inconcebible también aumentar los ingresos de la gente trabajadora o conceder una renta de autonomía para los y las jóvenes en formación sin coger el dinero de los beneficios capitalistas. Es impensable, finalmente, obtener una medida aun así gratuita, como por ejemplo una moratoria sobre los organismos genéticamente modificados, sin hacer frente a las grandes multinacionales productoras de semillas.
Una izquierda que no proponga repartir las riquezas, dando a la población los medios para controlarlas, es una izquierda repleta de bellas promesas, pero que una vez logrado el poder, no aplicará una política de izquierdas. Estamos convencidos de que no debemos equivocarnos repitiendo, otra vez, la experiencia de la "izquierda plural", no constituye en sí mismo ninguna garantía. La "izquierda plural" no es simplemente una fórmula, sino una estrategia política que sigue siendo la orientación del P.S.: transformar en satélites a los otros partidos de izquierdas mediante todo un cúmulo de acuerdos electorales, a fin y efecto de hacerlos asumir las grandes líneas de su política. La esperanza consiste pues en oponerse a la vez a la derecha y al social-liberalismo, rechazando, por ejemplo, los acuerdos parlamentarios y de gobierno que propone actualmente la dirección del PS.
Y esta actitud no nos aísla de ninguna forma. La idea de que podríamos convertir a la dirección del P.S. al antiliberalismo, o bien pesar sobre las reuniones de la izquierda al más alto nivel para hacer surgir la alternativa, es mera ilusión. No hay síntesis posible entre el antiliberalismo y el social-liberalismo. Sobre todo si pensamos que las instituciones de la V República, que no permiten que el sufragio universal tenga una influencia directa sobre las decisiones económicas que afectan cada día nuestras vidas, están concebidas para que, en el campo de la izquierda, sea Hollande (PS) quien lleve la voz cantante y no Marie-Georges Buffet [secretaria general del PCF], Ségolène Royal [admiradora de Tony Blair y posible candidata socialista a las presidenciales] antes que Arlette Laguillier [dirigente de la organización trotskista "Lutte Ouvrière"], Strauss-Kahn (PS) en vez de Besancenot, y Pascal Lamy [también social-liberal, y dirigente de la Organización Mundial del Comercio] antes que José Bové [sindicalista campesino y animador de Vía "Campesina"].
Entonces, sí a una candidatura unitaria siempre que sea anticapitalista. Más que el "càsting", nos interesan sobre todo el guión y el contenido de la película. Hay dos escenarios posibles. Uno empieza con la campaña del 29 de mayo, sigue con el apoyo a las luchas sociales, desarrolla un plan de medidas de urgencia para las clases populares y la juventud, y desemboca en una gran coalición de fuerzas antiliberales y anticapitalistas, internacionalistas, feministas y ecologistas.
El otro guión acaba dando un crédito de izquierdas a una nueva operación de alternancia bajo el ala del P.S. La LCR no participará en esa segunda versión. Si escogemos el buen guión, el "càsting" no será un problema. Entre las ocho candidaturas de izquierdas que se presentaron el 21 de abril de 2007 y la propuesta de una sola para el 2007, encontraremos seguramente un punto de equilibrio. Seguramente veremos reconstituirse una "izquierda plural bis", ligeramente maquillada. Es su problema. Las luchas de hoy y las de mañana merecen algo mejor que esto.
Así pues, pienso que estaría bien que nos viéramos todos para charlar un rato. "Hasta pronto, en las luchas..." sí, claro que sí, pero tampoco estaría mal reunirse en torno a una mesa para comer. ¡Soy yo quien invita!
* Tribuna de opinión del portavoz de la LCR, publicada en el diario "Le Monde" el 28/04/06.
** Notas entre corchetes y traducción al catalán por Revolta Global; al castellano por corriente[a]lterna.
















