Javier Valdés *
El pasado 25 de abril el profesor y director del Hospital Universitario de Bagdad, Sami Wasfi fue invitado a la Universidad de Granada por el Foro Social de Granada “Otro Mundo es Posible” para participar en una mesa redonda acerca del exterminio de profesores y personal sanitario iraquí. La mesa redonda se encuadraba dentro de las Jornadas de solidaridad con los profesores universitarios de Iraq. En dicha mesa redonda participaba además como ponente y como intérprete el ex – periodista y compatriota del doctor Wasfi, Jawad Akram.
El testimonio del director del Hospital Universitario de la ciudad de las Mil y Una Noches fue del todo revelador para mostrar la realidad contemporánea de Iraq tal cual, sin filtros ni vaselina. Wasfi, en un lenguaje un tanto críptico, nos abrió las puertas de un país completamente en ruinas. Tras la ocupación, el desempleo cayó hasta afectar actualmente al 80% de la población. El analfabetismo, antaño erradicado, aumenta entre las generaciones en edad escolar; lejano parece ya aquel 92% de escolarización anterior a la ocupación. Pero no sólo la invasión a traído la penuria y miseria a un país rico en oro negro, sino que Wasfi mismo nos recordaba que el embargo y los bombardeos que ha sufrido la población desde 1990 ya se habían cobrado sus víctimas directas e indirectas, concretamente 1,5 millones de muertos, un tercio de los cuales eran niños menores de 5 años. De entre todos ellos no sólo hay víctimas de armas de fuego, sino víctimas de unas deterioradas condiciones materiales que el embargo y la guerra han generado. Esta es la realidad de la búsqueda de las quiméricas armas de destrucción masiva: prohibición de importar leche, embargo de los antibióticos, destrucción de los laboratorios que producían vacunas, etc. Y es que la realidad del embargo produjo en los hospitales, antaño públicos y gratuitos, un déficit de materiales que no ha sido resuelto con la ocupación, y que les ha impedido realizar determinadas operaciones o hacerlas en condiciones poco higiénicas y con materiales no adecuados, no podían realizar transfusiones de sangre porque no se podía saber de qué grupo sanguíneo es la sangre, no había electricidad en muchos hospitales, etc. Incluso se les impidió tener lápices por miedo a que con el grafito de los mismos se pudieran hacer armas de destrucción. Ante un aumento de la incidencia del cáncer y del número de neonatos con malformaciones, Sami Wasfi apunta al uranio empobrecido empleado durante los bombardeos realizados en los años de embargo y durante la guerra de ocupación. Este uranio permanecerá en el ambiente afectando así a varias generaciones.
La hipótesis del Dr. Wasfi era que el objetivo de las tropas de ocupación es el de aniquilar a la población iraquí, utilizando para ello el asesinato y la “castración” intelectual. A la luz de esta hipótesis daba lógica a las actuaciones de las tropas de ocupación: destrucción del 84% de la universidades del país, del Museo Nacional Iraquí y de casi la totalidad de las bibliotecas, 220 médicos especialistas y 180 profesores universitarios asesinados. Él mismo confiesa haber salido ileso de un atentado hacia su persona.
La intervención del Jawad Akram se centró en la prensa anglo-sajona y árabe de estos últimos meses con respecto a la situación de Irak, recogiendo información muy valiosa: desde la invasión del país han ocurrido 3.457 actos violentos y el 95% han estado protagonizados por las fuerzas de ocupación, han muerto un total de 34.511 civiles, se han desplazado 13.750 familias, el precio de la guerra es de 10 billones (con B) de dólares por mes y parece ser que en cierta zona del país se forma una milicia de 145.000 hombres que nadie sabe o nadie quiere saber de dónde vienen exactamente.
Ante esta situación, ya en el turno de preguntas alguien realiza la siguiente cuestión central “¿quién mata a los iraquíes?”, a la que Wasfi responde “Es muy fácil poner una bomba en un sitio y culpar a un vecino” pero “¿de dónde salen las armas?” el pueblo iraquí no produce armas. Cuando las tropas de ocupación visitan ciertos barrios de Bagdad y después se retiran, los vecinos suelen correr la voz de que se tenga precaución porque ese barrio “ha sido minado”. Las alarmas sobre una posible guerra civil, según Wasfi, no tienen mucho fundamento, pero han servido para justificar ante la opinión pública internacional la represión del ejército invasor y la profundización en la merma de derechos de la comunidad nativa, como por ejemplo la imposición de zonas con toque de queda.
Para terminar, el veterano doctor de Bagdad hace un breve recuerdo de todos los colegas y vecinos asesinados, y con cierto abatimiento alude a un refrán que curiosamente también existe en nuestro refranero “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”.
Desde Granada, Javier (ERA-EA Espacio Revolucionario Andaluz – Espacio Alternativo)