El
director inglés y el escenógrafo Paul Laverty presenta al Festival de
Cannes «The Wind that Shaker the Barley». La historia de una guerra por
la libertad que del pasado se refleja en el presente.
Cristina Piccino les entrevistó en Cannes para Il Manifesto / sinpermiso.info.
Ken Loach y Paul Laverty contestan a una, en asociación simbiótica. Uno inicia la frase, y el otro completa el sentido. Y viceversa. Un entendimiento que funciona a la perfección, porque, como ellos mismos dicen, para trabajar bien en equipo es muy importante tener un sentimiento común sobre las cosas del mundo. Ellos lo tienen, y fuerte; comparten la crítica política del presente globalizado de guerra, comenzando por la Inglaterra de Tony Blair, y una lectura alternativa del pasado, el colonialismo con sus violencias, narrado de una manera completamente distinta de la que se estudia en los libros de texto (palabras de Laverty).
The Wind that Shaker the Barley nace de ahí, de esa necesidad de memoria y de contemporaneidad, porque la ocupación inglesa de Irlanda refleja en cierto modo las agresiones y humillaciones infligidas en la ocupación de Irak. Pero también nace de la voluntad de enfrentarse a un trozo de historia importante para toda la Gran Bretaña, tratando de comprender sus raíces y los conflictos que, dentro mismo de esa revolución -como ya se hiciera en Tierra y Libertad con la guerra civil española-, crearon una nueva guerra, esta vez entre irlandeses que, por motivos de oportunidad política (frente a la amenaza de una nueva invasión inglesa), aceptaron el tratado con el gobierno de Churchill, e irlandeses que querían continuar la lucha por una independencia sin limitaciones, y sobre todo, por una nueva sociedad fundada en la igualdad y en los derechos de los más débiles: obreros, campesinos, proletarios.
Una perspectiva, ésta, que planeaba entonces sobre Europa entera, y que, por eso mismo, daba aún más miedo: la Iglesia Católica excomulgó a esos peligrosos comunistas subversivos, que luego fueron exterminados.
Loach (director) y Laverty (escenógrafo) han ido a Cannes junto a los actores de su película, todos irlandeses, todos jóvenes, y muy bravos. Tal vez porque la historia que narra The Wind that Shaker the Barley les pertenece, todos ellos cuentan en sus familias con uno o varios implicados en la guerra, torturados y asesinados por los ingleses. «Son heridas profundas todavía abiertas. En Irlanda, todo está aún marcado con las huellas de esa guerra», dicen.
¿Por qué precisamente ahora habéis decidido contar la independencia de Irlanda?
La ocupación inglesa es muy violenta, y
ante las imágenes de violencia ejercida contra las gentes, a uno le
vienen enseguida a la cabeza las imágenes del Irak de hoy y de otros
sitios, y sobre todo el hecho de que esos «métodos» son comunes a todos los ejércitos ocupantes.
Es
muy fascinante el modo en que se rescribe la historia. Lo que se dice
de Cristóbal Colón y los conquistadores españoles, que han descubierto
mundos, ayudado al progreso, omitiendo que, para eso, han tenido que
masacrar a otras poblaciones, que han mutilado y asesinado a los
nativos americanos tratándolos como a bestias. Pero en la escuela no te
enseñan eso. Lo mismo ha ocurrido con Bangalore en el 43, en Kenya en
los años 50, en donde las personas fueron torturadas y asesinadas, o
recluidas en campos de detención peores que Guantánamo. Todo a mayor
gloria de una civilización para la que la idea de imperio es central,
pero que ignora las masacres y la esclavitud que fueron sus bases. Lo
mismo ocurre hoy en Irak, en donde una guerra que ha sido desde el
comienzo mismo ilícita, practicada en abierta violación de la
Convención de Ginebra, basada en la mentira, ha creado una situación
insostenible que golpea por encima de todo a los civiles. Pero de eso
se habla cada vez menos. Sobre la cotidianidad que viven las personas
en los países ocupados ha caído el silencio. También la información
pasa de puntillas por encima de lo que ocurre: de los muertos de
Falluja, por ejemplo, hemos sabido poco y muy tarde. Es preciso
oponerse a todo eso ferozmente, es necesario un trabajo de
contrainformación como el que están realizando los medios
independientes, que han permitido descubrir realidades como los
centenares de miles de muertos civiles desde el comienzo de la guerra,
de los cuales la información oficial ni siquiera dio noticia.
La
fractura entre los revolucionarios irlandeses se produce de hecho por
la aceptación, por parte de unos, del tratado con el gobierno
británico, y por la necesidad, sentida por los otros, de otro tipo de
independencia que pasaba por la continuación de la lucha armada. ¿Cómo
lo veis?
Era un dilema terrible. Irlanda había
vivido por siglos bajo el terror, ¿qué hacer ante la perspectiva de un
acuerdo que, aun sin resultar convincente, podía llevar a la paz,
siendo la alternativa el ulterior derramamiento de sangre? Los ingleses
amenazaban con regresar de un momento a otro...Los dirigentes
irlandeses eran también muy jóvenes, ¿qué habríamos hecho nosotros en
su lugar? Para algunos, como el personaje encarnado por Ted, el tratado
era en aquel momento la mejor solución. Para otros, no. Es una cuestión
de opción, como decidir entrar en una lucha o quedar al margen de ella.
Hay en todo eso una gran contradicción, que lleva a asesinar al propio
hermano, a destruir vidas... Esta historia representa para nosotros
algo enorme, es un nudo central en la historia inglesa, con figuras
trágicas, y a veces, también un tanto cómicas.
Los
irlandeses tomaron las armas para liberarse de los ingleses. Pero, hoy,
quien resiste a la ocupación es acusado incluso de terrorismo.
La
violencia es necesaria, si se persiguen ideas de justicia y de
libertad, la resistencia a la opresión trae consigo la violencia. Lo
mismo ocurrió en la Francia ocupada por los nazis, la gente se echó al
monte... Siempre habrá resistencia, mientras haya opresión; el ser
humano no puede tolerar la humillación. Pero no queríamos darle a la
violencia un aspecto romántico; por eso prescindimos de la música en
todas las escenas de guerra. Para llegar a un estado de justicia, la
violencia era necesaria en aquel caso. Había habido elecciones, el Sinn
Fein había triunfado, pero los ingleses le colgaron la etiqueta de
organización criminal, iniciando una represión sistemática. Pero
querría decir que nuestra película no va contra los ingleses, sino
contra la política del gobierno, que nunca debe confundirse con el
pueblo. Cuando se trataba de preservar los grandes intereses, los
ingleses padecían la misma política.
* Traducción para www.sinpermiso.info: Leonor Març




















