Editorial Corriente Alterna #43 - junio 2006
La
evolución de la coyuntura actual sigue estando condicionada
por las controversias relacionadas con las reformas estatutarias y la
próxima apertura del proceso de paz y diálogo político
en Euskadi. Se han sumado ahora a ellas los nuevos pasos adelante en
la aplicación de políticas neoliberales, reflejados en
las reformas fiscal y laboral aprobadas, y tampoco podemos olvidar el
refuerzo del papel guardián español de la “Europa
fortaleza” ante la llegada de nuevos inmigrantes al archipiélago
canario ni la disposición del gobierno de ZP a defender los
intereses de las multinacionales españolas en América
Latina.
En
relación con el debate sobre el reconocimiento de la
plurinacionalidad y la libre decisión de los pueblos,
difícilmente se puede sostener ya que esas aspiraciones quepan
en el discurso de la “España plural” de Zapatero, con
mayor razón cuando hemos visto cómo a Catalunya,
gracias al “Nou Estatut de la Moncloa”, ni siquiera se le ha
respetado lo aprobado por la amplia mayoría de su Parlament.
Lo que es peor, se ha aprovechado la decisión democrática
de ERC de votar No en el referéndum para forzar su salida del
gobierno y confirmar la voluntad del PSOE-PSC de garantizar la
gobernabilidad del Estado y de Catalunya con CiU, dejando, eso sí,
como subalterna para casi todo a IU y a ICV-EUiA. La incertidumbre en
las elites catalanas ante el resultado de la consulta popular del 18
de junio demuestra, no obstante, que éstas son conscientes ya
del déficit de legitimidad entre mucha gente catalanista y de
izquierdas con que va a nacer ese Estatut recortado, sobre todo si es
aprobado por una reducida mayoría.
Esa
autolimitación de la mayoría de las fuerzas políticas
catalanas ante lo que, de forma más bien retórica,
había sido anunciado como el inicio de una “segunda
transición” se produce justamente en un momento en el que el
“alto el fuego permanente” de ETA facilita propugnar con mayor
fuerza la discusión sobre la necesidad de una solución
política democrática no sólo al conflicto vasco
sino también y sobre todo al problema español. Porque
ahí es donde está el nudo gordiano de la falsa
alternativa que ha significado el “modelo” de “Estado de las
autonomías”, debido a que éste ha tenido siempre como
techo el marco de una Constitución monárquica que
impone como principio intocable la “indisoluble unidad de la Nación
española”.
En
la apertura de nuevas posibilidades de desbordar ese marco incide el
referéndum celebrado en Montenegro, cuya superación del
mínimo del 55 % de síes entre el 50% del censo ha
permitido la aparición de un nuevo Estado dentro de Europa.
Porque, independientemente de lo discutible de esas condiciones
(¿acaso se exigieron para el que se realizó aquí
sobre la Constitución Europea o para el que se va a hacer en
Catalunya?) y de las particularidades del contexto exyugoslavo, lo
que ha quedado en evidencia una vez más es el fracaso de esa
cínica “teoría del agua salada” que decía
que el derecho de autodeterminación era sólo para los
pueblos colonizados del “Sur”. Por eso suena a ridículo la
calificación como “delirium tremens” que el servil
representante de las multinacionales europeas, Javier Solana, ha
hecho de quienes reivindicamos el ejemplo montenegrino como un nuevo
argumento que contribuye a justificar la legitimidad del ejercicio de
ese derecho aquí. Porque no caben dobles raseros y dobles
principios a uno u otro lado del océano o de Europa en función
de los intereses geopolíticos, ya que lo decisivo es la
reclamación de esa demanda por la amplia mayoría de un
pueblo, al margen de que éste se encuentre o no dentro de las
fronteras territoriales de un Estado miembro de la UE o de que ese
derecho quepa o no dentro de las Constituciones vigentes.
Por
todo lo anterior y en el actual contexto, el voto 'No' en el
referéndum del 18 de junio será expresión de la
voluntad soberanista y de la dignidad de la ciudadanía de
Catalunya. Por ello hay que impulsar una
campaña activa y pedagógica en defensa del voto 'NO'.
Pero,
junto a la crítica de los falsos consensos o disensos (como el
de un PP dedicado principalmente a contentar a su base más
españolista) que genera el debate sobre la plurinacionalidad,
haría mal la gente de izquierdas, y sobre todo los sindicatos,
en dejar de lado la necesidad de luchar contra los planes
neoliberales del gobierno. Porque la rebaja del impuesto de
sociedades en cinco puntos, justo cuando los beneficios empresariales
siguen siendo crecientes, y del IRPF, unida al trato de favor a los
especuladores inmobiliarios, entre otras medidas, muestra la firme
voluntad de Zapatero y Solbes de proseguir la política fiscal
del PP sin ningún complejo y sin decir de dónde va a
sacar el dinero necesario para financiar ese presunto “cuarto pilar
del Estado del bienestar” que es la Ley de Dependencia. Es fácil
deducir, por tanto, que, como ha ocurrido con la enseñanza y
está ocurriendo con los “reformatorios” para menores o la
sanidad, el gobierno esté pensando en que para ello podrá
contar con un sector empresarial dispuesto a convertir- por la vía
del co-pago en función de los ingresos y de la “concertación”
-el derecho y el trabajo de cuidado en un nuevo negocio rentable, en
perjuicio de los sectores con menores recursos y de una mayoría
de mujeres.
En
cuanto a la reforma laboral apoyada por CCOO y UGT, si bien no se ha
satisfecho todo lo que exigía la patronal, se trata de un mal
acuerdo que, como han denunciado el sector crítico de CCOO,
CGT y otros sindicatos, hace depender la contratación
indefinida de la financiación pública, la reducción
de las cuotas empresariales y el abaratamiento del despido,
revaloriza el papel de las ETTs y no genera, en suma, ninguna
esperanza de que pueda frenarse el del incremento de la precariedad y
la temporalidad.
Las
luchas contra la privatización de los servicios públicos,
por un trabajo y una vivienda dignas (siendo esperanzadoras en ese
camino las sentadas juveniles de este mes de mayo), contra el fraude
y la evasión fiscal (desvelando las ilusiones en un
capitalismo popular basado en la especulación financiera,
ahora frustradas otra vez con los casos de Afinsa y Fórum
Filatélico), así como las ya incontables movilizaciones
y coordinadoras en defensa de la tierra, contra la especulación
urbanística e inmobiliaria y por otro modelo energético
deberían ser otros estímulos para ir construyendo
amplias coaliciones de organizaciones sociales capaces de ir
rompiendo con esa cultura de la resignación y el consumismo
que se sigue fomentando desde el poder.
No
podemos olvidar tampoco el papel imperialista que cada vez está
ejerciendo con mayor abnegación el Estado español y que
se refleja tanto en su tendencia a militarizar las fronteras del
Norte de Africa y Canarias como en su presión sobre gobiernos
como el boliviano para que retrocedan en la recuperación de
sus recursos naturales. Por ese camino, desde luego, discursos como
la “Alianza de Civilizaciones” o la “solidaridad
iberoamericana” pierden toda credibilidad y se ven sustituidos por
una beligerancia contra unos pueblos a los que se sigue sin reconocer
una deuda histórica incalculable. La exigencia de
desmilitarización de las fronteras y de un cambio radical en
la política migratoria que conduzca a la derogación de
la Ley de Extranjería y a la regularización de todos
los “sin papeles”, así como al reconocimiento del derecho
de entrada y de asilo a la UE para quienes proceden de países
en situación de emergencia humanitaria, ha de ser una tarea
permanente de toda la izquierda en los próximos tiempos. Junto
a ella, la denuncia del papel depredador y genocida que muchas
multinacionales europeas practican en América Latina, como se
ha denunciado recientemente en el Encuentro “Enlazando
Alternativas” celebrado en mayo en Viena, ha de encontrar una nueva
ocasión de expresarse mediante la Contrajunta paralela a la de
REPSOL, convocada por diferentes organizaciones sociales este 16 de
junio.
No
creemos, en fin, que haga falta insistir mucho en que para avanzar en
todas estas actividades seguimos careciendo de una izquierda
anticapitalista y alternativa suficientemente fuerte y a la altura de
las necesidades y demandas que están resurgiendo desde muy
distintos movimientos sociales. A crear las condiciones para cubrir
ese vacío seguiremos dedicando también todo nuestro
esfuerzo, junto con otros colectivos y activistas, con el fin de
poder ir forzando un cambio de rumbo radical frente al callejón
sin salida al que nos conducen el PSOE y las direcciones de IU e
ICV-EuiA.
















