1- A pesar de los esfuerzos de sus partidarios por convencernos de la victoria “agobiante” del Estatuto que acaba de ser aprobado en referéndum, el texto nace falto de legitimidad, rodeado de dudas y aun de desconfianza con respecto a toda una parte de la ciudadanía, que, aún haber acabado apoyándolo, lo ha hecho con resignación y como mal menor, “por no votar como el PP”. La participación no ha logrado ni siquiera el 50 % del electorado. Dos terceras partes de la ciudadanía, de una manera u otra, han dado la espalda a la propuesta. Justo es decir que los promotores del “Sí”, con el PSC-PSOE y CIU al frente, han fracasado a la hora de animar al pueblo con una reforma estatutaria que, manifiestamente, ni convence, ni responde a las necesidades y anhelos de progreso democrático y social de este país.
2- Es indiscutible también que el “No” promovido desde plataformas y fuerzas progresistas, partidos de izquierdas, movimientos sociales y entidades, ni ha podido revertir los efectos de la campaña del poder, ni ha conseguido polarizar el rechazo y las fuertes actitudes críticas que, de una manera transversal, podemos reconocer en una buena parte del “Sí”, como del voto blanco, del voto nulo y de la abstención. Aun así, en medio de las dificultades que hemos tenido que afrontar, el “No” obtiene unos resultados dignos. Más de medio millón de ciudadanos y ciudadanas patentizan así su repudio, dibujando un mapa del “No” que no deja demasiadas dudas con respecto al carácter mayoritariamente democrático, soberanista y socialmente adelantado – en una palabra: favorable a los derechos de la gente trabajadora y humilde – de esta opción. Lejos de ser “el patrimonio de la derecha anticatalana”, el “No”, con todas sus limitaciones, se ha revelado como la expresión más clara de la ciudadanía decidida a avanzar hacia la autodeterminación.
3- Hace falta decir que este referéndum ya era de por si un planteamiento engañoso, destinado a confundir al pueblo sobre sus opciones de futuro. En el cinturón industrial de Barcelona, la abstención ha sido más elevada que en ninguna parte. La juventud ha reaccionado muy a menudo así, fastidiada por la manera de hacer de la denominada “clase política”. Y podemos decir con toda certeza que una parte muy importante del electorado obrero, socialista y republicano, que se ha decantado a favor del “Sí”, lo ha hecho votando en clave española, temiendo favorecer de alguna manera el regreso al poder de Aznar y su tropa de herederos del franquismo. Formación minoritaria, el PP ha sido utilizado por los partidarios del “Sí” como un esperpento y como pantalla para esconder la inanidad de una reforma que perpetúa la frustración de los deseos de progreso social y libertad de los Países Catalanes. De hecho, PSOE y CIU no han tenido los saludables escrúpulos de su electorado, a los cuales han apelado con tanta insistencia, cuando les ha convenido gobernar con el apoyo del PP – durante la última etapa del pujolismo –, o bien pactar “grandes temas de Estado” y Estatutos - como el valenciano - con la derecha española.
4- El “Sí” ganador contiene, por lo tanto, una gran dosis de crítica al mismo Estatuto como el procedimiento que se ha seguido, contradiciendo las pretensiones de sus principales valedores. Pues el pacto Mas-Zapatero diseña, subordinando la cuestión catalana a la política de Estado, un marco de nuevas alianzas de los dirigentes del PSOE. Tanto para contrarrestar las campañas de desgaste del PP como para echar adelante las políticas neoliberales de su agenda - en materia de pensiones, de reforma del mercado laboral, de fiscalidad, de integración europea y de expansión de los intereses empresariales españoles -, el gobierno Zapatero ha buscado la colaboración de las burguesías industriales y de negocios de las naciones “periféricas”. El Estatuto, reducido a una mera descentralización administrativa, se ha convertido así en la plataforma de una acuerdo con CIU, que podría incluso desembocar, en función de los resultados de las próximas elecciones autonómicas del otoño, en un regreso de la derecha nacionalista y clerical al gobierno de la Generalitat. He aquí la trampa y la formidable contradicción que contiene el “Sí” que se ha expresado este domingo.
5- Más allá de las modestas cifras logradas, el “No” ha abierto una puerta que no debemos permitir que cierren quienes, inciertos vencedores de esta contienda, ya nos conminan a acatar su “nuevo ordenamiento jurídico”. La Plataforma “por el derecho de decidir”, la Campaña “Diguem No”, las entidades juveniles y las fuerzas progresistas movilizadas, han ganado la batalla de los contenidos. A excepción de las alabanzas inverosímiles de ICV-EUiA, que ha rivalizado en celo estatutario con los socialistas socavando la credibilidad de la izquierda transformadora, lo cierto es que el pueblo no espera casi nada de este Estatuto. Por otra parte, la cuestión del derecho de decidir, la necesidad de avanzar hacia la autodeterminación y la plena soberanía, han quedado planteadas. En este sentido, el movimiento democrático por el “No” habrá conseguido cuando menos esbozar un proceso ciudadano que, desde el poder y desde las burocracias sindicales y partidistas que abrevan en sus instituciones, se pretende ahogar.
6- El Estatuto del 30 de septiembre, que a pesar de su carácter autolimitado y encorsetado en los parámetros de la Constitución monárquica, consiguió un amplio consenso de fuerzas catalanistas, federalistas, de izquierdas y del mismo independentismo con representación parlamentaria alrededor de una serie de mejoras en el autogobierno y la financiación, ha quedado irremediablemente sobrepasado por los acontecimientos. ERC ha desmovilizado a una parte de su electorado, evocando una inverosímil segunda negociación de aquella propuesta. El Estatuto aprobado hoy nos envía mucho más atrás. Las exigencias históricas y objetivas planteadas por la globalización nos empujan con fuerza, pero, en un sentido contrario. Los comicios del otoño, demasiado próximos, quizás no alcancen todavía a aclarar el horizonte político. Con el nuevo Estatuto, estamos más cerca de la denominada “sociovergencia” que de una reedición del tripartito y, sobre todo, de un gobierno con políticas decididas de izquierdas. Debemos trabajar de lo lindo porque, a medio plazo, esta contradicción que ya determina toda la vida social y política catalana, se transforme en insoslayable.
7- Ahora, hace falta que las fuerzas que han impulsado el “No” debatan el camino a seguir para favorecer un movimiento ciudadano por el derecho de decidir. Más allá, es necesario que la ola expansiva del “No” alcance a sindicatos y partidos de izquierdas, nutriendo resistencias a las políticas y alianzas de corte liberal como las decepcionantes consecuencias que, inevitablemente, tendrá para la ciudadanía la gestión de un orden autonómico continuista. La llave del futuro está en la configuración de una izquierda combativa, profundamente arraigada en la clase trabajadora y los movimientos sociales, en la nueva realidad de la inmigración, en las luchas feministas, ecologistas y de defensa del territorio; una izquierda que entienda y sepa hacer entender que el avance del mundo del trabajo y el progreso de los derechos sociales son indesligables del proceso de autodeterminación nacional.
Barcelona, 18 de junio de 2006.
* Traducción al castellano por la redacción de corriente[a]alterna





















