La reforma firmada por los principales sindicatos, patronal y gobierno es, desde el punto de vista de la clase trabajadora, una mala reforma, aunque no muy mala, y no sin apreciarse aspectos parciales positivos, muchos de ellos sólo de interés en función de la propia acción sindical.
Las medidas principales son el abaratamiento del despido y la ampliación de bonificaciones y reducción de cotizaciones a la seguridad social. La prórroga de uso de la fórmula del contrato de fomento hasta el 2008 es una forma cierta de abaratamiento de despido de la contratación indefinida, pero también acotado en el tiempo (lo que no impide que la prórroga continúe posteriormente) y sin eliminar la figura del contrato indefinido ordinario. Esto modera el efecto del abaratamiento del despido que sigue siendo la principal y más agresiva medida para los trabajadores.
Tampoco es una solución la reducción de las cotizaciones a la seguridad social y la ampliación de bonificaciones a los empresarios. Primero porque reduce los ingresos potenciales del sistema de S.S., y, segundo, porque subvenciona al capital sin que esto tenga efectos creíbles sobre la generación de empleo o la estabilización del mismo. Es simplemente un regalo.
Ahora bien, hay un conjunto de medidas que compensan, en parte, los aspectos contraproducentes de la reforma. Sea como fuere, están muchas de ellas condicionadas a diferentes factores:
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La limitación del encadenamiento de contrato es positiva pero depende del desarrollo en la negociación colectiva para garantizar sus consecuencias favorables. El coladero puede presentarse si no se regula el encadenamiento de contratos en la misma empresa (o empresas del mismo grupo) y el encadenamiento de empleos en un mismo puesto de trabajo, y su consiguiente causalización como empleo indefinido.
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La mejor dotación a la inspección de trabajo es sencillamente pírrica, tanto porque la mejora parte de una plantilla muy escasa, casi ridícula en su magnitud, como por los enormes problemas de nuestro mercado de trabajo, con lo que no será suficiente para estar a la altura de las necesidades reales, como por ejemplo son la economía informal, la siniestralidad, el incumplimiento de los convenios y la legislación laboral, y el abuso de la contratación temporal.
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La coordinación entre representantes de las plantillas de principal y contratas está limitada a las "condiciones de ejecución de la actividad" y el compartir un mismo centro de trabajo.
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La mejora de la dotación presupuestaria de los SPE es incierta.
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Las mejoras en prestaciones de situaciones muy agraviantes (contrato fijo-discontinuo, subsidios trabajadores mayores, etc…) no compensan otras agresiones de la reforma.
En cualquier caso, lo más preocupante, siendo una mala reforma pero no la peor posible, es la dinámica de concertación y aceptación de la hegemonía liberal-compasiva existente por parte de los sindicatos mayoritarios y en particular sus direcciones. Y sobre todo que se considere aceptable una reforma así.
Ni que decir tiene, por otro lado, que ha habido una nula participación y consulta a la organización, lo cual es un déficit democrático objetivo.
Pero lo preocupante es que se siga aceptando ideas como las siguientes, sin problematizarlas en la práctica:
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Que los costes laborales, y en particular los de despido o las cotizaciones, sean un obstáculo para la creación de empleo o su consolidación en derechos.
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Que se siga pensando que las reformas anteriores nos proporcionaron efectos positivos, en particular la de 1997. Si bien es cierto que aquella fue mucho más lesiva, sin ser esta tan negativa como aquella, sigue compartiendo en gran parte su orientación.
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Que se siga creyendo que basta con una sofisticada y elaborada negociación técnica para alcanzar buenos acuerdos, sin contar con la movilización y participación democrática de las bases en el proceso.
Además quedan pendientes reflexiones y propuestas tan estratégicas que se han desechado o inhibido y que el movimiento sindical debería recuperar o reconstruir en torno a las siguientes claves:
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La reducción de la jornada laboral y la distribución estable, flexible (para el trabajador o trabajadora) y previsible del tiempo de trabajo.
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La reforma de la ley para facilitar la representación y participación de los trabajadores y trabajadoras de las PYMEs en el marco laboral. Es una discriminación objetiva para muchos de estos trabajadores el que no puedan tener representación (centros de menos de 6 trabajadores) o no puedan modular y constituir en empresas o grupos de empresas, o bien en territorios como polígonos empresariales, comités de trabajadores intercentros o interempresas, o bien secciones sindicales territoriales para hacer posible su acción sindical.
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No se hace referencia a la invasión e influencia destructiva del derecho mercantil sobre el derecho laboral, y la enorme transformación que supone el fenómeno de los grupos de empresas, la externalización y subcontratación, pues la figura clásica de la empresa como unidad de producción, empresa que como unidad básica ha finiquitado y es preciso pensar en coordenadas más amplias.
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La ausencia de reflexión sobre las cuestiones de las relocalizaciones y dinámicas de competitividad erosionadoras de la eficiencia y estabilidad productiva. ¿Para cuándo la reivindicación de la homogeneización de la regulación de las relaciones laborales a escala europea?. ¿Hemos de acatar una orientación de la CES tan absurda?.
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La extensión de la protección frente al desempleo para asegurar que ningún parado se quede sin subsidio
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Frente a esto, es necesario insistir en que para luchar contra laprecariedad laboral hace falta levantar reivindicaciones mucho más ambiciosas, como la exigencia de reforma de la contratación temporal para acabar con los contratos a la carta y restablecer el principio de causalidad y la exigencia de reforma del despido, pero al revés, dando marcha atrás a las sucesivas reformas habidas, restableciendo condiciones más duras para el despido y devolviendo al trabajador o trabajadora el derecho a elegir entre indemnización o recuperación del puesto de trabajo, en los casos de despido improcedente.
En definitiva, sirva este documento de trabajo para la reflexión. Una reflexión que no ha sido factible en el proceso, porque, precisamente, se ha dejado al margen, y sin apenas información, a la afiliación activista de los sindicatos mayoritarios.
















