Michael Warschawski / The Alternative Information Center
"¡Estamos en la guerra!" declararon los líderes israelíes hace cinco años. Pero ésta es un tipo de guerra especial: una guerra unilateral, donde hay solamente un lado que combate golpeando, destruyendo, asesinando, arrestando y torturando - Israel. Cuando repentinamente el otro lado ataca puestos militares, vehículos blindados y toma prisioneros de guerra, se trata de terroristas que atacan sin razón a un estado soberano.
Cinco años de uso casi exclusivo de violencia han creado la ilusión que Israel es el único actor en el escenario, los otros son objetos pasivos de la brutalidad unilateral. A la ilusión sigue la sorpresa, y después la desilusión.
La inteligencia militar israelí fue tomada por sorpresa con el ataque palestino contra el puesto militar de Kerem Shalom, y también por el ataque de Hizbollah en la frontera del sur del Líbano; el Mossad ha sido sorprendido por la capacidad del Hizbollah de utilizar misiles contra ciudades israelíes importantes. La sorpresa es siempre el precio que paga la arrogancia colonial por su inhabilidad estructural de ver en el colonizado un ser humano capaz de pensar, de planear, de actuar y de reaccionar.
Por más de la presencia permanente de los "árabes", de la "amenaza árabe", del "enemigo árabe" y de la "amenaza musulmana" en Israel, los israelíes no entienden la obvia relación entre las masacres perpetuadas por el ejército de Israel en Gaza y el contraataque por parte de activistas libaneses. Por lo tanto, están sorprendidos y ofendidos profundamente: ¡¿cómo se atreve una organización libanesa a atacar ciudades israelíes sin provocación de nuestra parte?!
Adictos al uso unilateral de la violencia, los ciudadanos de Israel se sienten desorientados y, como de costumbre, sienten una fuerte sensación de persecución, de ser víctimas del odio global contra los judíos.
La respuesta estratégica de la dirección militar israelí es multiplicar el uso de la violencia, de acuerdo al concepto militar trillado que "cuando la fuerza falla, hay que utilizar más fuerza". No tienen idea de qué manera los bombardeos a la infraestructura civil libanesa afectan la estabilidad del régimen. Sueñan con atacar Siria, sin ninguna evaluación seria de la reacción potencial de Irán a tal ataque, incluyendo una posible insurrección chiíta contra fuerzas de los EE.UU. en Irak.
Como cualquier ejército colonial, los israelíes desean utilizar su superioridad militar para "dar una lección" a los árabes o a los musulmanes.
Por el momento, los israelíes son los que están aprendiendo duramente, que el uso unilateral de la fuerza conduce a una escalada correspondiente de la violencia. En el futuro cercano pueden aprender también que, en el Oriente Medio, un conflicto local puede degenerar en una guerra regional.
El hecho de que una pequeña organización libanesa, bien organizada, pueda atacar seriamente el corazón de Israel es una señal sobre la capacidad de la disuasión del estado de Israel. Las toneladas de bombas lanzadas sobre el Líbano no podrán cambiar esta nueva realidad.
La actual crisis no está cerca de su fin por varias razones. Primero, no hay ninguna indicación de que nadie, en los Territorios Palestinos Ocupados o en el Líbano, esté dispuesto a rendirse. La brutalidad de los ataques israelíes está creando rápidamente el amplio sentimiento árabe contra la violencia israelí apoyando la resistencia, sin embargo los regímenes de Arabia Saudita, Egipto y Jordania y la parte de la élite gobernante en el Líbano, no están contentos con la respuesta del Hizbollah a la agresión israelí.
En segundo lugar, no hay ni habrá presión internacional sobre Israel; incluso la Unión Europea trata a Israel como la víctima que tiene el derecho legítimo de tomar represalias. No obstante, demanda que el uso de fuerza sea proporcional.
Tercero, el público en Israel no considera la pérdida de vidas de israelíes como una falta de la política de su gobierno y esta no es un catalizador para un movimiento pacifista, como fue durante la guerra del Líbano entre 1982 y 1985.
La mayoría de la opinión pública israelí, ha asumido el concepto de "choque de civilizaciones" y ve la necesidad de una guerra de anticipación permanente. Por lo tanto, considera como natural e inevitable el hecho de que haya víctimas israelíes civiles y militares. Es decir, el gobierno no es responsable por el sufrimiento de la población israelí y el público considera las victimas como un precio legítimo a pagar por la protección del estado de Israel como parte del "mundo civilizado" contra la "barbarie" de la civilización musulmana.
La falacia del "choque de civilizaciones" se ha atrincherado profundamente en la opinión pública israelí desde 1996, haciéndose extremadamente difícil de combatirla. Este atrincheramiento se ve confirmado con el total derrumbamiento de Paz Ahora, la organización pro-paz más grande en Israel, que mantuvo su silencio durante la guerra brutal de destrucción lanzada por Ariel Sharon entre 2001 y 2005, y que apoya hoy la agresión israelí en Gaza y Líbano.
Ésta es la razón por la que solamente 800 hombres y mujeres participaron en la manifestación contra las operaciones agresivas en el Líbano y Gaza y contra la violenta política de Israel en Tel Aviv la noche de domingo. Por más de su valentía y resolución los activistas del movimiento anticolonial en Israel no pueden cambiar la línea de conducta del gobierno y su impulsión hacia una guerra permanente en la región.
Sin embargo, la clara oposición del movimiento anticolonial a la política de guerra es prueba viva que no hay un "choque de civilizaciones" ni "un problema cultural general" entre los judíos y de árabes como quisieran de portavoces israelíes. De hecho, sí hay un choque, entre Washington y Tel Aviv que están conduciendo la re-colonización del mundo bajo dominación de las corporaciones multinacionales y del imperio de los EE.UU., y la gente del mundo que aspira a la libertad, a la soberanía y a la independencia verdaderas.




















