Pechi *
Este año hemos tenido un intenso debate sobre los espacios del campamento, y por supuesto el espacio de mujeres. Algunas compañeras del ERA hemos tenido una posición diferente en relación al tema; y es por ello, que sería necesario que otra visión quedara reflejada en estos artículos sobre el campamento de Peruggia.
Algunas intervenciones han planteado de manera más o menos explícita que no reconocer el espacio no mixto como instrumento necesario era debido a la interiorización de los valores machistas. Menudo error. Así como craso error sería también el considerar que los instrumentos que construimos son incuestionables y no pueden existir otros. Eso es precisamente lo que estamos planteando. Si los espacios no mixtos y sus formas son instrumentos adecuados para nuestra lucha, que es la lucha contra el patriarcado. El no entender que el debate es necesario y que los instrumentos deben ponerse bajo el prisma de un balance, es encerrar a la lucha feminista bajo estructuras que sólo se reproducen por el folclore y no por la riqueza del debate y su praxis.
Para nosotras el debate es de más altura, no podemos pasar por encima de un profundo debate que está latente en el seno de la organización y que quizá sea el momento de empezar a poner sobre la mesa. No profundizar en ello, y pensar que existe un consenso no delimitado democráticamente por nadie, entorno al sujeto de la emancipación de las mujeres, nos llevará realizar los mismos debates año tras año: ¿son las propias mujeres, independientemente de su clase (puesto que también las mujeres burguesas sufren opresión de género), organizadas en función de sus intereses de género; o son las mujeres de la clase trabajadora junto con sus compañeros de clase organizadas en base a sus intereses de clase?
Desde un punto de vista marxista defendemos la idea de que la emancipación de las mujeres no es posible en una sociedad capitalista, por lo tanto el sujeto revolucionario y emancipador es la clase trabajadora en sí, intergenérica, y no las mujeres como grupo interclasista (no quiero decir con ello, como se ha malinterpretado en más de una ocasión, que dicha emancipación tenga lugar necesariamente con una revolución socialista, afirmar esto no constituiría sólo una miopía política, sino también una absoluta ceguera histórica). Sin embargo es cierto que dentro de esta clase existe una opresión específica hacia las mujeres, una opresión de género, y es natural que por ser ellas las que sufren dicha opresión, sean ellas, en un primer momento, las que tomen la iniciativa en la lucha contra el patriarcado, serán la vanguardia en este combate, pero no es "el combate de las mujeres" porque el patriarcado no es "una cuestión de las mujeres" sino una cuestión de relaciones de género
Partiendo de esta premisa, estas mujeres, que por estar oprimidas toman antes conciencia de las relaciones desiguales entre los géneros, han de transmitir dicha conciencia a sus compañeros de clase, que deben de interiorizar el feminismo como una lucha propia, que también les afecta, puesto que "no puede emanciparse plenamente quien oprime a otros", la clase trabajadora no se emancipará jamás si la mitad de ella se encuentra oprimida por la otra mitad. Ni que decir tiene que si la mitad de dicha clase se encuentra oprimida, humillada, sin confianza en sí misma… golpeará de un modo mucho más débil al capitalismo. La opresión de las mujeres debilita así a la clase trabajadora en su conjunto en el proceso de la lucha e imposibilita su emancipación total aún tras un triunfo revolucionario, si entendemos el socialismo como emancipación la humanidad y no de los varones trabajadores
Así pues, si vemos al feminismo como una cuestión de relaciones de géneros que interesa a ambos y no como una cuestión de las mujeres, la autoorganización de estas, y sobre todo en el seno de las organizaciones revolucionarias, se convierte en algo innecesario (lo que no quiere decir que no lo fuera en los momentos incipientes del movimiento feminista, pero no debemos quedarnos anclad@s en los "grupos de autoconciencia" del feminismo radical de los setenta). Pero comparar la autoorganización de las mujeres con la de la clase trabajadora como he visto en algún artículo está fuera de todo lugar. Defender la autoorganización de la clase trabajadora y no la de las mujeres no implica que se niegue la opresión específica de las mujeres en las filas de las organizaciones revolucionarias, ambas formas de organización no son incompatibles y defenderlas no supone contradicción alguna. La organización independiente de los trabajadores es condición sine qua non para su liberación, ¿cómo iba a ser de otro modo? ¿cómo iban a aliarse con la burguesía si para emanciparse han de aplastarla, destruirla, aniquilarla y eliminarla? Sin embargo esto no ocurre con las mujeres. Las mujeres (por más que se empeñe Delphy) no constituyen una clase social enfrentada y explotada por la clase de los varones en un "modo de producción domestico" y no necesitan aplastar, destruir, aniquilar ni eliminar a los hombres para emanciparse; han de modificar las relaciones entre los géneros y han de hacerlo juntos.
Puede argumentarse, y de hecho así se hace, que el espacio de mujeres es necesario dentro de una organización revolucionaria porque las mujeres, debido a su situación de opresión, no se sienten capaces de expresarse libremente en una asamblea mixta y que a menudo se sienten agredidas y en condición de inferioridad por la firmeza y agresividad de los gestos de sus camaradas varones y por lo elaborado y prolongado de sus intervenciones, para lo cual se crea un espacio aparte en el que las mujeres, pacíficas y con discursos simples e intervenciones breves se expresan libremente, un espacio en el que, además, no se potencian debates duros para acostumbrarnos a defender nuestras posiciones públicamente, sino que nos dedicamos como mucho a exponer las situaciones de los diferentes países…
¿No nos damos cuenta del peligro de esto? No solo estamos negando nuestra capacidad como cuadros revolucionarios (si nos sentimos tan "agredidas" que no podemos participar en una discusión entre camaradas, ¿qué haremos cuando en el movimiento haya que librar duros debates con varones de tendencias o corrientes opuestas que realmente busquen hundir nuestros discursos y a nosotras de paso? ¿cómo haremos para constituirnos como referentes en dichas situaciones? ¿o es que pensamos dejar esto para nuestros agresivos camaradas varones y nosotras nos limitaremos a trabajar en el cómodo campo del feminismo organizado en asociaciones exclusivas de mujeres?) además estamos obviando otra realidad, y es que también hay varones que no intervienen en las asambleas, del mismo modo que por lo general, las mujeres que intervienen en los espacios no mixtos son las mismas que luego siguen haciéndolo en los espacios mixtos, y las que no lo hacen en los espacios mixtos siguen sin hacerlo en los espacios no mixtos. ¿No será entonces que existen otros factores como son la acumulación de experiencia y la formación que tienen una importancia decisiva a la hora de intervenir o no?
¿Olvidamos los argumentos definidos por Rosa Luxemburg para no aceptar las responsabilidades de mujer en el SPD? No queremos ser las compañeras que se dedican sólo a este trabajo en la organización pero meras comparsas en el resto de debates. No queremos esto. Queremos tener formación sobre economía, ecología, sindicalismo, y estar en los debates más estratégicos de nuestra organización. No queremos ser especialistas en las cuestiones de género, sino mujeres al frente de una organización en la que debemos asumir y estar en la vanguardia de todos los debates y su praxis política.
Sin negar que existe una opresión de género también dentro de las organizaciones revolucionarias, porque por muy concienciad@s que estemos tenemos tan interiorizados los roles patriarcales que los reproducimos de un modo inconsciente, debemos de abandonar de una vez estos discursos victimistas y no pedir a nuestros camaradas menos firmeza al defender sus posturas. La solución no es un espacio no mixto, esto, por el contrario potencia la idea de que la lucha contra el patriarcado es una lucha en exclusiva de las mujeres cuando también es algo que les atañe a ellos, y se consigue que si luego participan en las actividades que organizamos lo hagan en un plano de solidaridad hacia nuestra lucha, la lucha de las mujeres, pero de ningún modo viéndola como algo suyo, ¿cómo va a ser de otro modo si no han participado en los debates, en la toma de posiciones, en la organización de las actividades? Hemos de plantearnos que es más probable que si sólo intervenimos en los debates acerca de feminismo quizá sea porque estamos más formadas en estos aspectos que ellos ya que hasta ahora los hemos visto como una cuestión y un trabajo prácticamente exclusivo de las mujeres. Si tenemos la misma formación que nuestros camaradas sobre otros temas debatiremos en un plano de igualdad y defenderemos nuestras posturas con la misma firmeza, porque somos tan capaces como ellos para hacerlo.
Si estamos de acuerdo en esto podremos entonces entender que el espacio no mixto sea puesto a debate en función de su contribución a nuestros objetivos. No creemos que ponerlo en cuestión sea reproducir esquemas patriarcales, sino contribuir a buscar las formas en la que las mujeres podemos ayudar a nuestra emancipación y la emancipación general de la humanidad. A partir de aquí el debate está servido.
* Militante del ERA.




















