Por G. Buster
Con la cobertura diplomática de la nueva resolución 1511 del Consejo de Seguridad, la Conferencia de Donantes para la Reconstrucción de Iraq celebrada en Madrid tenía que simbolizar un cambio de 180 grados en la situación de Oriente Medio. Es decir, acabada la fase de la guerra, recuperado el consenso de la comunidad internacional, había llegado el momento de la reconstrucción y con ellá la paz y la estabilidad a la zona, bajo hegemonía de EE UU.
La Resolución 1511, a pesar de todas sus ambiguedades, había sido adoptada con el voto a favor de todos los miembros del Consejo de Seguridad, con la única excepción de Siria. Incluso el "frente de rechazo" compuesto por Francia, Alemania, Rusia y China entendían ahora que había que dotar de un marco legal la presencia de las fuerzas de ocupación y el proceso de reconstrucción de Iraq. No se podía dejar el reparto del botín exclusivamente a EE UU, sobre todo cuando estan en juego las segundas reservas más importantes de petroleo del planeta.
El problema es que hasta algo tan poco legal como repartirse el botín de los recursos naturales y el multimillonario presupuesto de la reconstrucción de la infraestructura destruida por la guerra exige un mínimo de consenso de las victimas así socorridas. Hace falta que las victimas se dejen ayudar. Pero estas, desagradecidas, no quieren. Hasta Naciones Unidas se ha convertido en un blanco más de una resistencia que ha provocado más bajas a las fuerzas de ocupación que durante toda la guerra.
La Conferencia de Donantes de Madrid ha conseguido enviar tres mensajes muy claros: 1) que los fondos (en realidad creditos) de EE UU (que incluyen el pago de sus tropas) serán gestionados exclusivamente por EE UU; 2) que los 13.000 millones recaudados en Madrid alivian, pero no solucionan el problema de la reconstrucción de Iraq (ni para los iraquies ni para EE UU); y, los más importante, 3) que por mucho dinero y créditos que se consigan, sirven de muy poco si no hay seguridad en Iraq.
Este tercer mensaje es el que más rápido y con más eficacia parece haber llegado a Iraq. La resistencia iraquí ha lanzado desde el mismo día que acabó la Conferencia de Donantes de Madrid una ofensiva continua que ha provocado un numero de bajas excepcional, bloqueando la capacidad operativa de Naciones Unidas, la Cruz Roja y los programas de "cooperación" de los distintos donantes. El propio Subsecretario de Defensa y principal ideólogo del Pentagono, Paul Wolfowitz, escapó por muy poco de un ataque con misiles caseros contra el hotel donde se hospedaba. Las lineas de abastecimiento de las tropas de ocupación y los oleoductos son continuamente atacados.
Los efectos políticos de esta falta de seguridad no son nada despreciables y crecen por días. A escala internacional, porque bloquean inversiones y operaciones de empresas en el programa de reconstrucción, reforzando a los críticos de la Administración Bush. En el interior de Iraq, porque no deja ningún espacio a un traspaso de soberanía al Consejo constituido bajo la sombra de la Autoridad de Ocupación y sigue acelerando la descomposición política de Iraq en zonas bajo control de grupos y milicias religiosas y étnicas. En los propios EE UU, porque ha empezado la primera fase de la precampaña electoral presidencial y la popularidad de Bush sigue sufriendo un importante desgaste cotidiano con cada baja.
A estas alturas, no solo no hay quién encuentre ni las armas de destrucción masiva ni al propio Sadam Husein (como tampoco al Mullah Omar o a Bin Laden en Afganistan), sino que la situación de inestabilidad general en Oriente Medio ha situado a todos los páises de la zona en el peor escenario, que es el más incontrolable por la sola fuerza militar de EE UU. De todos los desafios, quizás el más dificil sea sujetar a Ariel Sharon y la derecha israeli, convencidos de que no volverán a tener una ocasión como esta para acabar con la Autoridad Palestina y anexionarse una parte sustancial de Cisjordania, haciendo inviable un futuro estado palestino.
La opinión pública en EE UU, Reino Unido y los otros países con fuerzas de ocupación en Iraq, sigue aumentando en su rechazo a la política de la Administración Bush, que solo cuenta ya con un 50% de apoyos. Blair ni siquiera puede contar con eso. Ha habido dos inmensas manifestaciones tras la Conferencia de Donantes de más de 100.000 personas en Nueva York y en Londres. Las consecuencias electorales son inevitables.
Por ello, las tareas del movimiento anti-guerra y de solidaridad con el pueblo palestino siguen siendo tan actuales como hace un año, cuando estalló la guerra. Los 10.000 manifestantes en Madrid, en una ciudad tomada, contra la Conferencia de Donantes nos lo han recordado. Por la retirada de las tropas de ocupación, por la devolución de la soberanía al pueblo iraquí, por la retirada de las tropas israelis de los Territorios Ocupados.


















