Más Lula, más de lo mismo
Brasil

Jesús Rodríguez

Lula ha batido en Segunda vuelta al candidato derechista Alkcmin con una clara diferencia (60,8% a 30,2%), pero lejos queda en los trabajadores y el pueblo pobre la ilusión que depositaron en la primera elección del Presidente brasileño cuatro años atrás. Desde entonces hasta ahora Lula ha continuado la senda neoliberal del anterior Presidente Fernando Henrique Cardoso. Se han sucedido las privatizaciones, el ataque a la Seguridad Social, los incumplimientos e incluso la represión hacia los Campesinos sin Tierras, la puesta a disposición de los intereses capitalistas de la Amazonía, etc...

Esta política de continuidad y de sumisión a la presión de los capitales nacionales e internacionales ha tenido también una expresión en la política exterior. Lula se ha alineado en este tiempo con el FMI, cumpliendo las exigencias de éste y renunciando a la posibilidad de cohesionar a una serie de países en la lucha contra la supresión de la deuda y en contra de la política de ajuste exigida por el FMI. Además la política de Lula en raras ocasiones se ha desviado de las directrices marcadas por Washington, llegando a cooperar en el envío de tropas a Haití y desmarcándose de la política de Hugo Chávez.

El gris panorama en la gestión Lula se acentúa con la desmovilización y derrota de gran parte de los movimientos sociales. Si bien los movimientos sociales brasileños no habían llegado a su mejor momento en la primera elección de Lula, las expectativas depositadas por una parte de la izquierda brasileña en el gobierno del PT supusieron una gran confusión, que ha llevado a la parálisis y a la división de los mismos. Los pactos de Lula con el gran capital han servido para desmovilizar y derrotar al movimiento obrero, campesino y popular, ya que una parte de éstos no quisieron movilizarse contra un gobierno que sentían como propio a pesar de las diferencias. Incluso el Movimiento de los Sin Tierra (MST) ha mantenido una posición muy tibia durante gran parte del mandato de Lula.

A esto habría que añadir el proceso de burocratización creciente que tuvieron tanto el PT como la gran central sindical, la CUT, desde los primeros 90, hecho que ha facilitado que las dirigencias se adaptaran a esta política continuista.

En este contexto de desmovilización, derrota y desencantamiento levantar una alternativa no es nada fácil. La campaña del frente de izquierda, presentando a Heloísa Helena como candidata, se ha marcado este objetivo. En ella han coincidido tanto el PSOL (Partido Socialismo y Libertad, creado en gran parte por los disidentes del PT) como el PSTU y el PCB. El PSOL es un partido que apenas tiene una estructura sólida y una cohesión interna apreciable. Sin embargo el PSOL ha sabido en los últimos años aglutinar a gran parte de la vanguardia brasileña. La mayor parte de la izquierda del PT, numerosos sindicalistas y campesinos sin tierra han ido conformando una organización, que todavía no ha dejado de ser una coordinación de corrientes y no ha alcanzado el status real de partido.

Aún así los 6,5 millones de votos de Heloísa Helena (un 6,85%) en la primera vuelta, sin ser suficientes, son un punto de partida nada despreciable. La desmoralización ha cundido en buena parte de la izquierda brasileña apuntando a la dificultad de reconstruir un proyecto anticapitalista consecuente después de que la acumulación de fuerzas durante más de 20 años que supuso el PT, se haya adaptado de esta forma a las exigencias del capital. En este intento el PSOL también encuentra elementos a favor. Así el descrédito del neoliberalismo en América Latina permite tener un escenario internacional más favorable a procesos de radicalización, algo que no ocurría en los 90.

También hay que señalar que en la segunda vuelta Lula ha hecho una campaña neopopulista, que le ha permitido subir 12 puntos (Alckmin ha descendido 9 en la segunda vuelta) lo que indicaría la necesidad de éste de acercarse a las clases trabajadoras, espacio que puede ocupar el PSOL. Los compañeros brasileños necesitan sentar unas bases programáticas claras y una estructura organizativa que permita centralizar fuerzas y esfuerzos. Estos compañeros traen una experiencia de años en los movimientos sociales y representan a las fuerzas que acompañan a los nuevos vientos que soplan en América Latina.