Rouge / Revolta Global
Con su intervención en Somalia, el ejército etíope pretende haber acabado con casi quince años de ausencia de Estado. La capital, Mogadiscio, fue entregada en el 1993 a la arbitrariedad de los “señores de la guerra”, una vez que se hundió el régimen autocrático de Syad Bare (1969-1991) y tras el fracaso estrepitoso de la expedición militar de los Estados Unidos (conocida como “Operación restaurar la esperanza”).
Aun así, desde hacía unos cuántos meses, “el orden público” había sido restablecido en Mogadiscio por la denominada “Unión de los tribunales islámicos” (UTI), tras vencer a los “señores de la guerra” (reunidos en un acuerdo pomposamente designado como “Alianza para la restauración de la paz y la erradicación del terrorismo”). Esta nueva situación no gustaba lo más mínimo al gobierno de Etiopía, temiendo el apoyo que podrían aportar los islamistas a las veleïdades independentistas de las poblaciones somalíes de la región de Ogaden (en el sudeste etíope). Así pues, Etiopía decidió, a partir del verano del 2006, ayudar militarmente al “Gobierno nacional de transición” (GNT).
Es preciso decir que el ejecutivo etíope ha actuado siguiendo las órdenes de los Estados Unidos. El apoyo militar y financiero americano a los “señores de la guerra”, confrontados durante todo el año 2006 a las milicias islamistas, no era un secreto para nadie. La reunificación de Somalia bajo la égida de la UTI representaba un perjuicio para los intereses de los Estados Unidos. Por una parte, por la ubicación estratégica de Somalia, situada a la entrada del Mar Rojo, es decir, de una de las principales rutas del petróleo. Y, por otra parte, había sobre todo el peligro, con respecto a las multinacionales norteamericanas, de que se vieran marginadas o excluidas – como ya ha pasado en Sudán – de la explotación de los recursos petroleros del país. Esta explotación empezó, bajo el antiguo régimen de Syad Bare, de la mano de poderosas compañías como Amoco, Chevron o bien Conoco, y se paró en 1993. Pero ha sido retomada más tarde por la transnacional francesa Total (año 2001) y por la firma australiana Range Resources (2005).
















