Galia Trépère / Rouge *
No ha habido ningún anuncio con bombo y platillo. Aun así, al empezar el año, la Unión Europea ha pasado de tener veinticinco miembros a contar veintisiete. Tampoco se entrevé, a corto plazo cuando menos, un relanzamiento de la Constitución. Pero la ofensiva liberal no se para en ningún momento.
Este uno de enero, el euro festejaba su quinto aniversario. Eslovenia adoptaba la moneda única y dos nuevos países, Bulgaria y Rumanía, entraban a la Unión. Los dirigentes de la vieja Europa, pero, se han mostrado bastante discretos ante estos acontecimientos, bien lejos del triunfalismo que los caracterizaba tiempo atrás, pues son conscientes del rechazo que el actual proyecto de Europa suscita entre sus diferentes pueblos.
En un largo artículo de opinión publicado por el diario “La Tribuna” (cercano a la patronal), el pasado 29 de diciembre, la cancillera alemana Angela Merkel, que toma el relevo de la presidencia de la Unión europea durante el primer semestre de 2007, sólo consagra a la Constitución – a pesar de tener el encargo de relanzar el proceso – unas pocas líneas... y lo hace sobre todo para evocar el cincuenta aniversarios del Tratado de Roma, que tendrá lugar el próximo mes de marzo. El presidente francés, Jacques Chirac, también evocó esta efemèride en su alocución de fin de año. Escépticos con respecto a las posibilidades de imponer su Constitución, los dirigentes europeos invocan aquella época maravillosa en qué había todavía una cierta ilusión sobre el hecho que el proceso de la construcción europea respondía a la profunda aspiración de los pueblos a la paz.
Pero, con o sin Constitución, se sigue acentuando la ofensiva liberalizadora sobre las economías europeas. Merkel ha indicado las grandes líneas en el mencionado artículo. Su título representa todo un programa: “Hacer triunfar las reformas en Alemania y en toda Europa”. En el programa de su gobierno – un gobierno de coalición, como es sabido, entre la derecha y el Partido socialdemócrata –, programa sobre el cual Merkel pretende calcar la agenda comunitaria, hay, entre otros proyectos, la liberalización completa del sector de correos, la reanudación del ciclo de negociaciones de la Organización Mundial del Comercio de Doha, el fortalecimiento de las “relaciones económicas transatlánticas” (esto es, con los Estados Unidos), la disminución del coste indirecto del trabajo mediante una reforma sobre la cobertura en caso de enfermedad y el retardo de la edad de jubilación hasta los 67 años y la bajada de los impuestos patronales – en el mismo momento en que el IVA, que golpea mucho más duramente a los sectores sociales empobrecidos, conoce en Alemania un aumento del 3 %...
Con respecto a los dirigentes de los nuevos países que se integran en la Unión europea o bien que se adhieren al euro, sólo hacen presunción de la mano de obra a bajo coste que están en condiciones de ofrecer a las multinacionales y las grandes corporaciones financieras, y de las facilidades que están dispuestos a brindarles. En Bulgaria, el impuesto sobre el beneficios se verá reducido al 10 %, el nivel más bajo de todo Europa. El salario medio no supera los 200 euros al mes. En el caso de Rumanía, que dispone de una mano de obra cualificada, los salarios son del orden de los 90 euros al mes. Por su parte, el primer ministro esloveno hacía estos días un elogio de la “ética del trabajo” que impregna a su pueblo. Las multinacionales ya “se frotan las manos”, como decía muy acertadamente un artículo de “L’Humanité” (diario del PCF). Así es el verdadero rostro de la Europa capitalista que a sus dirigentes se les hace cada vez más díficil ocultar.
* Artículo traducido de francés a catalán por Revolta Global.


















