Claudio Katz / argenpress.info
Los caminos al socialismo vuelven a discutirse en la izquierda latinoamericana. La correlación de fuerzas ha cambiado por la acción popular, la crisis del neoliberalismo y la pérdida de capacidad ofensiva del imperialismo norteamericano. Ya no es válido oponer un período político revolucionario del pasado con otro conservador de la actualidad. La debilidad social de la clase obrera industrial no impide un avance anticapitalista, que depende de la confluencia de los explotados con los oprimidos en una lucha común.
Lo esencial es el nivel de conciencia popular. Se han forjado nuevas convicciones antiliberales y antiimperialistas, pero falta un eslabón anticapitalista que podría nutrirse del debate abierto en torno al socialismo del siglo XXI.
El marco constitucional que sustituyó a las dictaduras no impide el desarrollo de la izquierda, pero debe evitarse la adaptación institucional sin dar la espalda a la intervención electoral. Se puede compatibilizar esta participación con la promoción del poder popular.
Los movimientos y los partidos cumplen una función complementaria, ya que la lucha social no es auto-suficiente y la organización partidaria es necesaria. Pero resulta indispensable evitar la auto-proclamación sectaria e inscribir la obtención de mejoras inmediatas en un horizonte revolucionario. Este norte ordena toda la estrategia socialista.
Estrategias socialistas en América Latina
Después de varios años de silencio la discusión estratégica resurge en la izquierda latinoamericana. Nuevamente se analizan caracterizaciones y cursos de acción para avanzar hacia el objetivo socialista. Esta reflexión incluye seis grandes temas: condiciones materiales, relaciones de fuerza, sujetos sociales, conciencia popular, marcos institucionales y organización de los oprimidos.
Madurez de las fuerzas productivas
El primer debate retoma una controversia clásica. ¿Han madurado las fuerzas productivas en América Latina para iniciar una transformación anticapitalista? ¿Son suficientes los recursos, las tecnologías y las calificaciones existentes para inaugurar un proceso socialista?
Los países de la región están menos preparados- pero más urgidos que las naciones desarrolladas- para encarar este cambio. Soportan desastres alimenticios, educativos y sanitarios más intensos que las economías avanzadas, pero cuentan con premisas materiales más endebles para resolver estos problemas. Esta contradicción es consecuencia del carácter periférico de América Latina y de su consiguiente atraso agrario, industrialización fragmentaria y dependencia financiera.
En la izquierda existen dos respuestas tradicionales frente a esta disyuntiva: promover una etapa de capitalismo progresista o iniciar una transición socialista adaptada a las insuficiencias regionales. En un texto reciente hemos expuesto varios argumentos a favor de esta segunda opción. (1)
Pero otro debate igualmente relevante gira en torno a la oportunidad de este curso. Al cabo de un traumático período de depresión productiva y desmoronamiento bancario, América Latina transita por una fase de crecimiento, auge de las exportaciones y recomposición del beneficio empresario. Se podría objetar que en estas condiciones, no se avizora ningún colapso que justifique la transformación anticapitalista.
Pero la opción socialista no es un programa keynesiano para remontar las coyunturas recesivas. Es una plataforma para superar la explotación y la desigualdad que caracterizan al capitalismo. Busca desterrar la pobreza y el desempleo, erradicar los desastres ambientales, poner fin a las pesadillas bélicas y terminar con los cataclismos financieros que enriquecen a un minúsculo porcentaje de millonarios a costa de millones de individuos. (2)
Esta polarización se verifica en la actual coyuntura latinoamericana. El aumento de las ganancias y el consumo de los sectores acomodados contrastan con índices aterradores de miseria. Estos infortunios que justifican la batalla por el socialismo se tornan más visibles en los picos de un descalabro. Pero las situaciones de colapso no constituyen el único momento apto para erradicar el sistema. El giro anticapitalista es una opción abierta para toda una época y puede iniciarse en distintas momentos del ciclo económico. La experiencia del siglo XX confirma esta factibilidad.
Ninguna revolución socialista coincidió con el cenit de una crisis financiera. En la mayoría de los casos irrumpió como consecuencia de la guerra, la ocupación colonial o la opresión dictatorial. En contextos de este tipo los bolcheviques tomaron el poder, Mao se impuso en China, Tito venció en Yugoslavia, los vietnamitas expulsaron a Estados Unidos y triunfó la revolución cubana. Gran parte de estas victorias se consumaron en pleno boom de posguerra, es decir durante una etapa de intenso crecimiento capitalista. Ningún automatismo encadena, por lo tanto, el debut del socialismo a un colapso productivo. Las penurias que genera el capitalismo son suficientes para propugnar la reversión de este sistema, en cualquier fase de sus fluctuaciones periódicas.
Solo los teóricos del catastrofismo observan un vínculo indisociable entre socialismo y desmoronamiento bancario. Esta conexión forma parte de su retrato habitual del capitalismo, como un régimen que siempre opera al borde de un derrumbe terminal. A la espera de este desplome identifican cualquier desajuste bancario con una depresión global y confunden un simple reflujo bursátil con el crack general. Estas exageraciones ignoran el funcionamiento básico del sistema que se pretende erradicar y no permiten abordar ningún problema de la transición socialista. (3)
Globalización y pequeños países
Una objeción al inicio de procesos socialistas resalta los impedimentos creados por la globalización. Plantea que la internacionalización actual del capital torna impracticable un desafío anticapitalista en América Latina. (4)
¿Pero dónde radica exactamente el obstáculo? La mundialización no constituye una barrera para el proyecto socialista que tiene alcance universal. El desborde de las fronteras extiende los desequilibrios del capitalismo y crea mayores basamentos objetivos para superar este régimen.
Sólo quiénes conciben la construcción del socialismo como una "competencia entre dos sistemas" pueden observar a la mundialización como una gran adversidad. Esta visión es un resabio de la teoría del "campo socialista" que pregonaban los partidarios del modelo vigente en la ex URSS. Apostaban a doblegar al enemigo por medio de sucesivos éxitos económicos y logros geopolíticos, olvidando que no se puede vencer al capitalismo en su propio terreno de concurrencia.
Especialmente las economías periféricas -o menos industrializadas- nunca podrán triunfar en una concurrencia con potencias imperialistas, que desde hace siglos controlan el mercado mundial. El éxito socialista requiere una secuencia continuada de procesos que socaven al capitalismo global. Edificar el socialismo en un solo país (o un solo bloque) es una ilusión, que reiteradamente condujo a subordinar las posibilidades de transformación revolucionaria a una rivalidad diplomática entre dos bloques de naciones.
La presentación de la globalización como una etapa que bloquea la gestación de otros modelos es tributaria de la visión neoliberal, que proclamó la inexistencia de alternativas al curso derechista. Pero si se acepta esta premisa se debe desechar también cualquier esquema de capitalismo regulado o keyenesiano. Es incongruente afirmar que el totalitarismo de la globalización ha sepultado al proyecto anticapitalista, pero tolera modalidades intervencionistas de acumulación. Si se ha cerrado la primera opción, tampoco quedan resquicios para los ensayos neo-desarrollistas.
Pero como en realidad la globalización no es el fin de la historia, todas las alternativas permanecen abiertas. Solo comenzó nuevo período de acumulación, sostenido en la recomposición de la tasa de ganancia, que solventan los oprimidos de todos los países. Este soporte regresivo actualiza la necesidad del socialismo, como única respuesta popular a la nueva etapa. Solo esta salida permitiría remediar los desajustes creados por la expansión global del capital en el marco actual de especulación financiera y polarización imperialista.
Muchos teóricos reconocen la viabilidad mundial de la opción socialista, pero cuestionan su factibilidad en los pequeños países latinoamericanos. Estiman que este inicio debería ser pospuesto -por ejemplo en Bolivia- unos 30 o 50 años, para permitir la formación previa de un "capitalismo andino-amazónico". (5) ¿Pero por qué 30 años y no 10 o 150? En el pasado, estas temporalidades estaban asociadas con cálculos de surgimiento de las burguesías nacionales encargadas de cumplimentar la etapa pre-socialista. Pero en la actualidad, es evidente que los impedimentos para gestar un esquema capitalista competitivo en países como Bolivia son por lo menos tan grandes, como los obstáculos para iniciar transformaciones socialistas. Basta imaginar las concesiones que demandarían las grandes corporaciones extranjeras para participar en este proyecto y los conflictos que generarían estos compromisos con las mayorías populares.
La dificultad es aún mayor si se concibe al "capitalismo andino-amazónico" como un modelo compatible con la reconstrucción de las comunidades indígenas. (6) En cualquier esquema motorizado por la competencia mercantil perdurarían los atropellos contra estas colectividades. El paso al socialismo en países tan periféricos como Bolivia es complejo, pero posible y conveniente. Requiere promover una transición con programas y alianzas afines en otros países de América Latina.
Notas:
1) Katz Claudio. "Socialismo o Neo-desarrollismo".www.lahaine.org, 1-12-06. www.rebelion.org, 1-12-06
2) El 1% de la población controla actualmente el 40% de las riquezas del planeta. Aizpeolea Horacio. "Como se reparte la torta". La Nación, 15-9-06.
3) Un ejemplo extremo de esta concepción -que asume el catastrofismo como una cualidad- presenta: Rieznik Pablo. "En defensa del catastrofismo". En defensa del marxismo n 34, Buenos Aires, 19-10-06. Hemos polemizado reiteradamente con los fundamentos teóricos de esta concepción, en los artículos citados en la bibliografía.
4) Harnecker describe cómo este debate surgió en la izquierda a principio de los años 90. Harnecker Marta. La izquierda en el umbral del siglo XXI. Editorial Siglo Veintiuno, Madrid, 2000, (segunda parte).
5) García Linera Alvaro. "Somos partidarios de un modelo socialista con un capitalismo boliviano". Clarín, 23-12-05.García Linera Alvaro. "El capitalismo andino-amazónico". Enfoques Críticos, n 2 abril- mayo 2006.
6) García Linera Alvaro. "El evismo: lo nacional-popular en acción". OSAL n 19, enero-abril 2006. García Linera, Alvaro. "Tres temas de reflexión". Argenpress, 4-11-06.
* Claudio Katz es economista, profesor de la UBA, investigador del CONICET. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).




















