
Contra la privatización de los servicios públicos (Sanidad, Educación, Servicios Sociales, Agua, Televisión, Correos, Polideportivos, etc …)
Día 3 de diciembre, a las 18 horas. Desde la Plaza de la Villa a Sol
Declaración de Espacio Alternativo
La manifestación celebrada el sábado 10 de marzo por el PP, utilizando como pretexto la prisión atenuada concedida a Iñaki de Juana, ha sido una demostración de fuerza de una derecha en plena tensión movilizadora que sigue apostando por la derrota total no sólo de ETA y la izquierda abertzale sino del nacionalismo vasco en general. Una clara prueba de esto último ha sido la reafirmación en esa jornada de un nacionalismo español excluyente y beligerante, pese a que en esta ocasión ha tenido que pedir discreción en la exhibición de su simbología a esa extrema derecha que sigue creciendo a su sombra. Es por esa vía por la que parece que el PP esperar recuperar el gobierno en las próximas elecciones generales.
Pero en los avances de esa derecha tiene mucho que ver la actuación de un gobierno que, pese a haber expresado en el pasado su voluntad de abrir un proceso de paz, no ha dejado de hacer concesiones a las presiones procedentes de esa misma derecha y de los medios que la apoyan. Un triste ejemplo de ello ha sido precisamente su comportamiento con Iñaki de Juana, ya que en este caso fue el anterior ministro de Justicia quien modificando la legislación vigente favoreció una condena a ese preso de 13 años por un mero delito de opinión que finalmente fue reducida a 3 años por el Tribunal Supremo. Fue esa vulneración a las reglas básicas de un tan proclamado como cuestionado Estado de derecho la que luego ha ido dando alas a la intoxicación mediática ante la legítima huelga de hambre de Iñaki de Juana frente a esa condena injusta. La medida extrema adoptada ahora para evitar su muerte se habría hecho innecesaria si no se hubiera cometido entonces aquel grave error. Lo mismo se puede sostener respecto a una Ley de Partidos, consensuada por los dos grandes partidos bajo la etapa de Aznar, que sin embargo el gobierno de Zapatero no se atrevió a derogar y que hoy se pretende convertir en obstáculo insuperable para que la izquierda abertzale pueda presentarse a las próximas elecciones.
Ha sido esa distancia entre la retórica dialogante y su ausencia de concreción en medidas prácticas la que ha presidido el período de “alto el fuego permanente”, roto trágicamente por ETA el pasado 30 de diciembre en Barajas; hasta el punto que ahora el gobierno sigue jactándose de no haber hecho nada durante todo este tiempo en comparación con lo que hicieron los gobiernos de Aznar en relación con los presos de ETA.
Pero, además, el gobierno ha renunciado en todo este período a movilizar a las gentes partidarias del proceso de paz para contrarrestar la ofensiva de la derecha. Tampoco las fuerzas políticas a su izquierda han estado a la altura de ese desafío, limitándose a ser meros apoyos parlamentarios y escasamente críticos de su parálisis creciente. Sólo desde diversas plataformas y redes ciudadanas han surgido iniciativas que, más allá de Euskadi (en donde este sábado 10 ha habido otra manifestación masiva en protesta contra otra aberración jurídica, la del macro-sumario 18/98), no han encontrado todavía un amplio eco ciudadano. Urge, por tanto, la removilización social desde la izquierda con el fin de impedir que en este nuevo pulso la derecha consiga del gobierno y de su partido nuevas renuncias no sólo respecto al conflicto vasco sino también en proyectos de ley como el de la “memoria histórica”. Porque lo que está en juego no es el resultado de las próximas elecciones sino el futuro de una democracia y unas libertades y derechos básicos cada vez más amenazados y recortados.
Espacio Alternativo, 12 de marzo 2007
















