
Contra la privatización de los servicios públicos (Sanidad, Educación, Servicios Sociales, Agua, Televisión, Correos, Polideportivos, etc …)
Día 3 de diciembre, a las 18 horas. Desde la Plaza de la Villa a Sol
Declaración de Espacio Alternativo
Cuando estamos ya en el cuarto aniversario del comienzo de una guerra que provocó el rechazo de una amplia mayoría de la población mundial, el balance de la agresión y posterior ocupación estadounidense no puede ser más trágico para el pueblo iraquí y más desastroso para los designios imperialistas. Trágico porque el número de muertes provocadas no ha hecho más que multiplicarse en estos años entre la población civil e incluso, aunque mucho menos, entre las propias fuerzas militares ocupantes. Desastroso porque si lo que pretendían Bush y sus asesores neoconservadores era generar un presunto "caos constructivo" que hiciera indispensable su presencia en el país, la fuerza de la resistencia popular es tan poderosa que no le permite siquiera la estabilidad necesaria para la extracción y transporte de petróleo en beneficio de las mul- tinacionales y está generando, a la vez, un creciente rechazo dentro de la sociedad estadounidense a enviar nuevas tropas y a elevar aún más el ya enorme gasto militar en detrimento de los todavía más reducidos gastos sociales.
Pero no es sólo en Iraq donde podemos comprobar el fiasco de la estrategia estadounidense. También en Afganistán estamos viendo la incapacidad de las fuerzas de la OTAN para frenar la nueva ofensiva de una resistencia popular cada vez más plural y para garantizar una mínima estabilidad del régimen títere allí establecido. La Cumbre de esta organización militar en Sevilla, celebrada a comienzos de febrero, ha demostrado además las reticencias de una parte de algunos gobiernos europeos a enviar nuevas tropas a ese país, temerosos de implicarse más en una guerra sin fin que acarree nuevas muertes en sus filas y provoque críticas en el interior de sus países.
Sin embargo, esas reticencias no pueden llevarnos a engaño sobre la complicidad que está mostrando la Unión Europea con la guerra global permanente de Bush y su corolario, la creciente vulneración de derechos y libertades fundamentales. Porque tanto con la participación de las policías europeas en el interrogatorio a presos de Guantánamo como con la autorización de los vuelos de la CIA para el secuestro de personas residentes en territorio europeo se ha demostrado el servilismo que están practicando los gobiernos de la UE hacia el proyecto de desmantelamiento del estado de derecho que se desprende del "todo vale" en la lucha contra ese "terror" que el fundamentalismo estadounidense no hace más que fomentar. En el caso español esas prácticas se han podido dar con mayor intensidad en el período de gobierno de Aznar pero también ahora prosiguen con Zapatero, siendo último ejemplo de ello el reciente acuerdo "secreto" para que los espías estadounidenses puedan moverse a sus anchas dentro y fuera de sus bases militares. Como también hemos observando en Italia con la decisión de Prodi de aceptar la ampliación de una base militar estadounidense y la disposición a enviar más tropas a Afganistán, existen pocas diferencias entre unos y otros gobiernos cuando se trata de ayudar al "amigo americano" por mucho que retóricamente se critiquen sus "excesos", como ha hecho recientemente el Parlamento Europeo en un informe que no tiene ningún carácter vinculante.
Pero, pese a los reveses sufridos por la estrategia de Bush y su principal aliado, Blair, en Iraq y Afganistán, sus intereses geoeconómicos -el control de recursos energéticos básicos para el "modelo" capitalista occidental como el petróleo y el gas natural- en esa extensa región que va del Golfo Pérsico al Mar Caspio son demasiado poderosos para volverse atrás y presagian una nueva huida hacia delante mediante las actuales amenazas a Irán e incluso a Siria. Ni siquiera la amarga lección sufrida por el ejército israelí tras el fracaso de su ofensiva contra Hezbolá el pasado otoño o informes como el presentado por James Baker -que reconoce que la "victoria" ya es imposible en esa región- parecen poder frenar la opción neoconservadora por crear nuevos frentes de guerra dentro de su aspiración a seguir apareciendo como la única superpotencia capaz de poner "orden" en la zona más inestable y, a la vez, geoestratégicamente más importante del planeta.
La actual crisis energética y, sobre todo, el fin del petróleo barato contribuyen, además, a acentuar la competencia entre viejas y nuevas potencias imperialistas y, en particular, están favoreciendo el renacimiento de Rusia como superpotencia regional gracias a su control de fuentes y reservas de petróleo, gas natural, carbón y uranio. Esto permite, además, a Putin hacer poco caso a las tímidas críticas europeas por sus crímenes en Chechenia o por sus violaciones de derechos humanos en general, ya que se puede permitir amenazar incluso a los gobiernos de la UE con la suspensión del aprovisionamiento energético o recordarles su pasividad ante prácticas como las de Bush en Guantánamo.
Si a todo esto sumamos la utilización interesada de las tesis confirmadas ahora científicamente sobre el cambio climático para forzar, bajo la presión de los "lobbies" correspondientes, un retorno a la instalación de centrales nucleares, no es difícil compartir la conclusión de analistas relevantes, según los cuales la tendencia dominante en los próximos años va a ser la militarización de la lucha global por las siempre menguantes fuentes de energía, entendiendo por "militarización" no sólo su vertiente estricta de guerra sino también la interna, basada en un mayor control social y policial de las poblaciones.
Ante este sombrío panorama, urge reactivar el movimiento contra la guerra que hace cuatro años emergió como "nueva superpotencia global", con mayor razón cuando los riesgos de escalada en la "guerra global contra el terror" son cada vez más reales no sólo en Oriente Medio y otras zonas -Somalia, Nigeria...- sino también en nuestros propios países mediante el recorte creciente de libertades políticas y derechos sociales fundamentales. La solidaridad con los pueblos iraquí, palestino, libanés y afgano en su lucha por la expulsión de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN y por su soberanía y autodetermina- ción ha de ir unida, por tanto, a la denuncia dentro de la UE de unos gobiernos que no dejan de aumen- tar sus gastos militares y de implicarse en una estrategia de "guerra global" cuya cara interna es la inten- sificación de las políticas neoliberales, la obstinación -pese a la retórica sobre el cambio climático- en aferrarse a un "modelo energético" ecocida y el fomento del miedo entre las poblaciones frente al "otro". Un "otro/a" generalmente representado por esos trabajadores inmigrantes que, sometidos a todo tipo de filtros y malos tratos cuando intentan atravesar los muros físicos, sociales y culturales de "Occidente", no hacen más que recordarnos cotidiana y trágicamente la incompatibilidad del capitalismo con el derecho a una vida digna de la mayoría de la humanidad y del planeta entero.
En nuestro caso no tiene sentido limitarse a recordar hoy la retirada de las tropas españolas de Iraq por parte del gobierno de Zapatero como un éxito del amplio movimiento contra la guerra que se desarrolló en nuestro país frente a las mentiras del gobierno de Aznar y del PP y que tuvieron su máxima expresión en la manipulación tan deleznable que hicieron de la matanza del 11-M. Porque, por desgracia, aquella vic- toria parcial se ha visto luego cada vez más empañada no sólo por la legitimación de la ocupación estadounidense de Iraq en el marco de la ONU sino también por una mayor implicación dentro de la OTAN en la ocupación militar de Afganistán, por un aumento de los gastos militares y del comercio de armas con regímenes represores y por la asunción de la función de gendarme de la Europa-fortaleza en la frontera Sur más injusta del planeta; al mismo tiempo que las "buenas relaciones" con el régimen marroquí están llevando a dejar de lado la defensa del legítimo derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Como tampoco es un signo de voluntad pacifista la presencia española entre las fuerzas multinacionales presentes en Líbano, ya que se hace en aplicación de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que exculpa al Estado de Israel de los daños causados al pueblo libanés en la guerra de los 33 días y pretende negar la legitimidad de su resistencia armada mientras persista la amenaza de un régimen sionista que, no hay que olvidarlo, continúa practicando un genocidio cotidiano contra el pueblo palestino ante la mirada cómplice de la mal llamada "comunidad internacional".
Por todas esas razones seguiremos exigiendo:
FUERA LAS TROPAS DE OCUPACIÓN DE IRAQ, AFGANISTÁN Y LÍBANO
POR EL LEGITIMO DERECHO A LA AUTODETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS PALESTINO Y SAHARAUI
GASTOS MILITARES PARA GASTOS SOCIALES
OTAN NO, BASES FUERA
¡RETIRADA INMEDIATA DE LAS TROPAS ESPAÑOLAS DE AFGANISTÁN Y LÍBANO!
* Hoja repartida durante la manifestación del 17 de marzo contra la
ocupación de Iraq, Líbano y Afganistán. Disponible en formato PDF, 123 KB.
















