Prodi bis, un gobierno impermeable a los conflictos
política | Italia

Carlos Sevilla Alonso  

La reciente crisis de gobierno, desatada por su orientación en materia de política exterior, se ha resuelto con una reedición, esta vez como farsa, del gobierno Prodi bis. Una hábil maniobra “neocentrista”, con la incorporación  de sectores del centro-derecha a la nueva mayoría parlamentaria en el Senado, ha permitido clarificar, a nivel general, la orientación social-liberal y militarista emprendida en la primera fase del gobierno y expresada principalmente a través del envío de tropas al Líbano, su mantenimiento en Afganistán, y la impronta antisocial –ticket sanitario, aumento de los gastos militares, recortes en educación-  de la ley de presupuestos generales para el 2007.  La agenda para esta “fase dos”, recogida en los llamados “doce puntos de Prodi”, constituye la base programática que ha permitido compactar la nueva mayoría, revelar el contenido real del programa de la Unione y blindar al gobierno frente a las movilizaciones sociales que han ido desarrollándose en los últimos meses.

Estos doce puntos muestran la subalternidad a la política exterior norteamericana  en el frente de la guerra “interna”, con la construcción de la nueva base americana en Vicenza, y en el de la guerra “externa”, con el mantenimiento de las tropas en Afganistán en un contexto en que se anuncia para primavera una nueva masacre neocolonial contra la resistencia neotalibana. Otros puntos importantes de la agenda del gobierno serán: la contrarreforma de las pensiones con el alzamiento de la edad pensionable, la apuesta por la “modernización” de las infraestructuras con la construcción del Tren de Alta Velocidad (TAV) Lyon-Turín y las regasificadoras en distintos puntos de Italia; y, por último, la aprobación de una versión descafeinada de ley de parejas de hecho (PACS). Estas cuestiones -No a la base de Vicenza, No a la TAV y a las regasificadoras- habían visto surgir grandes movilizaciones masivas a nivel local que culminaron con la movilización nacional del 17 de Febrero pasado en Vicenza con 200.000 manifestantes y que ha trazado la “línea divisoria” entre el “pueblo de izquierdas” y un ejecutivo que ha decidido “autonomizarse” de los conflictos sociales. 

En este cuadro político, las principales formaciones de la izquierda comienzan a elaborar sus hipótesis estratégicas de construcción de nuevos sujetos políticos. Las dos fuerzas principales que hegemonizan el gobierno, el social-liberal Partido de los Demócratas de Izquierda (PDS, exPCI) y los democristianos de la Margarita, buscan su fusión en un Partido Democrático al estilo americano, para garantizar la “gobernabilidad” bipolar del país con una agenda neoliberal y asegurar el futuro post-Prodi. Ante este movimiento al “centro” de la izquierda social-liberal y la previsible apertura de un espacio político, Rifondazione Comunista (PRC), subalterna al gobierno en todas las cuestiones fundamentales – apoyo a los presupuestos generales, a la guerra en Afganistán, a la base de Vicenza y a la “modernización” de infraestructuras- está diseñando una “izquierda de gobierno” para ampliar su campo político. El proyecto político del grupo dirigente del PRC es una “refundación socialista”-cuya forma oscila entre la Sinistra Europea y el modelo de Izquierda Unida en el Estado español- que estaría compuesto por el PRC, los Verdes y los sectores procedentes del viejo Partido Comunista Italiano (PCI), especialmente la izquierda del PDS y  el cossuttiano Partido de los Comunistas italianos (PdCI). El “partido de lucha y de gobierno” teorizado por Fausto Bertinotti  - exsecretario general del PRC y hoy presidente de la cámara de los diputados – asiste al fin de su ciclo político. Ante la relación de fuerzas desfavorable en el terreno de lo social, ha desplazado definitivamente su campo de gravitación, del terreno de construcción del conflicto social a la “sala de máquinas” parlamentaria. El instrumento privilegiado que desencadenará la mecánica política de estos desplazamientos, constituidos por el movimiento hacia el “centro” del Partido Democrático y por la “refundación socialista” propuesta por el PRC, será previsiblemente la aprobación de una nueva ley electoral. 

Sinistra Critica, ante la expulsión del PRC de su senador Franco Turigliatto por oponerse a la política exterior de Prodi (Afganistán y Vicenza), ha tenido que constituir un grupo propio en el Senado, que dará resonancia parlamentaria a las luchas sociales contra las que este gobierno, de mayoría parlamentaria pero de minoría social,  pretende blindarse: contra la guerra en Afganistán y por la retirada de las tropas de todos los teatros de guerra, en defensa de las “comunidades locales” contra los proyectos de las grandes infraestructuras civiles (TAV, regasificadoras) y militares (Vicenza), por la defensa de las pensiones y la aprobación de una ley de uniones civiles.  

Esta propuesta pasa por la construcción de espacios unitarios de oposición social –intentando revitalizar la experiencia del movimiento de los foros sociales- y por la articulación de una izquierda anticapitalista que dé una salida política alternativa  a la participación de la izquierda en los gobiernos de hegemonía social-liberal. Esperemos que se trate de un partido de lucha y no de gobierno, útil para las resistencias que se avecinan.