Lluís Rabel / Revolta Global
Los resultados de la primera vuelta de las elecciones francesas nos han deparado un duelo entre el candidato de la derecha dura neoliberal, Nicolas Sarkozy, y la representante del PS, Ségolène Royal. Pero estos comicios tienen muchos otros aspectos destacados.
La fuerta partiticipación -un 85%, la más alta de toda la historia de la V República- ha propiciado el retorno a este enfrentamiento clásico. ¡Qué injustos han sido los reproches que ha tenido que soportar durante estos años la izquierda revolucionaria, casi responsabilizada de la eliminación del candidato socialista Lionel Jospin en la primera vuelta de las pasadas elecciones presidenciales del 2002, en las que el PS se vió superado por Le Pen! En realidad, la extrema derecha -que esta vez baja ostensiblemente hasta un 11 % - no obtuvo entonces más votos que en anteriores contiendas: sólo la división de las candidaturas socialistas y la desmotivación inducida por el gobierno de la "'izquierda plural" explican aquel trance.
Esta vez, la movilización popular contra el peligro que representa Sarkozy -una movilización que ya hacía prever la masiva inscripcción de la juventud de los barrios periféricos en el censo electoral- ha modificados los parámetros de la situación. Si Sarkozy ha hecho a menudo campaña sobre los temas de la extrema derecha, agitando una vez más los fantasmas de la inseguridad y la inmigración, Royal no ha ido a ganar las elecciones desde la izquierda, sino que se ha vestido con la bandera nacional y ha adoptado un programa social adaptado a las exigencias de la globalización. Hasta el punto de conseguir que un candidato de la derecha liberal como es Bayrou haya podido ir a cazar votos en tierras socialistas, haciendo olvidar que había votado y promovido las leyes antisociales de los anteriores gobiernos en lo que respecta a la educación, las pensiones o los derechos laborales. No es en vano que algunos destacados social-liberales, como el antiguo primer ministro Michel Rocard, subrallaban estos días que "no hay diferencias notables" entre los objetivos del PS y los centristas: no en vano unos y otros se encontraron ahora hace dos años dando apoyo al Tratado constitucional europeo.
Los resultados de Royal -y en parte también los de Bayrou- traducen la presión enorme que ha habido a favor del "voto útil" contra Sarkozy. Esta presión, combinada con el poso de frustración engendrada por el fracaso de una candidatura unitaria de la izquierda antiliberal, confiere un mérito añadido al excelente resultado obtenido por nuestro compañero Besancenot, candidato de la Liga Comunista Revolucionaria: 1.800.000 votos - 600.000 más que l'año 2002 -, justo es decir un 4'5 % de los sufragios. [Nota del traductor: con todos los recuentos, han sido finalmente 1.5000.000 los votos para la candidatura de la LCR].
Besancenot encabeza así la lista de candidatos de la izquierda radical: obtiene más del doble de los votos que el PCF, que en numerosos departamentos cae por debajo del 2%; deja bastante atrás a Lutte Ouvrière, con alrededor del 1,5%, y al altermundialista José Bové, que tampoco consigue el 2%. Por no hablar de Gérard Schivardi, del Partido de los Trabajadores, que no llega ni al 0,5% y reúne a duras penas 140.000 votos.
La LCR realizó una espléndida campaña, centrada en las medidas de urgencia social y democrática y de ruptura con el modelo liberal, acercándose en sus mítines multitudinarios a miles de trabajadores y trabajadoras y de jóvenes. El reforzamiento obtenido refuerza la lucha anticapitalista, unitaria e independiente del socialliberalismo que ha conducido la Liga. La LCR se enfrentó dialécticamente con la dirección del PCF planteando que, la unidad de la izquierda que había dicho "no" a la Constitución europea de Giscard, exigía ser ser claros sobre este punto: no es posible un acuerdo de gobierno con el PS del "sí". El ejemplo de Italia demuestra, con "Rifundazione Comunista" votando los créditos de guerra para la expediación en Afganistán y los presupuestos de austeridad, cuál es la lógica implacable de la participación en un gobierno vinculado al orden neoliberal, como el de Rumano Prodi. Los electores y electoras han sancionado de alguna manera este debate. Como han sancionado también el sectarismo de otras candidaturas. Consecuentemente con toda su campaña, Olivier Besancenot ha llamado a todos a batir a la derecha en la segunda vuelta electoral y a juntar las fuerzas de la izquierda radical de cara a las decisivas batallas que habrá que librar mediante la movilización social: "Sea cual sea la presidencia que surja de las urnas el 6 de mayo, habrá que seguir oponiéndose a las políticas neoliberales. (...) Esto tanto si, desgraciadamente, Sarkozy sale elegido, como si gana Ségolène Royal, que debería tener una oposición a su izquierda y no sólo a su derecha.