Cuando la invisibilidad y el aislamiento son formas de gobierno,
darnos un nombre, decir quienes somos, es subversivo. Mucho más si
además decimos que somos algo en común.
Necesitamos salir a la calle el 1º de Mayo por eso, porque
somos tod@s explotados, porque tod@s contamos en nuestros planes con la
incertidumbre, el miedo a la carencia, la incomunicación, la violencia
estructural del mando capitalista. Pero necesitamos salir de otra
forma, de acuerdo a lo que somos y no a lo que fuimos. Necesitamos
dotarnos de un 1º de Mayo no para los empleos de ayer sino para las
precariedades de hoy. Algun@s no sabemos bien en qué trabajamos ni
mucho menos en qué lo haremos mañana, otr@s no queremos hacerlo, al
menos no en estas condiciones; otr@s producimos sin saberlo, regateando
la violencia empresarial sobre los espacios comunes y las capacidades
públicas.
Tenemos que abrir el 1º de Mayo para las víctimas de la
precariedad en Madrid, para quienes no pueden sindicarse o no sabrían
dónde, para quienes pisan flexibilidad, para las que tienen los afectos
y los cuidados colonizados, para las víctimas de las deslocalizaciones,
de los ataques a los servicios públicos, para l@s migrantes
hiperexplotados bajo el látigo de la “ilegalidad”, para l@s excluídos y
l@s que trabajan en la cuerda floja y a la sombra; también con la
solidaridad puesta en los vigorosos ejemplos de resistencias obreras en
Telemadrid, en Mercadona, en Telefónica (Atento), en SEAT o en DELPHI,
de quienes nos recuerdan que los ricos y poderosos no regalan nada:
sólo la lucha sirve.
Lo que compartimos es que el total de nuestras vidas se han
vuelto espacios de negocio, y por eso el total de nuestras vidas, de
los territorios que habitamos, están sometidos a la tensión entre
cooperación y mando, entre la violencia bárbara del capital y nuestras
capacidades de autonomía, de colaboración y de producción de vida. Así
como el capital pretende invadir hasta el último rincón de nuestra
existencia y capturar las múltiples fuentes de comunicación y
cooperación que alumbramos en nuestro existir, así la lucha de clases
se extiende a campos inéditos y tensiona nuevos espacios sociales. Las
luchas laborales contra la precariedad se libran atravesando la ciudad:
en el conflicto por la vivienda y contra la conversión de ésta por la
coalición de políticos, banqueros y especuladores en una fuente de
acumulación de capital en la que nos obligan a participar para tener un
sitio donde vivir; en la resistencia de los estudiantes frente a la
pretensión de la UE y los estados de convertir las Universidades en
fábricas de precariedad o escuelas de élites, sometiendo la producción
de conocimiento a criterios mercantiles; en la reemergencia de las
redes de colectivos que rompen el silencio de la exclusión con la
desobediencia y la acción directa, las respuestas antifascistas a las
bandas neonazis y al gobierno fascista del territorio urbano, el
aumento de prácticas de okupación de viviendas y centros sociales, de
autoorganización en los barrios.
El 1º de Mayo es una hermosa fecha, herencia de las luchas de
quienes fueron nosotr@s en el pasado, en la que articular esas luchas y
romper la fragmentación a la que nos condena el sistema capitalista. Un
día para decir que no somos reducibles a la homogeneidad del capital,
pero que nuestra multiplicidad no será renuncia y dispersión, sino
hormigueo de resistencias: nuestro destino pasa por nuestra capacidad
de caminar junt@s, de trenzar manos y mentes hacia la superación de
unas condiciones de vida asfixiantes y en declive, y de un sistema
injusto e insostenible, que cambia los beneficios de cada vez menos por
el sufrimiento, la explotación y la violencia de cada vez más.
La esperanza no está en otro lugar que en nosotr@s, no está en
instancias superiores o exteriores, ni en fuerzas que recuperar, sino
en la posibilidad de poner a trabajar nuestras capacidades creativas
por encima y contra un poder capitalista crecientemente terrorista por
saberse inestable, parasitario, cada vez más innecesario.
La esperanza ya se anuncia en cada lucha y se llama insubordinación, solidaridad y conciencia colectiva.
El 1º de Mayo tiene que volver a ser nuestro: anticapitalista,
desobediente, antipatriarcal, construido en la calle y desde los
movimientos, rebelde y solidario. A medida de lo que somos hoy y del
mañana que ya portamos.
http://maydaymadrid.org/