Del payaso de McDonalds a la construcción de un nuevo sindicalismo de clase

Jesús Rodríguez (Espacio Revolucionario Andaluz)

El comienzo de un debate

Aprovechando algunos eventos, como la victoria sindical de CCOO en McDonald´s en Granada (en la que han participado militantes de ERA-Espacio Alternativo) y el Primero de Mayo, creemos necesarios abrir algunos debates en torno a la cuestión sindical. Algo que seguramente debe ser el eje de tensión política del EA en el futuro y que despierta la inquietud, en el sentido positivo, de aquellos compañer@s del movimiento que trabajan con nosotros.

Desde luego, para l@s revolucionari@s, el marco sindical se convierte en un eje central, estratégico, del trabajo político. Es en el centro de trabajo y de la lucha más inmediata por las condiciones laborales y materiales donde se adquiere una conciencia de clase primaria, elemental. Es allí donde se pueden dar los primeros pasos autoorganizativos, y también es el marco donde la clase como tal puede desplegar su potencial de cambio, teniendo una expresión muy importante a través de la huelga. Es en el conflicto sindical donde la clase puede aumentar su conciencia, su solidaridad interna, su cohesión y politizarse, de manera muy decisiva.

El desolador panorama sindical actual no parece ser el mejor contexto para buscar certezas; pero, desde luego, nuestra orientación es la indagar y reflexionar sobre algunas cuestiones claves que nos permitan abrir camino y extender una experiencia sindical para recomponer la organización de los trabajadores. La construcción de una nueva subjetividad, de un nuevo sujeto político, no puede darse al margen de la batalla en los centros de trabajo.

De la invisibilidad a la lucha de clases

Las sucesivas derrotas de la clase han supuesto una modificación sustancial de la izquierda y la aparición de diversas corrientes que de una u otra forma han dejado de lado a los trabajadores y han apostado por definir nuevos sujetos. Así la izquierda socialiberal buscó el término de clase media como sustituto de la clase obrera, término que le permitía gestionar mejor su orientación derechista.

Otros sectores, abrazando la posmodernidad, han buscado nuevos sustitutos de la clase como sujeto histórico. El más llamativo, confuso, hueco y deficiente fue el concepto de Multitud de Toni Negri. Resulta curioso que algunos escritos de esta corriente, que puede delimitarse en el campo de la izquierda radical, utilice argumentos muy parecidos a los teóricos del neoliberalismo contra los trabajadores que aún conservan derechos adquiridos y heredados de la historia del movimiento obrero acusándolos a ellos de la precariedad de los jóvenes.

Aquí el debate además está servido contra quienes quieren construir un “biosindicalismo” a base de eventos, huyendo del día a día, que es lo que establece la solidaridad y la confianza de los trabajadores en los proyectos. Y aquí insistimos, en caso de conflicto los trabajadores confían en quienes durante años han mantenido su apoyo diario y no asumen “aventuras” rápidamente. Un ejemplo es el caso dramático de Delphi, con una dirección por parte del comité de empresa poco democrática y con objetivos poco ambiciosos, pero que no deja de tener el apoyo de prácticamente toda la plantilla frente a una CGT más coherente pero que no ha acumulado nada en el día a día durante los años anteriores.

Es por todo ello que nos parece un éxito considerable los saltos organizativos dados en Barcelona, con la Asamblea de Trabajadores en conflicto (Bocatta, Mercadona,...) que marcará una orientación clasista y combativa en el Primero de Mayo con la manifestación por la tarde; y la apuesta del May Day de Madrid, cuyo lema “De la invisibilidad a la lucha de clases”, marca el retorno al debate estratégico sobre el sujeto de cambio, proponiendo el marco de la lucha de clases como central, y con la presencia de diferentes opciones sindicales (CCOO juventud, CNT, SO,...). Ambos eventos señalan a un sector juvenil la necesidad de encontrar los marcos organizativos diarios, a través de los que luchar por mejorar las condiciones laborales y hacer una apuesta organizativa de fondo. Todo un salto político.

Una nueva generación militante, una nueva vanguardia sindical

La aparición de una nueva generación de sindicalistas que de respuesta a las cuestiones laborales y al mismo tiempo permita politizar a un sector de la clase trabajadora tiene que darse en un contexto de victorias. Casi todas las luchas sindicales actuales son defensivas (incluso aunque sean potentes como la de Panrico dirigida por CCOO) y en la mayoría de los casos el denominador común es la lucha por intentar que se pierdan el menor número de puestos de trabajo posibles como en SEAT en Cataluña, aunque ésta última supone un salto cualitativo al acordar despidos y no bajas voluntarias. En este contexto las experiencias acumuladas se marchan con los prejubilados o parados y sobretodo con la desconfianza en los resultados de la organización y la lucha.

Así creemos vital pasar a luchas ofensivas, que desemboquen en alguna victoria sindical. Incluso pequeñas victorias, cuando las entienden así los trabajadores, conduce a la moralización, la confianza y las experiencias se acumulan por compañeros que tienen una continuidad en las organizaciones con las que ha luchado. Aquí de nuevo la continuidad hasta la próxima lucha la constituyen las organizaciones sindicales. Pero tenemos dos escollos que salvar:

El primero es la escasa fuerza sindical unida a la excesiva fragmentación sindical, que confunde y resta fuerza a los trabajadores.

El segundo conseguir un sindicalismo que haga frente al binomio concertación-burocracia. Los procesos tienen que ser lo suficientemente democráticos como para que los trabajadores pueden participar de los mismos, aumentando el nivel de debate, de confrontación y por tanto de conciencia. Pero es que la burocracia necesita de una escasa participación para mantenerse y para ello se ha servido de la concertación; es decir, el pacto sin movilización, pues es en la lucha donde los trabajadores piden participar y exigen cuentas a sus dirigentes. La burocracia se ha afianzado en este ciclo sin movilizaciones a través del llamado “diálogo social”, escudándose en la dificultad real de organizarse en los nuevos marcos laborales y organizativos de las empresas. De hecho los sindicatos mayoritarios no han tomado ningún tipo de ofensiva desde la huelga general del 20-J.


La corriente de la izquierda sindical

Ya en la praxis se plantea el dilema de llevar eso al terreno sindical mediante una opción concreta. Todos estamos de acuerdo con el sindicalismo del futuro que queremos construir, un sindicalismo unitario y de masas (donde esté el grueso de los trabajadores); democrático y de lucha. Un sindicato donde pueden converger en su seno todas las expresiones del movimiento obrero, pero que sea un instrumento real y eficaz en la lucha de los derechos de los trabajadores.

Pero hay una relación dialéctica entre lo nuevo y lo viejo. Tenemos que partir de donde estamos y construir las palancas que nos lleven a ese sindicalismo de clase deseable. Un sindicalismo combativo no aparecerá de la nada, sin más, sin tener en cuenta donde y de qué forma están encuadrados actualmente los trabajadores.

Hay que reconocer que el grueso de la vanguardia sindical y de los trabajadores sindicados sigue encontrándose en CCOO. Dejar de lado el trabajo en el seno de CCOO es abandonar el trabajo sindical con la mayoría de la clase. Pero en su seno la burocracia ha cristalizado desde hace mucho tiempo. Es más fácil ganar procesos estando en CCOO pero hay que enseñar a la gente a pelear contra la burocracia sin romper a la primera de cambio. Este debería ser el trabajo prioritario: trabajar con los trabajadores allí donde están encuadrados, acompañar sus procesos de radicalización. Pero esto no es posible sin tejer una corriente de izquierdas en el seno de CCOO que luche por un sindicalismo combativo y democrático en su seno. Aquí el problema aparece de nuevo en la generación de un relevo sindical juvenil nacida de victorias, porque el actual enfrentamiento entre Críticos y oficialistas en CCOO, aún debiéndose participar en ese proceso (posiciones más coherentes de los críticos en temas generales como pensiones, reformas laborales, etc) no son entendidos entre los propios trabajadores y afiliados. Y hay que añadir que una parte importante de los críticos no tienen una práctica sindical muy distinta a la de los oficialistas. Una nueva generación puede romper las dinámicas actuales.


A la izquierda de CCOO nos encontramos con numerosas organizaciones sindicales de ámbito estatal (sin contar las especificidades de Cataluña, Euskadi y Galicia) pero ninguna de ellas ha avanzado, incluso han retrocedido en muchos casos, en la construcción de una alternativa combativa a CCOO con influencia en los trabajadores. Y es que en este contexto de derrotas poco puede progresar la organización y la conciencia de la clase. En este sentido podemos destacar la consolidación del giro sectario de CGT y el fin de un ciclo que presentaba a esta opción como el intento de construir una alternativa combativa con influencia.

El resto del panorama nos deja un fraccionamiento impresionante, con un sectarismo que cortocircuita las inercias unitarias entre las diferentes realidades (SU, CoBas, SOC, CTA...).

En estos momentos se hace imprescindible que la izquierda construya el conflicto social y procesos de radicalización con los trabajadores para generar un sindicalismo combativo. Por ello un trabajo coherente debe estar dirigido hacia y en CCOO. No podemos renunciar a disputar a la burocracia la hegemonía entre los trabajadores, y preferir la marginalidad y lo cómodo. Es un combate tan difícil como necesario. Pero por otro lado no hay que menospreciar el trabajo en sectores y lugares concretos de las pequeñas organizaciones sindicales (el Telemarketing por parte de CGT, el campo por parte del SOC...), procesos en los que resulta necesaria nuestra intervención. Por ello es necesario que esa corriente sindical en CCOO, que debe crearse con los nuevos cuadros nacidos de victorias, se extienda y conecte con aquellos que trabajan en el resto de marcos de la izquierda sindical, para defender esa orientación unitaria, democrática y combativa que lleve al sindicalismo de clase del futuro. Un reto tan difícil como apasionante. Un reto de los revolucionari@s