Mariano
Gómez Sanz (miembro de Ezker Gogoa)
Estos
días se han vuelto a llenar las calles de nuestros pueblos y
barrios con carteles llenos de colorido, con flores y alegria;
carteles que nos sugieren la llegada de una nueva privamera (¿o
de una primavera nueva?) presidida por una estrella especial, una
estrella roja que nos quiere inundar de igualdad, de solidaridad, de
justicia social… Ese el mensaje que se quiere transmitir, que se
quiere dejar entrever. Un mensaje de optimismo, que también se
escenificó en el BEC en Barakaldo. Un mensaje lanzado por una
izquierda que parece que quiere dar un paso decisivo una vez más,
pero que nunca termina de darlo. Una izquierda que intenta mantener
el rumbo con toda su gente, con todo su capital político, que
intenta caminar de forma conjunta hacia un nuevo escenario político.
Una izquierda llena de contradicciones permanentes (¿quien no
las tiene? ) entre lo que dice y lo que hace, entre lo nuevo, que no
termina de nacer, y lo viejo, que no termina de morir. Una batalla,
esta, fundamental para determinar el futuro de esa nueva Euskal
Herria, porque no nos podemos permitir el lujo de un nuevo engaño,
de una nueva vuelta atrás, porque tenemos que hacer realidad
aquello de que “esta generación no va a volver a utilizar la
lucha armada, y hay que ir poniendo las bases para que ninguna otra
se vea abocada a practicarla”.
Hay
que exigir al estado, por supuesto, que dé pasos en la
dirección deseada para solucionar el conflicto, pero
independientemente de lo que el estado haga hay que decir: “se
acabó, el ciclo de la violencia política ha terminado”.
No pido un convencimiento ético o moral, me conformo con el
político. Una ruptura de la tregua nos llevaría a una
situación en la que es mejor no pensar.
El
militarismo ha hecho, hace, mucho daño a la izquierda. Alguna
de sus expresiones (legitimar la eliminación física del
adversario político) además del dolor que genera, crea
un tipo de militante alejado de los valores y tradiciones de la
izquierda. La devoción al lider (sea este una persona o una
organización), el culto a la personalidad, paraliza la
capacidad creativa al impedir el pensamiento libre y la crítica.
En el discurso de la izquierda no puede haber contradicción
entre los fines a conseguir y los medios utilizados para llegar a
ello. Al apostar por una sociedad mejor, más justa, debemos
ser capaces de ir creando espacios de esa sociedad nueva en nuestra
forma de luchar por ella, en la forma de relacionarnos entre
nosotros/as y con los demás.
La
izquierda abertzale tiene un potencial enorme, lo ha demostrado en
numerosas ocasiones. Su militancia es en sí un valor único.
Tiene que ser capaz de asumir la mayoría de edad, de dirigir
su propio destino, sin injerencias. La voluntad de su masa social, en
su conjunto, no puede ser sustituida por una vanguardia trasnochada.
El cambio social vendrá, si viene, de la mano de la disputa de
la hegemonia social a las fuerzas conservadoras, y no por el
autoconvencimiento de una vanguardia iluminada.
Somos
muchos los que necesitamos creer, queremos creer que esta vez todo va
en serio. El mensaje del BEC, los colores de la nueva primavera, nos
traen a la memoria esencias del 98, del nuevo mensaje de aquella
Euskal Herritarrok, de aquel intento de poner las bases para
construir una nueva izquierda plural para este pueblo, una izquierda
alternativa, anticapitalista, sí, y a la vez profundamente
democrática (¡qué poco duró!).
Sin
embargo nos cuesta. Sobre todo… es imposible illusionarnos como
entonces. Va a ser dificil, en un primer momento, recuperar
confianzas. Pero si somos capaces de mirar más alla de nuestro
ombligo, si valoramos por igual a aquellos que han seguido en la
izquierda abertzale oficial, como a los que han seguido mirandola,
pero refugiando su voto y simpatía en el sector soberanista de
Ezker Batua, en Aralar-Zutik, o que incluso llegó a votar
PNV-EA para parar al tanden ultranacionalista pan-español
Mayor Oreja-Redondo Terreros, tendremos una parte del camino hecho.
Pienso,
quiero pensar, que estamos en el buen camino. De momento es
obligación de to@s
volver a firmar para que la izquierda abertzale pueda tener su
presencia electoral, esperando que no vuelva a atentarse contra los
valores democráticos ilegalizando nuevamente a una parte de
este pueblo. Después se le podrá votar o no, pero
habremos contribuido a derribar uno de los muchos muros construidos
entre nosotro@s.
SEAT: ¡¡ La lucha paga!! ¡¡Nunca más acuerdos de despidos!!
Barcelona, mayo del 37, barricadas y policías