Declaración de Espacio Alternativo de Madrid
I
Las próximas elecciones municipales y autonómicas en la Comunidad de Madrid se van a desarrollar en un contexto en el que la derecha va a esforzarse por obtener unos resultados que le permitan seguir gobernando, tanto en la región como en muchos ayuntamientos, en íntima asociación con un capital financiero e inmobiliario que a lo largo de estos años no ha hecho más que aumentar escandalosamente sus beneficios a costa del derecho a una vivienda digna y del medio ambiente, de la precarización del trabajo y de la privatización creciente de servicios públicos básicos como la sanidad y la educación. Ya con ocasión del caso de los diputados tránsfugas Tamayo y Sáez pudimos comprobar el alcance de las redes de corrupción que acompañan a semejante política, las cuales desde entonces no han hecho más que seguir extendiéndose en muy distintos lugares tanto donde gobierna el PP como donde lo hace el PSOE.
Porque el hecho de que hoy sea la gestión urbanística el centro de los debates y de los "escándalos" tiene que ver con una historia que viene de lejos: de las consecuencias del proceso de desindustrialización iniciado a mediados de los años 80 en Madrid y en otras partes del Estado español; de la paralela y creciente revalorización del suelo y del negocio inmobiliario que desde entonces se inicia (con el decreto de Boyer en 1985 como estímulo para la liberalización y el alza de precios de los alquileres), modificando así progresivamente los espacios urbanos, debilitando a la clase obrera industrial y dando paso luego, a partir sobre todo de la Ley del Suelo del gobierno de Aznar en 1997, a una burbuja financiera y especulativa, generadora a su vez de un "capitalismo popular" que ha llegado a calar en amplias capas sociales imbuidas de un individualismo propietario, pese a estar cada vez más endeudadas. Todo este proceso se fue sustentando en la sobreexplotación de una fuerza de trabajo precarizada compuesta fundamentalmente de inmigrantes, mujeres y jóvenes.
Madrid ha sido una manifestación pionera de todo esta dinámica: la larguísima lista de obras faraónicas de Aguirre y Gallardón que en los últimos tiempos tiene en el desdoblamiento de la M-501, el tren de alta velocidad a Guadalajara o la operación de la Ciudad deportiva del Real Madrid sólo sus ejemplos más emblemáticos, acompañados por los regalos fiscales correspondientes, viene a demostrar la enorme fuerza alcanzada por la estrecha imbricación entre el capital financiero e inmobiliario y la "clase política", no estando en muchos casos ajeno a ese conglomerado de intereses el que anima a determinadas cooperativas promovidas por el sindicalismo o la misma izquierda.
Pero, además de esa modificación sustancial del panorama autonómico y de la mayoría de los municipios en beneficio de una burguesía rentista y especuladora y de un "modelo" insostenible basado en una cultura consumista y depredadora del espacio público y del medio ambiente, también el PP de la Comunidad de Madrid se ha convertido a lo largo de los últimos años en la punta de lanza de la movilización de una derecha cada vez más radicalizada en defensa de los contravalores del fundamentalismo religioso, del nacionalismo español más intransigente y de la confrontación abierta con la mayoría de los pueblos vasco y catalán, utilizando para ello todos los medios y resortes a su alcance, como demuestra la manipulación informativa permanente de Telemadrid pese al rechazo abierto que encuentra en sus trabajadores. Esa es otra razón poderosa para hacer todo lo posible por desalojarles del gobierno de los ayuntamientos y de la Comunidad.
II
Sin embargo, la situación de la izquierda y de los movimientos sociales en nuestra Comunidad está lejos de la que sería necesaria para garantizar no sólo la derrota de la derecha sino también un verdadero giro a la izquierda que suponga una ruptura con las políticas neoliberales y a favor de otro proyecto de Comunidad y de municipios solidarios, habitables y sostenibles. Las candidaturas del PSOE, pese a criticar las manifestaciones más escandalosas de las políticas del PP, no ofrecen una esperanza de cambio real puesto que, además de las ambigüedades y contradicciones de sus promesas electorales, en el caso de ganar se verán condicionadas por las políticas que desde el gobierno del Estado se promueven, como es el caso sobre todo de la que desarrolla un ministro como Solbes, veterano adalid del neoliberalismo reinante en la Unión Europea; por no hablar de la colaboración entre la Delegación del Gobierno central y los gobiernos regional y madrileño en la criminalización de la juventud y de su derecho a ocupar el espacio público, como pudimos ver recientemente con la actuación brutal de las fuerzas policiales en Malasaña con ocasión del 2 de mayo.Por esas y otras razones basadas en la experiencia de sus anteriores etapas de gobierno no cabe ninguna ilusión respecto al PSOE e insistiremos en que, en caso de derrota de la derecha, tendrá que ser la movilización popular la que deberá obligarles a emprender un cambio de rumbo real. Pero para ello sería necesario también que a la izquierda del PSOE existiera otra fuerza política, otra izquierda efectivamente rupturista, antineoliberal y anticapitalista y dispuesta a poner en práctica otra política y otra forma de hacerla. Desgraciadamente, no podemos decir que Izquierda Unida esté a la altura de esas exigencias, atravesada como está además por divisiones internas, reflejo en la mayoría de los casos más de la defensa de intereses de poder distintos que de ideas y proyectos diferentes, puesto que coinciden en lo fundamental en su subalternidad respecto al PSOE. A todo esto se suma el dato de que tanto la lista de la Comunidad como, sobre todo, la de Madrid-ciudad, al igual que las de otros municipios significativos, no han sido elegidas democráticamente por los afiliados y afiliadas sino que han sido impuestas por acuerdos cupulares o mediante métodos fraudulentos de manipulación de los censos.
Tampoco el estado actual de debilitamiento, división y fragmentación de los sectores más activos y alternativos de los movimientos sociales madrileños hacía creíble la puesta en pie de otro tipo de candidaturas, al menos en Madrid-ciudad, como se ha podido comprobar ante el limitado eco encontrado por una iniciativa promovida por La Dinamo. Esta, de haber cuajado, habría servido para ensayar una experiencia de campaña vinculada a las luchas sociales, original, imaginativa y con vocación de aglutinar el potencial de protesta y de rebeldía que sin duda está presente en nuestra Comunidad, como se ha podido ver en las movilizaciones contra la precariedad y por una vivienda digna, en las emprendidas con ocasión del aniversario del inicio de la guerra de Iraq o del Día de la Tierra contra el cambio climático, en las de conmemoración de la Segunda República o en las cada vez más necesarias contra las agresiones fascistas. Habrá que extraer las enseñanzas de todo esto con el fin de, mirando al futuro y más allá de las elecciones, ir generando sinergias en torno a campañas y debates comunes que permitieran, a medio plazo, construir una fuerza anticapitalista plural.
III
Finalmente, la necesidad de frenar la ofensiva de la derecha y de impedir su revalidación en los gobiernos de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid para los próximos cuatro años pesa con fuerza en la gran mayoría de la izquierda social y, por tanto, la izquierda alternativa no puede mantenerse ajena a un sentimiento de rechazo tan extendido. Por eso, desde una posición radicalmente crítica a lo que representan las limitaciones de su programa y el procedimiento y composición de sus listas, especialmente en Madrid-ciudad, llamamos a votar por las candidaturas de IU el próximo 27 de mayo, ya que no existen, salvo algunos casos locales, otras que puedan expresar mejor nuestra voluntad de contribuir a la derrota de la derecha.En cualquier caso, sea cual sea el resultado de las próximas elecciones, Espacio Alternativo seguirá esforzándose por impulsar el protagonismo y la centralidad de la movilización social contra la derecha y contra las políticas neoliberales en general, así como por favorecer espacios de encuentro y convergencia entre los sectores más activos de los movimientos sociales, de IU y de otros colectivos de izquierda, con el fin de ir reconstruyendo una izquierda anticapitalista y alternativa.
Madrid, 14 de mayo de 2007