Uraz Aydin, desde Estambul / Vientosur
La tensión entre el gobierno y las fuerzas laicas republicanas ha alcanzado un nuevo estadio con el debate sobre la elección presidencial. La intervención del ejército en el proceso muestra que las verdaderas cuestiones en Turquía no son esas.
Diez años después de su última advertencia de 1997 al gobierno de coalición islamista-centro-derecha, los militares turcos, dificultando una vez más el proceso democrático, han expresado, a través de un memorando, sus "inquietudes" sobre el futuro de la república laica, y han declarado que impedirían cualquier ataque contra ella con "sus palabras y sus actos". Estas "inquietudes" del ejército y del campo laico no son ciertamente nuevas. A pesar de su actitud proamericana y proeuropea en sus cinco años de gobierno, el Partido de la justicia y el desarrollo (AKP) -salido del movimiento islámico- no ha logrado disipar estas inquietudes y convencer al campo laico-republicano de su nueva identidad "musulmana moderada". Pero la probable candidatura del Primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, a la presidencia y por tanto la posibilidad de que un "islamista" y su mujer con velo puedan ocupar el palacio presidencial, han hecho subir la tensión un peldaño. Recordemos que en Turquía, el presidente de la república está dotado, desde el golpe de estado de 1980, de ciertos derechos, como la nominación del presidente del Tribunal constitucional y el derecho de veto sobre las leyes, haciendo de este puesto uno de los cerrojos institucionales del sistema. El jefe del estado es elegido por la Asamblea nacional. El AKP debería poder hacer elegir a quien le pareciera oportuno, pues, gran vencedor de las elecciones anticipadas de 2002 con el 35% de los votos, dispone de más del 60% de los escaños de la Asamblea.
Las clases medias urbanas están angustiadas por la idea de que el AKP, que tiene ya las posiciones de primer ministro y de presidente de la Asamblea, pueda conquistar el puesto estratégico de presidente de la República. Han manifestado su temor de perder las conquistas de laicidad y de ver la república transformarse en un régimen islamista, con ocasión de las gigantescas concentraciones de Ankara y Estambul, "los más grandes de la historia del país" según algunos comentadores. Con una fuerte participación de las mujeres -que, en su mayor parte, se manifestaban por primera vez-, estas concentraciones estaban organizadas por diversas asociaciones y ONGs laicas, republicanas o nacionalistas con la Asociación del pensamiento de Ataturk (ADD) a la cabeza, una asociación cuyo presidente, un general retirado, es conocido por haber preparado un golpe de estado en 2003 cuando era comandante de la marina. Incluso si, en la concentración de Estambul que tuvo lugar tras el memorando del ejército, era posible oír consignas como "ni charia ni golpe de estado", estas concentraciones anti AKP se han hecho solidarias de las tomas de posición de los militares y han legitimado así sus intervenciones en el proceso político. Lo que explica la negativa de la extrema izquierda, salvo su componente kemalista-nacionalista, a participar en ellas. El despliegue de 17.000 policías en Estambul y su particular agresividad en el 1 de mayo deben ser analizados en este contexto. Frustrado ante estas manifestaciones de masas que le tomaban por objetivo, el gobierno ha aprovechado la ocasión de hacer una verdadera demostración de fuerzas.
Bajo la presión de la opinión laica, de los medios de comunicación y del ejército para que designara un candidato que lograse un consenso, que fuera laico "no en las palabras sino en su esencia", según el jefe del estado mayor, el primer ministro Erdogan ha renunciado a su candidatura para anunciar la de "su hermano", Abdullah Gül. Antiguo primer ministro en el período en que Erdogan era ineligible debido a una condena por "propaganda islamista" y actual ministro de asuntos exteriores, Gül, incluso si representa una figura menos marcada que el primer ministro, tiene también el inconveniente de tener una esposa que lleva el fulard. Si la decisión de Erdogan de no presentarse -renunciando a lo que parecía como la principal fuente de tensión- logró reconfortar a la gran burguesía que busca estabilidad económica y política, el fulard de la señora Gül continuaba planteando el problema para las fuerzas armadas. Así, el Partido republicano del Pueblo (CHP), partido de centro "izquierda" reconvertido a un nacionalismo militarista, otro actor importante del conflicto y principal partido de oposición, no ha ido al parlamento el día de la primera vuelta de la elección para poder bloquear la candidatura del Gül y recurrir luego al Tribunal Constitucional pues el quórum de los dos tercios de diputados no había sido alcanzado. A pesar de los debates entre juristas sobre las diferentes lecturas posibles de este artículo de la Constitución, el Tribunal Constitucional ha anulado la primera vuelta de la elección. Al estar bloqueadas todas las posibilidades de hacer elegir a Gül en escrutinios ulteriores, Erdogan ha estructurado su contraofensiva en elecciones legislativas anticipadas, a fines de julio, y una modificación de la Constitución que permita elegir al jefe del estado por sufragio universal.
Hay que subrayar que esta tensión entre el gobierno y las fuerzas armadas no tiene ninguna base socio-económica. Todos están de acuerdo en las políticas económicas -neoliberales- que hay que aplicar. La izquierda revolucionaria debe denunciar esta falsa división entre laicos y antilaicos. Pues, por un lado, si el Islam político (moderado o radical) se ha convertido en una fuerza real, la responsabilidad de ello incumbe ante todo al ejército que apoyó a esas corrientes tras el golpe de estado de 1980. De otra parte, esta división no sirve más que para ocultar el carácter de clase del gobierno del AKP. Un verdadero movimiento de contestación, frente a este gobierno burgués ultraliberal, no podrá construirse más que con una perspectiva de clase, con una lucha común de los trabajadores contra las privatizaciones, la demolición de los servicios sociales y la destrucción de la agricultura.
Rouge, 11/5/2007
Traducción: Alberto Nadal