Editorial [Ver Sumario]
Cambiar de rumbo
El panorama que nos ofrecen los resultados de las elecciones municipales y autonómicas del 27 de mayo no es, desde luego, nada alentador de las expectativas que se abren en los próximos meses para los movimientos sociales y la izquierda social en general. Lo primero que hay que destacar es el aumento de la abstención respecto a las celebradas hace cuatro años, especialmente en Catalunya y Andalucía, siendo probablemente su causa la desmovilización de sectores de izquierda y de la juventud “precarizada”, al verse escasamente motivados por las propuestas de PSOE e IU y carecer, salvo excepciones locales, de otras alternativas creíbles a su izquierda.
Los votos obtenidos por
el PP muestran un avance general y especialmente notable en zonas
emblemáticas como Madrid y País Valenciá, pese a
la pérdida de poder territorial en varias ciudades y a estar
todavía abierta la posibilidad de que UPN no siga gobernando
Navarra. La interpretación que está ganando mayor
consenso en sus filas se basa en valorar que ese reducido pero
significativo ascenso se debe a la eficacia de su estrategia de
movilización sostenida; ésta le habría servido
para mantener en tensión a su electorado fiel y, sobre todo,
para conseguir que vaya calando en amplios sectores sociales un
discurso basado en una mezcla de simbología nacionalista
española con la defensa de un capitalismo “popular”,
indiferente ante la corrupción y los efectos depredadores que
genera. Pero no está claro que, de continuar por la vía
de ese nacionalismo español agresivo y, en muchos lugares,
abiertamente xenófobo, esa orientación le permita
superar el techo alcanzado en Catalunya y Euskadi y obtener la
mayoría absoluta en las próximas elecciones generales
o, en caso de no lograrlo, llegar a acuerdos estables con fuerzas
políticas a las que sigue acusando de querer “romper
España”.
El PSOE paga el precio de
haber permitido el control de la agenda política a la derecha
y, renunciando a responder a ésta en el terreno de la
movilización, de haberle hecho sucesivas concesiones que han
estimulado más si cabe a aquélla a proseguir su
ofensiva. La conversión del candidato número 1 en
Madrid-capital, Miguel Sebastián, en chivo expiatorio del
fracaso obtenido en esta “ciudad global” es sólo una huida
hacia delante que no puede ocultar ya la apertura de una crisis de
orientación y de dirección más profunda y cuyo
primer test está en cuál será la respuesta al
problema de la “gobernabilidad” en Navarra. Una posición
de apoyo –por activa o por pasiva- a UPN supondría de nuevo
una grave concesión a la derecha y contribuiría a
alejar más todavía una vía de solución
del conflicto vasco-navarro, justamente cuando se ha comprobado la
fuerza no sólo de Nafarroa Bai sino también de ANV en
los lugares donde ésta pudo finalmente presentarse. Los votos
obtenidos por esta última formación, a pesar de la Ley
de Partidos y de todo tipo de obstáculos puestos en su camino,
son, por cierto, una nueva manifestación de la capacidad de
movilización y resistencia de la izquierda abertzale que
esperamos no se vea perjudicada por el retorno a la vía de los
atentados mortales por parte de ETA.
Izquierda Unida ha
logrado frenar algo los ritmos de la tendencia hacia el declive
electoral que lleva sufriendo desde hace tiempo pero retrocede en
lugares relevantes como Córdoba, Valencia, Extremadura y
Navarra y se hunde en Cantabria y Canarias. No cabe, por tanto,
ningún balance triunfalista sino todo lo contrario. Porque,
aun coincidiendo en que es importante impedir que gobierne el PP en
el mayor número de sitios posible, limitarse a ofrecerse como
fuerza de gobierno con el PSOE a todos los niveles, sin proyecto
autónomo y diferenciado y sin un anclaje organizativo y social
en las Asambleas y los sectores del electorado que le han votado,
supone simplemente apostar por ser un partido institucional y
profesionalizado y renunciar definitivamente a su vocación
original de “movimiento político-social”. Por eso suenan a
vacío las declaraciones de algunos dirigentes a favor de una
“refundación” de IU cuando para ello haría falta
satisfacer dos exigencias cada vez más difíciles de
cumplir: romper con la subalternidad de la dirección actual
respecto al PSOE y revitalizar una formación que no practica
en su seno esa democracia participativa que predica para la sociedad.
También es
obligado constatar que han sido pocas las candidaturas a la izquierda
de IU-EUiA que han obtenido relativos éxitos electorales. Esto
ha de servir de advertencia una vez más de que no hay atajos
para superar la crisis actual de la izquierda. Queda todavía
un enorme trabajo por hacer para ir consiguiendo mayor arraigo social
y construir espacios de resistencia y contrapoder que favorezcan la
convergencia entre diversos sectores que se encuentran fuera de IU y
sienten la necesidad de una izquierda anticapitalista y alternativa,
por un lado, y los que dentro de esa formación mantienen
posiciones críticas respecto a la actual dirección y a
la “alternativa” que pretende representar el PCE, por otro.
A partir de ahora, es evidente que la campaña de las elecciones generales está empezando ya y lo más probable es que la dirección del PSOE opte por agitar el espantajo de la derecha para reforzar el llamamiento al “voto útil”, mientras sigue adaptándose a las presiones de esa misma derecha y de grupos mediáticos como PRISA para mostrar mayor moderación. De continuar por ese camino, no haría más que alejarse de esa izquierda social y juvenil que no ha ido a votar este 27 de mayo y que seguiría absteniéndose, facilitando así el terreno para el triunfo de la derecha o, en la mejor de sus hipótesis, ganar las elecciones a costa de favorecer la tendencia a la derechización de la mayoría de la sociedad. Porque ése es el problema central al que hay que ir buscando respuestas: la necesidad de hacer frente a la cultura del cinismo y la resignación entre los y las de abajo ante la corrupción, el “todo vale” del individualismo propietario o la tragedia cotidiana de las “pateras”, a través de una cultura alternativa de movilización y solidaridad frente al capitalismo neoliberal. En resumen, la urgencia de un cambio de rumbo que ponga en el centro un proyecto, un discurso y una estrategia alternativas que demuestren que otra izquierda es necesaria y que habrá que ir haciéndola posible en los próximos meses y años.




















